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De espaldas al mar

Ene 28, 2015   //   autor: Miguel A. Noriega Agüero   //   Blog  //  Comentarios desactivados en De espaldas al mar

(…) Siempre me he lamentado de que siendo Santa Cruz una ciudad marítima,

casi se hace imposible tomar baños de mar los que lo deseen y lo necesiten,

teniendo muchas personas que ir a tomarlos a sitios lejos de esta población,

donde tampoco reúnen aquellos muy buenas condiciones. (…)

No, no son estas palabras dichas, en este caso escritas, en la actualidad, y bien que podrían serlo. Estas líneas fueron redactadas hace la friolera de 87 años, de puño y letra de un vecino de Santa Cruz de Tenerife, y forman parte de una carta impresa en el periódico La Prensa del 29 de junio de 1928, dirigida esta a D. Santiago García Sanabria. En esta misiva se le anima, al entonces alcalde de la ciudad, a seguir adelante con el proyecto de construcción de un balneario que facilite el disfrute del litoral por parte del pueblo chicharrero, ya en ese momento tan necesitado de baños en el frente costero de Santa Cruz.

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Santa Cruz de Tenerife va ligada inexorablemente al emplazamiento costero que tuvo desde su fundación y, por ende, al desarrollo portuario en su litoral. Eso ha hecho desaparecer enclaves históricos como la playa de la Carnicería o la Caleta de Blas Díaz, playas como la de San Antonio, por no hablar de sus castillos y baterías que tanto han contribuido a su defensa durante siglos. Así, se dice en nuestra ciudad que vivimos de espaldas al mar, que ahí está pero como si nada. Hay lugares del frente marítimo desde donde la mar ya ni se ve, por no decir que imposible es el darse un baño (ojo, algunos valientes aún se siguen bañando en la desembocadura del barranco de Tahodio, entre el RCN de Tenerife y el Muelle Norte). Vemos que esto no ocurre solo en el presente, ya que según esta carta, ya hace décadas que lo del baño en el litoral de Santa Cruz está olvidado.

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Y sí, el balneario de Santa Cruz se hizo, junto a la Batería del Bufadero, en el tramo costero cercano a María Jiménez. El arquitecto Domingo Pisaca y Burgada elaboró un proyecto que en los años 30 del pasado siglo se llevó a cabo, con varias reformas y ampliaciones posteriores. Durante décadas, hasta 1992, fue utilizado por muchos tinerfeños, que hoy añoran esas instalaciones, en la actualidad abandonadas y en completa ruina. La ciudad sigue de espaldas al mar … y también a una parte de su historia.

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CONFERENCIA: “Atalayas, castillos y baterías: la defensa militar de Tenerife”

Ene 25, 2015   //   autor: Miguel A. Noriega Agüero   //   Blog  //  Comentarios desactivados en CONFERENCIA: “Atalayas, castillos y baterías: la defensa militar de Tenerife”

El próximo martes 3 de febrero (19:30h) tengo el honor de poder ofrecer una conferencia en el salón de actos del Fuerte de Almeyda, en Santa Cruz de Tenerife. El título de la misma: “Atalayas, castillos y baterías: la defensa militar de Tenerife”.

En esta charla se abordará la construcción, situación y uso de los diferentes tipos de fortificaciones y enclaves de vigía ligados a la defensa de la isla, desde finales del siglo XV, momento en el cual se efectúa la conquista castellana de Tenerife. Ataques piráticos, batallas antes Nelson, Blake y Jennings, la Guerra de Cuba y la II Guerra Mundial son los conflictos bélicos a través de los cuales se irá viendo cada una de las baterías y castillos edificados en la isla.

Gracias al Centro de Historia y Cultura Militar de Canarias y a la Asociación Cultural TuSantaCruz que son las entidades que lo organizan. E igualmente, agradecido de contar con vuestra presencia en el acto, les espero.

