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Embalse del Cuchillo

Nov 27, 2016   //   autor: Miguel A. Noriega Agüero   //   Anaga, Blog  //  Comentarios desactivados en Embalse del Cuchillo

En el curso medio del Barranco del Bufadero, en la vertiente sur del tinerfeño macizo de Anaga, se halla una modesta charca, pariente cercana, si me lo permiten, de la vecina de Tahodio, situada en el valle homónimo. Se trata del embalse del Cuchillo, encajada aguas abajo de la unión de los valles de Crispín y Brosque, en un lugar antes denominado como “Huerta del Cuchillo”, de ahí su nombre.

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Situación de Embalse de Tahodio (marcado en amarillo) y del Cuchillo (en rojo),
sobre imagen de Google Earth

La historia de esta represa arranca en el primer tercio del siglo pasado. A comienzos del año 1922, varios peticionarios solicitan autorización para aprovecharse de las aguas que discurren por ese barranco mediante la construcción de una embalse con su necesaria presa. El proyecto, fechado el 25 de enero de 1922, obra del Ingeniero Juan Galán Herrera, preveía el almacenaje máximo de 106.203,570 metros cúbicos de agua, destinado por completo al riego de terrenos de estos solicitantes. Los demandantes eran: Sebastián Déniz Hernández, Felipe Poggi González, José Déniz Fernández, Luis Díaz Rodríguez, Pedro Pérez Hernández, Pedro Hernández Rodríguez, José Hernández y la viuda e hijos de Salvador Mederos.

Estos tuvieron que esperar casi tres años hasta tener noticias oficiales del estado del proyecto ligado a su solicitud. En sesión de la comisión permanente del Cabildo Insular de Tenerife de finales de septiembre de 1924 se aprueba el pase a la Comisión de Fomento del expediente. Y dos años y medio después el proyecto es al fin aprobado, en abril de 1927. A partir de ese momento se daría el pistoletazo de salida para el comienzo de las obras. En unos meses se completaría la construcción de esta nueva presa del macizo, que entraría en uso apenas dos años más tarde de la ya citada de Tahodio.

Sus principales características son:

DATOS HIDROLÓGICOS

– 6,25 Kilómetros cuadrados de superficie de la cuenca

MURO

– 17 metros de altura

– 69 metros de longitud en la parte alta

EMBALSE

– 12.004 metros cuadrados de superficie

A partir de ese momento, primeros meses de 1928, Anaga contaba con un nuevo embalse destinado al riego de fincas de cultivo, esta vez del barranco del Bufadero. Curiosamente, este charca sirvió, como era de esperar, para el disfrute y baño de los vecinos del lugar. Tal es así que en una ocasión llegó a morir un joven, Vicente Tejera Martín, quien se ahogó el 8 de julio de 1928 mientras se bañaba en estas aguas junto a su hermano y un amigo.

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Imágenes actuales de la charca

Actualmente la charca se carga de agua tras las lluvias del otoño e invierno, gracias al aporte que le proporcionan los dos valles que se unen apenas unos 540 metros aguas arriba del embalse. Uno de ellos, el más occidental, es el Valle Crispín, con una cuenca que arranca desde la Hoya Guañaque, bajo las Casas de la Cumbre. El otro, de mayor superficie, es el Valle Brosque que desciende desde Mataborricos y el Majimial.

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Cauces de los valles que surten a la charca (azul): Crispín, en amarillo, y Brosque, en rojo


Miguel Ángel NORIEGA AGÜERO

Geógrafo y miembro de la Tertulia Amigos del 25 de Julio


El Barranco de La Leña

Mar 1, 2016   //   autor: Miguel A. Noriega Agüero   //   Blog  //  Comentarios desactivados en El Barranco de La Leña

