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Los Semáforos marítimos de Santander

Ene 22, 2016   //   autor: Miguel A. Noriega Agüero   //   asotavento.com, Blog  //  Comentarios desactivados en Los Semáforos marítimos de Santander

Cuando otros países cercanos (Francia, Italia, Inglaterra…)  podían presumir en esos momentos de contar ya con varias decenas, en España se iniciaba, allá por los años 70 del siglo XIX, la instalación de estaciones semafóricas costeras, adaptándose con ello al devenir de los tiempos. La invención del telégrafo, a mediados de ese siglo, fue sin duda uno de los causantes del surgimiento y desarrollo de estas nuevas infraestructuras, que uniendo esa comunicación por cable con la utilización de banderas, adaptándose al Código Internacional de Señales, complementaban las labores marítimas y militares que ya venían ejerciendo los faros y fortificaciones defensivas costeras. De esta manera, surge la necesidad de establecer Semáforos en nuestro litoral, al igual que ya ocurría en otras costas europeas y americanas.

Apenas dos meses después de la Revolución de 1868, La Gloriosa, que inició el llamado Sexenio Democrático, el entonces Ministro de la Gobernación, el ingeniero y político liberal Práxedes Mateo Sagasta, firma un decreto de fecha 28 de noviembre que afectaría al servicio telegráfico en el país. Esta figura legal menciona a los semáforos, al estar muy relacionados con el servicio telegráfico que en esos momentos estaba en expansión y desarrollo por toda España. El preámbulo dice:

Otra aplicación, no menos importante quizás, es la que en otros países se hace a las señales marítimas que anticipan al comercio datos y noticias convenientes a sus cálculos, al par que tranquilidad o consuelo a las familias. Todos los Estados de Europa cuentan ya en sus costas un número considerable de estaciones semafóricas, y España no tiene ninguna. Sin embargo, por su situación en los confines occidentales de esta parte del mundo, centinela avanzado sobre ambas Américas, debería haberse adelantado, en bien del comercio universal, a adoptar este progreso científico y material de nuestros tiempos.

Como vemos, se deja claro que España no posee ninguna estación de este tipo en ese año y sonroja a los políticos del momento ver como naciones vecinas, sobre todo Francia, ya tenían diseñada e implantada una red de estaciones semafóricas a lo largo de costas. En este Decreto solo un punto del articulado hace referencia a estas instalaciones. Se trata del nº5, punto 2, en el que:

Se autoriza a la Dirección General de Telégrafos. Para situar estaciones semafóricas en los puntos más oportuno de nuestras costas, principiando por las de Tarifa y Cabo de Finisterre o Estaca de Vares.

Unos años más tarde, el día de San Fermín de 1872, el Rey Amadeo I de Saboya firma un decreto, redactado por los ministros de Gobernación, Ruiz Zorrilla, de Marina, Beránguer, y de Ultramar, Gasset y Aitime. Esta figura normativa fue redactada y aprobada tras la creación de una Comisión Mixta compuesta por funcionarios de los tres ministerios que se encargaría de organizar, situar y reglamentar las estaciones electro-semafóricas a instalar por nuestras costas. En este momento Francia ya contaba con 127 y más de 30 Italia. España, como vemos, estaba pues a la cola en cuanto al desarrollo de este servicio de entre los países de nuestro entorno.

Y por fin, de manera articulada comienza a organizarse y reglamentarse la implantación y uso de los semáforos en el litoral español. De hecho, el primero de los 12 artículos del Decreto dice: El Gobierno establecerá en el litoral de las costas de la Península é islas adyacentes los semáforos necesarios para las atenciones de este servicio y, además, se procurará unir telegráficamente, siempre que sea posible, las estaciones semafóricas con la red telegráfica de la Nación (artículo 2º).