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Más información:

  • Lugar: Fuerte de Almeyda (Santa Cruz de Tenerife)
  • Fecha: martes 3 de febrero de 2015
  • Hora: 19:30h.
  • Ponente: Miguel A. Noriega Agüero
  • Organizan: “Centro de Historia y Cultura Militar de Canarias” y “Asociación Cultural TuSantaCruz”

 

 

El Embalse de Tahodio

Ene 15, 2015   //   autor: Miguel A. Noriega Agüero   //   Anaga, Blog  //  Comentarios desactivados en El Embalse de Tahodio

Cuando en centro Europa estaba a punto de estallar la Gran Guerra, en uno de los barrancos de la vertiente sur del macizo de Anaga, en Tenerife, comenzaban los trabajos de una obra hidráulica de gran importancia para la capital insular. Y es que allá por el mes de agosto de 1914, tras varios años de proyectos, ideas e intentos, la “Comunidad de Embalses de Tahodio” iniciaba las obras de construcción de la que ha sido una de las presas más importantes de la isla, la conocida popularmente como “Charca de Tahodio”.

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Situación del Embalse de Tahodio sobre imagen de Google Earth

Todo empezó en los primeros años del siglo XX, cuando el tinerfeño Rafael Calzadilla presentó un proyecto de construcción de embalse en el Valle de Tahodio que nutriera de agua de riego a las fincas agrícolas del entorno de Santa Cruz. Sin embargo tuvo que pasar más de una década para que el propósito echara a andar definitivamente, esta vez liderado por el célebre Santiago García Sanabria, quien fuera años más tarde alcalde de Santa Cruz de Tenerife. Así, el 12 de diciembre de 1913 quedó constituida la “Comunidad de Embalses Tahodio”, figurando como miembros del primer Consejo de Administración las siguientes personas: Administrador, Santiago García Sanabria; Secretario, Américo López; Contador, Miguel Rodríguez; Depositario, Juan Yanes; Vocales, Juan Martí, José Ruiz Arteaga y Pedro Duque. Los terrenos fueron adquiridos por esta entidad a Cieto Hernández, José Montesdeoca y Concepción Clavijo, por un total de 57.395 pesetas.

Tras ello, se encargó la redacción del proyecto al arquitecto Antonio Pintor y Ocete, autor de algunos de los edificios más conocidos de Tenerife levantados en la primera mitad del pasado siglo: el Teatro Leal, en La Laguna, así como la Plaza de Toros, las Casas Amarillas en la calle Méndez Núñez, la Casa Elder en Robayna y el Edificio Simón, en la Plaza de la Candelaria, en Santa Cruz; por citar algunos.

El proyecto fue aprobado el 26 de julio de 1914, comenzando las obras en agosto de 1914, con más de 50 trabajadores contratados para el cometido. En total se emplearon varios centenares de obreros, peones, capataces y demás operarios, en los 12 años que duraron las obras, con picos de empleados de casi 400 personas. Eso sí, los trabajos sufrieron paros los cuales hicieron retrasar considerablemente la finalización completa del embalse. Hubo varias huelgas, con parones de varios días, pero fue la I Guerra Mundial la que causó el mayor retraso en las obras. En 1916 se puso en servicio el acueducto de más de 14 kilómetros, que llegaba hasta Hoya Fría. Pero en noviembre de 1917 se suspenden los trabajos, debido a situación bélica en Europa, lo cual dificultaba la llegada de maquinaria necesaria para la faena. En mayo de 1920 se reanudaron los trabajos, finalizando definitivamente seis años más tarde. En total, fueron gastados en esos años más de dos millones y medio de pesetas para la construcción del embalse, el acueducto, la compra de terrenos, los salarios, etc.

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(Fuente: periódico "La Prensa", 18 de mayo de 1935)

En estos 12 años de duración en la construcción del embalse hubo varios accidentes. Por citar algunos, que fueron recogidos en la prensa del momento, recordaremos tres de ellos. En agosto de 1915 un trabajador sufrió heridas graves en un pie, medio año más tarde el capataz de la obra padeció la pérdida de una de sus piernas y en el verano de 1917 un chico de 14 años fue impactado por una piedra debido a la explosión de un barreno padeciendo heridas diversas en cara y tórax. Ya terminados los trabajos de construcción, peor suerte corrió un joven vecino de Las Carboneras que con solo 17 años perdió la vida en mayo de 1930 al ahogarse en la charca durante un baño en sus aguas.