Santa Cruz de Tenerife y sus habitantes han tenido siempre muy presente la existencia de barrancos dentro de la morfología urbana de la ciudad y sus barrios. La disposición en ladera de la parte baja del área metropolitana Santa Cruz-La Laguna, acrecentado con la cercanía del macizo de Anaga, que cierra la urbe por el noreste, hacen que esta zona de la isla se encuentre atravesada por las cortaduras y tajos de varios cauces, encontrándose en la actualidad algunos de ellos soterrados e invisibles a la mirada del ciudadano que transita por las calles y plazas de la ciudad. Así tenemos, los “ocultos” San Francisco y San Antonio que desembocaban en el entorno entre la Alameda y el comienzo de la Avenida Francisco La Roche, respectivamente. Semisoterrados tenemos al de El Hierro, que desde Ofra serpentea entre barrios chicharreros de Camino del Hierro, Tío Pino y Somosierra, para desembocar en La Hondura, después de atravesar la refinería, y El Barranquillo o del Aceite, que nace en las faldas de Las Mesas y junto al Camino Óliver pasa a estar oculto descendiendo por el subsuelo chicharrero por las calles Horacio Nelson, Costa y Grijalba y Robayna y ya en Weyler, pasa a desviarse hacia el Barranco de Santos. Hasta los años 30 del pasado siglo este bajaba por Imeldo Serís hacia el mar, de ahí que esa calle sea conocida aún por su antiguo nombre «calle del Barranquillo». Pero sin duda el Barranco de Santos es el que adquiere mayor importancia para la vida diaria del santacrucero. Sus profundas hendiduras y notable anchura han supuesto desde la conquista de la isla un obstáculo, a veces infranqueable, que ha dividido en dos la ciudad y ha ocasionado la construcción de varios puentes (Zurita, Galcerán, del Cabo, etc).

Yendo más hacia el norte, teniendo mayor influencia pues el agreste relieve de Anaga, sin rebasar al de Tahodio, sin duda uno de los más destacados del macizo, se encuentran dos modestos cauces que se unen antes de desembocar en el mar. Uno de ellos, el de Ancheta o de Almeyda, como es conocido en su curso bajo, nace en el entorno de Las Casillas-Los Campitos para descender bruscamente bajo los barrios de Ifara, Pino de Oro y Los Lavaderos, soterrándose junto a la trasera del Colegio de Arquitectos. Unas decenas de metros aguas abajo este cauce se une al de La Leña, bajo la calle Carlos JR Hamilton, para juntos desembocar ocultos, atravesando la avenida y puerto, en el entorno de Almeyda.

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Lugar en donde el barranco de Ancheta pasa a soterrarse
(al fondo Finca Fumero y Residencial Anaga)

De entre ambos barrancos, el de La Leña es quizás el más desconocido. Su desembocadura, como hemos visto, se encuentra soterrada bajo las dársenas y calles de esta zona de la ciudad y únicamente es visible dentro del entorno urbano a su paso junto a Residencial Anaga, frente a la Finca Fumero. Pero la cuenca hidrográfica de este cauce se extiende hacia arriba en altitud llegando a formar un singular y humilde valle totalmente ignorado y desconocido para el chicharrero medio.

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Cauce y cuenca del Barranco de La Leña, sobre ortofoto
(Fuente: GRAFCAN)

La longitud del cauce (exceptuando la parte soterrada) es de 1,88 Km, naciendo en la Degollada de La Asomada, bajo el Roque de las Cabezadas, a 370 metros sobre el nivel del mar. Así, flanqueado al noreste por el cordal del Risco de los Perros y la Cortadura Chica y al suroeste por la cresta que une la Meseta con la Montaña de la Leña y continuando esta hasta el mencionado Roque de las Cabezadas, se conforma un valle de 56 ha de superficie (salvando de nuevo la parte soterrada del barranco).

Hoy en día, como todos podremos ver al visitar la zona, la desembocadura de La Leña y Ancheta se encuentra soterrada bajo la Explanada Anaga del Puerto de Santa Cruz de Tenerife. Antaño a esta zona del litoral se la denominaba “El Varadero” debido a que en ese lugar se construían y arreglaban barcos durante varios siglos. Ambos barrancos (La Leña y Ancheta) eran conocidos en este último tramo como Barranco del Varadero, hasta que arraigó el topónimo “Almeyda” para esta zona de la villa, desde que una serie de terrenos en este lugar fueron propiedad de un hombre de origen portugués apellidado de esa manera.

Continuando con la toponimia el de “Ancheta” quizás tenga un origen guanche, viniendo del término Areheta, como era conocido este valle por los aborígenes. Respecto al de La Leña, como bien apunta Luis Cola en uno de sus “Retales de la historia“, este topónimo podría tener relación con la bajada de madera desde las cumbres hacia el ya citada Varadero, y así embarcarla con destino a otras islas. Y es que la explotación maderera de los montes de Anaga, bien sea legal o ilegal, se ha realizado desde recién conquistada la isla, y esa leña, arquetas, varas y demás solían tener como destino las tres islas orientales canarias.

Este topónimo de La Leña, si bien está muy arraigado en la zona, es raro verlo reflejado en referencias documentales y cartográficas históricas. Tras consultar varios planos antiguos de la ciudad, en los que en su mayoría sí bien nombrados los de Ancheta y sobre todo Almeyda, solo uno de los años 30 hace referencia al “Barranquillo de La Leña”.