Se daba el pistoletazo de salida a la puesta en marcha de una red de Semáforos que llegaría a vivir casi un siglo y que llegó a contar con más de una decena de estaciones. Así, el 12 de junio de 1873 entraba en servicio el Semáforo de Tarifa, emplazado en lo alto del Castillo de Guzmán el Bueno, al que seguirían otros más en los años siguientes, por citar algunos: Cabo de San Antonio (Alicante), Estaca de Bares (La Coruña), Finisterre (La Coruña), Llobregat (Barcelona), Cabo Begur (Gerona), Cabo Bajolí (Menorca) e Igueste de San Andrés (Tenerife), del que ya hablé en un artículo anterior.

Pero fue precisamente la costa santanderina la que vería funcionar la segunda de las estaciones semafóricas del litoral español. Así, el miércoles 30 de septiembre de 1874, poco más de un año después del de Tarifa, comenzaba a funcionar el Semáforo de Santander. Se le buscó emplazamiento en la entrada a la bahía, con amplia visión a esta (en donde está el puerto) y al Cantábrico. El lugar, el extremo de la Península de la Magdalena, que eran terrenos militares en aquella época, sobre el solar en donde estaban los restos del Castillo de Hano, situado en el cabo del mismo nombre (término de origen pagano). Esta fortificación, tomada en ese momento por los franceses, al igual que el resto de la ciudad, fue derribada por  los ingleses en julio de 1812 durante la toma de Santander, debido a un certero y continuado bombardeo desde la isla de Mouro, en donde habían desembarcado previamente, estableciendo en ella una batería temporal.

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Semáforo y al fondo la Isla de Mouro
(Fuente: La ilustración artística, 25 de diciembre de 1893)

Así, este Semáforo iniciaba sus avistamientos y comunicaciones, siendo desde ese momento una infraestructura más de las distribuidas en esa península, junto al Faro de la Cerda, la Estación de Salvamento de Náufragos, la estación Meteorológica y el Mareógrafo, y pasando inmediatamente a ser un elemento más de la ciudad y su puerto.

La inauguración fue precisamente ese último día de septiembre, por la tarde. Los asistentes al acto fueron en coches desde el centro de la ciudad, cruzando el Sardinero y llegando a pie hasta el Semáforo desde el Polvorín. La idea inicial era que estos fueran en un vapor destinado a tal fin, pero el fuerte viento de sur que azotaba esos días impidió el traslado en barco hasta la zona. Algunos de estos ilustres invitados fueron: el Gobernador Civil y el Militar; el Jefe de Marina de la provincia; Pablo Larrinaga, en representación del Ayuntamiento; varios Oficiales del cuerpo Administrativo de la Armada; Juan López del Rivero, Ingeniero Jefe de caminos de la provincia; Juan Orense, Director facultativo de las Obras del puerto y José Redonet, Subinspector de telégrafos; además de representantes de la prensa local y la vida social y cultural de Santander.

Comenzó el acto con una comunicación efectuada con el buque “Portugalete”, que había salido a la mar, ex profeso, a una distancia de seis millas de la costa. Además y como broche final tras discursos y solemnidades, el Gobernador Civil dirigió telegramas al Presidente del Gobierno y a los ministros de Gobernación, Guerra y Marina, dando fe del acto y certificando con ello la conexión de esta estación con la red telegráfica.

El edificio del Semáforo, pintado con rayas negras y blancas, contaba con varias salas y habitaciones destinadas al trabajo y residencia del funcionario del cuerpo de telégrafos destinado en él. Además, en el exterior se disponía de un conjunto de mástil, cruceta, verga, drizas, jarcias, etc, indispensables para efectuar la comunicación con señales de banderas con los buques.

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Vista del Semáforo de Santander, en la costa NE de la Península de la Magdalena 
(a la izquierda la Isla de Mouro)
(Fuente: La Ilustración Española y Americana, 8 de octubre de 1874)

Además, desde este estratégico punto de formidable panorámica hacia el mar, se llegaba a ver el Cuartel de María Cristina en donde estaba situada la Atalaya desde donde se daba aviso a Capitanía del Puerto y la Comandancia de Marina de la llegada de buques. Ese antiguo cuartel hoy lo ocupa en parte el Parque María Cristina y cercano a él queda en la toponimia callejera de la ciudad la “Cuesta de la Atalaya”.