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Vista actual del muro de la presa, al pie una densa sauceda

Sus principales características son:

MURO

– 44 metros de alto en la base y 41 metros fuera de los cimientos

– 39 metros de ancho en la base y 3 metros en la coronación

– 170 metros de longitud

– 26 metros de altura de la cara exterior y 23 metros de la cara de aguas

ACUEDUCTO

– 14,681 Km de longitud

– sifón de 324 metros

– 8 puentes

– 1 túnel de 145 metros de longitud

– 33 arquillas de toma

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Hoy en día, a una cota de aproximadamente 250 metros sobre el nivel del mar, la Charca de Tahodio continúa almacenando el agua de escorrentía de una de las mayores cuencas hidrográficas de Anaga. Y se ofrece a los ojos del visitante de esta zona del macizo como un elemento más del paisaje, enmarcado en un entorno privilegiado. Aguas arriba, el Monte de Aguirre, plagado de galerías  y una de las joyas vegetales del macizo y de toda la isla. En la cumbre, enclaves muy conocidos como la Cruz del Carmen, el Pico del Inglés o el Cabezo del Viento. Y por debajo de la presa, el Pozo “El Valle”, al mismo pie de la presa; la confluencia del valle principal con el Valle Luis, que desciende desde la Degollada de la Fortaleza y las áreas ya urbanizadas de Santa Cruz: Barrio de La Alegría y Residencial Anaga.

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Embalse desde el aliviadero

Un siglo después de iniciadas las obras, este embalse sigue siendo una de las infraestructuras hidráulicas más importantes de la historia de Santa Cruz de Tenerife. Por su proyecto, por el uso y disfrute de los regantes de la zona a los largo de los años y por ser durante décadas un elemento clave en la distribución hidrológica del valle, merece ser conservado y, al menos puesto en valor.

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El Faro de Anaga: 150 años de luminosa historia

Nov 20, 2014   //   autor: Miguel A. Noriega Agüero   //   Anaga, Blog, Faros de aquí y allá  //  Comentarios desactivados en El Faro de Anaga: 150 años de luminosa historia

Se cumple este año el 150 aniversario de la entrada en funcionamiento del primero de los faros de Canarias: el Faro de Anaga. Situado en la ladera que desciende a Roque Bermejo desde la atalaya de Tafada, este faro lleva siglo y medio ininterrumpidos iluminando las noches de la costa noreste de Tenerife. Está considerado como de primer orden y se eleva a 237 metros sobre el nivel del mar, siendo, por lo tanto, el tercero a mayor altitud de todo los situados en el litoral español, tras el faro Punta de La Polacra (281m) y el faro de Castell de Ferro (240m), ambos en Andalucía.

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 Faro de Anaga, Roque Bermejo y Punta del Jurado, desde la atalaya de Tafada

El 5 de julio de 1861 comenzaron los trabajos de construcción de este faro, según proyecto de Francisco Clavijo y Plo, primer ingeniero civil de la Junta de Obras del Puerto de Santa Cruz de Tenerife, concluyendo las obras dos años más tarde, el 15 de septiembre de 1863, y entrando en funcionamiento el 19 de septiembre de 1864. Tres décadas más tarde (4 de diciembre de 1895) entraría en funcionamiento el Semáforo de Igueste de San Andrés, instalación, esta en cambio de uso militar, pero igualmente concebida para uso marítimo, si bien destinada a comunicación y observación y no a señalización nocturna. Junto al de Punta del Hidalgo, es uno dos faros situados más al noreste de la isla y enclavados en la península de Anaga.

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Bernardo López Balboa fue el primero de los fareros de esta instalación. Vino de la península acompañado de su esposa, gallegos ambos, y una vez en el faro nacieron sus cuatro hijos: Juan, Antonio, Clotilde y Antonina. Se da la curiosidad que uno de estos, Antonio, sería quien, años más tarde y ocupando el puesto de farero antes desempañado por su padre, encontraría la imagen del Cristo del Naufragio en la costa de Anaga, resto del naufragio del buque Flachat, hundido el 15 de febrero de 1898. Esta talla de Jesucristo crucificado y articulado fue donada a la Parroquia de las Nieves en Taganana, junto a una Inmaculada Concepción, aparecida junto al Cristo. Hasta que en los 90 del siglo XX que deja de tener farero de estancia permanente en el lugar, por este faro han pasado otros muchos torreros, de entre ellos: Rafael Alvarellos, Demetrio González Velasco y Baudilio Brito Rodríguez.