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El valle de La Leña podríamos dividirlo en tres tramos. Por un lado, la parte alta, que aún mantiene restos de la actividad agrícola, ligada al cultivo de cereales, que antaño se desarrolló en la cabecera de este barranco. Prueba de ello son los numerosos muros de bancales que aún persisten a pesar del paso del tiempo y el abandono y, sobre todo, la existencia de una era junto a la degollada. Esta se encuentra hoy en día colonizada de vegetación (inciensos, verodes, tabaibas y herbáceas) y solo es visible in situ si se presta atención y se encuentran entre el matorral el empedrado y los muretes perimetrales.

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Captura de ortofoto de la cabecera de La Leña, en el entorno de La Asomada
(marcada con flecha roja, la era; en azul, el cauce)
(Fuente: GRAFCAN)

Toda esta zona, dominada por restos de bancales, se halla invadida por vegetación potencial de la zona, en donde destacan la tabaiba, el cornical, el incienso y varias especies de herbáceas. Junto al cauce llama la atención un rodal de piteras y en la ladera izquierda de este, de mayor pendiente que la diestra y más rocosa, sobresalen los cardones. El aspecto de esta parte alta de La Leña, debió de ser muy diferente tiempo atrás, debido al uso agrícola de la zona. Probablemente el acceso a la misma fuera principalmente por Los Campitos, hacia donde se sacarían las cosechas, ya que se dispone de mejor salida del valle hacia a ahí que aguas abajo hasta la costa. Vemos por lo tanto vestigios de actividad agraria en zonas altas (cabeceras de valles o cumbres) como ya ocurre en enclaves similares de esta zona del macizo de Anaga, por ejemplo el Roque Chiguel, la Mesa del Cautivo o la Mesa del Ramonal.

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Cabecera del valle, con el Roque de Las Cabezadas en el centro
y degollada de La Asomada a la derecha

El curso medio del barranco se caracteriza por una mayor pendiente de las laderas y con ello en encajonamiento del cauce, siempre rocoso y sin grandes saltos. Aquí ya la vegetación cambia ligeramente, siendo cada vez más predominante, según se desciende por el valle, la presencia del balo, junto a la tabaiba, el cornical y, sobre todo, el invasor y foráneo rabo de gato. La huella humana destaca en este tramo por la aparición de diferentes infraestructuras ligadas a la actividad hidráulica. Así, el valle es cruzado por varios canales, entre ellos el de Catalanes, que llega a este desde el vecino de Tahodio por la Cortadura Chica y continua hacia el de Ancheta por la Cortadura Grande. Además, en este lugar se adentra al valle mediante túnel una tubería de gran tamaño, y finaliza aquí una pista que permite el acceso con vehículo hasta este lugar desde el inicio de la calle Carlos JR Hamilton, tras la Comandancia de Obras. Esa pista fue construida en el año 2003 y fue mejorada en cuanto a anchura y firme (en la actualidad está hormigonada) en 2010.

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Tramos de canales a su paso por laderas y cauce de La Leña

Hasta hace algo más de una década en el cauce existía la Presa Fumero que surtía a la finca homónima cercana para el riego de las plataneras que poblaban sus bancales hasta hace unas décadas. Además, en la ladera noreste, bajo un pequeño bosquete de eucaliptos y una pequeña cantera puede verse aún un almacén de agua techado y en ruinas. En cambio, siguen en uso tres depósitos en la cumbre y faldas de la montaña de La Meseta. El de la cima y uno de los dos de la ladera son para abastecimiento urbano, y el tercero, el más bajo, es propiedad de la Autoridad Portuaria.

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Tramo central del valle, con pista junto al cauce y depósitos sobre la ladera
(aguas abajo, la zona de Rambla y Residencial Anaga)

El fondo del barranco comienza aquí a verse modificado y alterado de su morfología natural. A la ya citada presa, en la actualidad convertida en dique, se le une otro compuesto por una malla metálica dinámica levantado en 2011, y el encauzamiento hormigonado y escalonado del cauce de este desde su paso entre la Finca Fumero y Residencial Anaga y hasta su soterramiento, obras estas realizadas en 2003.

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Tramo escalonado del cauce, entre Finca Fumero (a derecha) 
y Residencial Anaga (a izquierda)

Por último tenemos el curso bajo, soterrado como ya hemos visto en líneas anteriores. Al haberse urbanizado esta zona y desarrollado el puerto mediante dársenas y explanadas, es más que necesario, como es lógico, este enterramiento del cauce. Eso sí, ante fenómenos atmosféricos adversos extraordinarios, este punto de la ciudad se nos presenta como de alto riesgo de avenidas e inundaciones. Un ejemplo de ello es todo lo ocurrido en la fatídica jornada del 31 de marzo de 2002. Esta fue una de las zonas de Santa Cruz que más sufrió los embates de las fuertes lluvias y las consecuentes riadas que acaecieron en esa tarde de Domingo de Resurrección. A la crecida desmedida del cauce de La leña y Ancheta se unió, además, el peligro de rotura de la citada Presa de Fumero. Los varios miles de metros cúbicos que almacenaba tuvieron que ser drenados y la presa suprimida.