Pero antes de que acabara el siglo XIX, en pleno conflicto hispano-estadounidense en batalla por las españolas islas de Cuba, Puerto Rico, Flipinas y Guam, surge la necesidad de emplazar un nuevo Semáforo en otro punto del litoral santanderino. El lugar elegido: a unos 120 metros tierra adentro de los acantilados de Cueto, entre el Faro de Cabo Mayor, que llevaba en servicio desde 1839, y La Maruca. A escasos 250 metros del “Puente del Diablo” (desaparecido hace unos años). De esta manera a las 12 de la mañana del 1 de julio de 1898 se celebró en la Alcaldía del Ayuntamiento de Santander la subasta para la construcción de esta nueva estación electro-semafórica, con un prepuesto de salida de 13.473,32 pesetas (anuncio oficial publicado en el BOP del 24 de junio de 1898). Y un año después, entraba en funcionamiento este otro Semáforo. El 15 de julio de 1899 dejaba de funcionar el de la Magdalena y unos días más tarde comenzaba a utilizarse el de Cueto, que ya estaba construido y dispuesto a desempeñar sus tareas.

El originario Semáforo de la Magdalena desapareció, desconozco la fecha exacta, lo que sí está claro es que en su entorno se llegó a construir en 1898 una batería defensiva para la protección de la ciudad durante el ya citado conflicto entre España y los EEUU y ya en el siglo XX, en 1909, comenzaban en ese mismo lugar las obras del hermoso Palacio de la Magdalena.

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Punta de Ano, en la Península de la Magdalena, 
primero con el Semáforo y después con el Palacio en ese mismo lugar
(Fotos extraídas de eltomavistasdesantander.com)

Es de suponer pues que entre esas fechas, 1899, en que dejó de prestar servicio, y 1909, el edificio y su mástil fueron retirados. Una prueba de que recién comenzado el siglo XX siguiera en ese lugar es un mapa impreso en 1901 y que sitúa en la Magdalena, en la Punta de Ano, el castillo homónimo y el Semáforo.

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Mapa de Santander y detalle de la península de la Magdalena
(Fuente: España y Portugal 1901. Manual para viajeros por Karl Baedeker)

Como vemos, durante el siglo XX, por lo tanto, ejerció sus faenas el Semáforo de Cueto, precisamente hasta finales de la década de los años 60. Entre los cometidos de los semaforistas (que figuraban dentro del Cuerpo de Suboficiales de la Armada) estaban, además del avistamiento de navíos y la comunicación con estos y la Comandancia, dar aviso de cualquier incidencia que se produjera a su vista así como la observación periódica (varias veces al día) de la mar y la meteorología. De esta manera se tienen referencias según la prensa de la época de los partes que se emitían desde esta estación, al igual que hacían las otras situadas por el litoral español, y todas ellas destinadando este cometido oficialmente al Real Instituto y Observatorio de la Armada de San Fernando, Cádiz. Veamos dos de estos partes que se llegaban a publicar en la prensa escrita de los años 30

La Región, 15 de febrero de 1933

Semáforo de Santander: Bar. 757. Ter. 9. Ventolina Sur. Marejada Nordeste. Horizonte cubierto. Lluvioso.