Si bien el pequeño núcleo costero de Roque Bermejo ya existía previo a la construcción y puesta en funcionamiento del faro, esta instalación supuso para esta zona de Anaga poder disponer de un pequeño embarcadero así como de un camino de acceso a esta zona de Anaga, comunicandose así con los senderos que llegan a Chamorga, por Tafada, y a Benijo, por Las Palmas y El Draguillo. Y es que desde el embarcadero sale un camino ancho y preparado para el paso de bestias y carga, que serpenteando por la ladera, asciende hasta la misma entrada del faro.

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Un tramo del camino de acceso al Faro desde Roque Bermejo

Junto al faro, que dispone de una torre de 12 metros de altura y el edificio principal sobre el que se asienta esta, con oficina y residencias para fareros y peones (y sus familias), se puede ver hoy en día, en estado ruinoso, el almacén de combustible, aún con bidones de petróleo oxidados en su interior. Y es que este faro se nutría en los comienzos de su funcionamiento, de aceite de oliva prensado en frío y empapado en una mecha cilíndrica de algodón, que se ponía dentro de un tubo de cristal. Después, en los años 30, comenzó a funcionar con petróleo (unos 6.000 litros de petróleo y otros 2.000 de gasoil), combustible que era descargado en el embarcadero citado en finales del verano, con las bonanzas del mar en esta zona del atlántico. Ya en épocas mucho más recientes, en los 90 la lámpara multivapor de 220 V y 175 W funciona con energía solar, gracias a 46 paneles de 75 W instalados sobre el techo del edificio principal del faro.

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Faro de Anaga y almacén de combustible en la actualidad

A este faro llegaba y llega aún en la actualidad un tendido telefónico que desde Chamorga desciende por el Barranco de Roque Bermejo y remota la ladera desde El Moral, para llegar a él por la ladera sur del Lomo del Faro. El agua en cambio llega al faro desde la otra vertiente de Anaga, desde la Fuente del Junquillo, en la ladera norte de Tafada. Esta fuente, junto al camino de acceso a Las Palmas, tiene un tomadero desde el que sale una tubería, hoy plástica y antes galvanizada, y que recorriendo paralela al sendero algo más de un kilómetro llega hasta el faro, surtiendo de agua a aquellos que en él vivían y trabajaban.

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Fuente del Junquillo y, junto a ella, una pequeña capilla dedicada a la Virgen de Lourdes

Este faro ha visto y ve pasar cada día a multitud de senderistas que transitan por esta zona de Anaga y así seguirá siendo en el futuro. Su estratégica situación en la ladera y el estar junto al sendero de acceso a Roque Bermejo, hacen de esta instalación una de las más conocidas del macizo. Como curiosidad, siguiendo con la relación de este edificio con el mundo del montañismo, cabe decir que se trata del punto de partida de la ruta denominada Travesía Cesáreo Tejedor, en honor al primer presidente y fundador del Grupo Montañero de Tenerife y la Federación Tinerfeña de Montañismo, fallecido en 1969 en la ladera norte del Teide, Esta ruta es popularmente conocida en la isla como la “Faro a Faro”, ya que enlaza este lugar con la Punta de Teno, pasando por la cumbre del Teide.

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Imagen del grupo de montañeros del Grupo Montañero de Tenerife que realizó la primera “Faro a Faro” en 1969, previa a la salida

Iluminando siglo y medio nuestras costas del norte de la isla, ha representado y representa la primera visión que los navegantes llegados de Europa reciben de Tenerife. Por esto, por su historia y todo lo que ha visto pasar con el tiempo, por sus fareros y familias y para que esa luz nunca cese de destellar, muchas felicidades pues a este faro, que forma parte de la historia de Anaga y de todo Tenerife.

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Torre del Faro de Anaga

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Más información:

Faro de Anaga. El más antiguo y único de primer orden del Archipiélago Canario

(José Manuel Ledesma Alonso (Publicado en El Día / La Prensa el 28 de septiembre de 2014)

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