Centenares de viviendas de la zona tuvieron que ser desalojadas, entre ellas todas las pertenecientes al Edificio Barlovento, y garajes, bajos y locales sufrieron las consecuencias del agua y el barro. Incluso la parte baja de la Comandancia de Marina sufrió aquella tarde los efectos del temporal. Pero lo peor de aquel día y los posteriores fue sin duda el fallecimiento de 8 vecinos de la ciudad a consecuencia de las lluvias.

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Comienzo de la calle Carlos JR Hamilton, 
dos días después de las lluvias del 31 de marzo de 2002
(bajo este tramo de la calle transita parte del soterramiento de 
La Leña y Ancheta)

Estoy seguro que son muchos los miles de chicharreros que a diario transitan junto o sobre este barranco sin conocer de su existencia. Sirva este atril, que la red de redes me ofrece, para dar a conocer este modesto valle de Anaga, que nace en la cumbre y muere bajo nuestros pies. Les invito a que se adentren en él, bien sea desde la degollada que lo separa de Los Campitos o aguas arriba, desde Residencial Anaga (en la curva confluencia de las calles Fernando H. Guzmán con Profesor Peraza Ayala). Podrán tener esa agradable percepción de estar aislado en el macizo a apenas unos minutos de la urbe. Además, con esas recompensas que la naturaleza nos ofrece. Unas extraordinarias vistas de las cumbres de Anaga (Montes de Aguirre, Pico del Inglés, Cabezo del Viento, La Fortaleza, La Muela, la Mesa del Cautivo, el Roque Chiguel, la Mesa del Ramonal y La Altura) y de Santa Cruz de Tenerife dirigiendo la vista hacia el mar.

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Vistas hacia la cumbre desde la degollada de la Asomada

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Santa Cruz de Tenerife, desde los restos de la era de La Asomada


Miguel Ángel NORIEGA AGÜERO

Miembro de la Tertulia Amigos del 25 de Julio


El viejo camino a Igueste desde San Andrés

Dic 23, 2015   //   autor: Miguel A. Noriega Agüero   //   Anaga, Blog  //  Comentarios desactivados en El viejo camino a Igueste desde San Andrés

El macizo de Anaga se nos presenta a la vista como una agreste península situada en el noreste de la isla de Tenerife, dominada por un rosario de intercalados barrancos y crestas y limitada por verticales acantilados, pintorescas playas de arena negra y roquedos sinuosos. Con estas condiciones del relieve no es de extrañar las deficientes comunicaciones con el resto de la isla padecidas por la población local durante varios siglos. Igueste de San Andrés es uno de esos núcleos que ha sufrido la lejanía que suponen las restricciones y dificultades de esta majestuosa orografía, pese a estar cerca e incluso viendo desde él a la villa y puerto de Santa Cruz de Tenerife.

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Igueste de San Andrés y costa sur del macizo de Anaga
(al fondo Santa Cruz de Tenerife)

Esto ha supuesto que la comunicación con Santa Cruz se haya realizado principalmente durante varios siglos por vía marítima. Era, sin lugar a dudas, la manera más rápida y segura de ir y venir desde la villa chicharrera, pudiendo ya en la plaza establecer comunicación con otras zonas de la isla ya por caminos o carreteras. De este modo, personas y mercancías (plátanos, tomates, mangos, etc) partían desde Igueste en modestas naves a vela, remo y motor, según la época y el buque, claro está.

Fue clave para Igueste la mejora de la comunicación por mar que propició la construcción del embarcadero levantado por el Ministerio de Fomento a mediados de 1888 (comenzaron las obras en agosto del año anterior). Este pequeño muelle formaba parte de las infraestructuras necesarias para la instalación en la atalaya iguestera del Semáforo de la Armada, que entró en funcionamiento unos años más tarde, concretamente el 4 de diciembre de 1895. Así, se edificó este dique y desde él una nueva vereda que ascendía hasta el edificio militar, de un metro de anchura (en algunos tramos se llega a superar esta medida) y con canal de desagüe de aguas de escorrentía en el lateral interior del camino. Tan extraordinario era (y es) este sendero en comparación con el que llegaba desde San Andrés por la costa y otros de la zona que los vecinos de Igueste lo apodaron (y continúan llamando) “la carretera”.