La Región, 27 de abril de 1934

Semáforo de Cabo Mayor: Barómetro, 755; ter., 11. Fresquito, gruesa, N. O., cubierto, chubascoso

Este edificio, en el que probablemente vivirían los semaforistas acompañados de sus familias como ya ocurría en otras estaciones litorales “hermanas”, fue reformado en varias ocasiones. Por citar algunas de ellas en 1916, que se revocaron los muros Norte y Oeste, y en 1936. Actualmente de él solo queda su mástil, hoy situado en los jardines frente a la fachada principal de la Escuela Técnica Superior de Náutica de Santander. En el solar  que antaño ocupó el Semáforo de Cueto hoy está emplazada el edificio de la Sede Territorial de Cantabria de la Agencia Estatal de Meteorología. (ver ubicación: en google maps)

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Sede Territorial de la AEMET, situada sobre el solar que ocupó el Semáforo de Cueto

Curiosidades de la vida, a medio kilómetro de este lugar hoy llama la atención de todo aquel caminante que discurra por el sendero litoral de esta costa cántabra un solitario panteón vacío, rodeado de prados y al filo del acantilado. Se trata del popularmente conocido como “el Panteón del Inglés“. (ver ubicación: en google maps)

Este panteón, que no alberga restos humanos, fue construido en 1892 por encargo del telegrafista y autor teatral y poeta gaditano José Jackson Veyán en memoria de su amigo, el inglés William Rowland, nieto del profesor Robert Rowland Hill, autor del primer sello postal de la historia, fallecido en ese mismo lugar en septiembre de 1889. La escritora Aurora Matilde Gómez Camus, más conocida como Matilde Camus, en su obra “Historia del Lugar de Cueto” nos reproduce parte de un libro de notas de Jackson Veyán, “Breves apuntes”, que relata el accidente:

Mi estimado amigo de la infancia, William Rowland, nieto del famoso profesor inglés Sir Robert Rowland Hill, coterráneo y gran amigo, éste, de mi abuelo paterno, era uno de mis más asiduos visitantes durante los meses de estío e incluso en el otoño. Lamentablemente, en septiembre de 1889, cuando Rowland y yo cabalgábamos tranquilamente cerca del acantilado, mientras el mar, con mayor furia que de costumbre rompía con estruendo sobre las rocas, el caballo que montaba mi amigo se asustó de tal forma que le derribó. A consecuencia de la fuerte caída sufrió un duro golpe en la cabeza, con rotura craneana, que le produjo la muerte instantánea. En tanto el caballo, por su propio peso, rodaba despeñándose contra las rocas. A petición de la familia, ocupándome de todo y en resistente caja mortuoria, el cadáver de Rowland fue trasladado prontamente a Inglaterra.

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Prados junto a la costa de Cueto, al fondo el Panteón

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Panteón del Inglés

Este panteón hoy solitario y enigmático nos recuerda este trágico y mortal accidente del verano de 1889, si bien no ha sido el único en esa zona. Estos acantilados, tan frecuentados por pescadores y mariscadores, han visto como el mar se tragaba a estos valientes enriscados en esas verticales rocas calizas. Uno de ellos fue un vecino de Cueto, el 24 de julio de 1918. Así nos lo relata el periódico “El Debate” del día siguiente, festividad de Santiago, patrón de la ciudad de Santander.

Castilla la Vieja

Santander 24.   En el vecino pueblo de Cueto hallábase pescando percebes en las peñas del Semáforo un vecino de dicho pueblo, cuando una ola lo arrastró, desapareciendo en el mar.

Vemos, por lo tanto, como Santander puede presumir, de entre las ciudades y puertos de nuestras costas, de haber disfrutado de dos Semáforos Marítimos, en la Magdalena y en Cueto. Nada queda hoy de ellos (salvo el ya mencionado mástil), ni apenas es hoy conocida su existencia en la historia de Santander. Sirva este artículo para rendir homenaje a todos aquellos que trabajaron de una u otra manera en la implantación de ambas estaciones, pero sobre todo, a esas decenas de semaforistas que durante horas y horas cada día, ejercieron su trabajo en el interior de ambos edificios y sus aledaños. Especialmente a todos ellos y a sus acompañantes familias, va dedicado, como digo, este artículo.


Fruto de este artículo fue publicado el siguiente reportaje en “El Diario Montañés” del domingo 18 de septiembre de 2016:

semaforoDIARIOMONTANES

Semáforos marítimos en mitad de la capital

La mayoría de los semáforos están en ruinas o desaparecidos


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