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Restos del embarcadero ligado al Semáforo de Igueste

Pero existía de manera paralela una comunicación vía terrestre con el resto del macizo y La Laguna, a través de la cumbre, y con Santa Cruz, gracias a una estrecha, sinuosa y peligrosa vereda costera, literalmente colgada en el acantilado, y que llegaba a San Andrés para allí tomar el camino del litoral que conducía a la villa. Este sendero fue utilizado desde la conquista y supuso hasta el primer tercio del siglo XX la única manera de conexión terrestre de Igueste con su vecino San Andrés y, por ende, con Santa Cruz de Tenerife.

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Postal antigua con una imagen del camino a su paso por la Punta de Los Órganos
(Las Teresitas, San Andrés)

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Estado actual de esta misma zona de la Punta, 
aún con restos del sendero en la ladera

Tras atravesar la Punta de los Órganos, superaba a media altura la ladera que desciende a la playa de Las Gaviotas para, más adelante, atravesar el barranco de Valleseco, la Hoya del Agua, sobre la playa de la Fuente de la Cueva, y con ello llegar hasta el barranco del Balayo. Una vez ahí, superada la mitad del recorrido, continuaba sobre el acantilado, cruzaba el barranco de Tagarga y llegaba por fin, tras unos cinco kilómetros de itinerario, hasta Igueste.

Así nos relatan algunos de los muchos viajeros que se adentraron antaño en el macizo de Anaga, su paso por este escabroso sendero:

Dos años en las Canarias (Charles F. Barker)

El viajero y vendedor de biblias británico Charles F. Barker recaló en Canarias allá por el mes de septiembre de 1885, vía Tánger. Tras una estancia en Gran Canaria, visita también La Palma y Tenerife. En uno de sus viajes por estas tres islas vendiendo biblias en castellano y bilingües, se adentra en Anaga, partiendo de Santa Cruz, lo que le permite visitar varios núcleos, entre ellos Igueste, tras su paso por San Andrés. Así nos relata:

Después de comprar pan, seguimos adelante por el borde del mar y por unos agrestes acantilados cortados a pico, llegando al Valle de Igueste alrededor de las 5:30.

Revista “Artes y letras” (Pedro Maffiotte) 31 enero 1903

En esta revista, el cchicharrero Pedro Maffiotte llega hasta Igueste, con el objetivo de ascender a la atalaya y visitar el Semáforo y el “bujero del Robado”. Nos relata así su paso por el camino en cuestión:

Subidas, bajadas, pedruscos, tropezones, todo eso hay que pasar, faldeando unas tremendas montañas acantiladas para llegar a Igueste, donde no me detuve más que un momento para tomar un vaso de agua y vino en un ventucho y adelante siempre por la orilla del mar, sobre piedras resbaladizas y musgosas, hasta llegar a cien metros casi del tal Roquete …. alto! De aquí no se pasa, sino nadando o volando.

 La isla de Tenerife: su descripción general y geografía (Juan López Soler)

En 1906 sale a la luz la obra “Descripción de Tenerife”, sin duda la más destacada del militar ferrolano Juan López Soler. Tras ser destinado a la Capitanía General de Canarias en 1898, con empleo de capitán, permaneció en las islas un año y medio aproximadamente, dedicando especialmente sus labores a tareas topográficas. Esto le sirvió para recorrer multitud de caminos y carreteras visitando con ello el amplio número de núcleos y barrios que salpican Tenerife, isla en donde pasó la mayor parte de su estancia canaria. A Igueste llega desde el vecino barrio de San Andrés por un camino costero, relatado de la siguiente manera:

El camino que por la costa se dirige a Igueste, es sumamente accidentado, teniendo pasos muy difíciles; cruza el Barranquillo de Tras de la Arena, el de Las Yeguas, Barranquillo de Herradores, hasta llegar al de Igueste en donde se encuentra el caserío del mismo nombre, pasando por la parte baja de Los Órganos, abruptas rocas que cortadas a pico se encuentran a la izquierda del camino.

Las islas Canarias: descripción de Tenerife (Louis Proust y Joseph Pitard)

Louis Proust y Joseph Pitard fueron dos viajeros e intelectuales franceses que visitaron el archipiélago en los años 1905 y 1906. Louis era botánico y docente, además de reputado investigador. Joseph estudió derecho y desempeñó varios cargos políticos en el país galo. Ambos caminaron varias jornadas por el macizo de Anaga y llegan a Igueste desde la cumbre, tras visitar el Faro, en lo alto de Roque Bermejo. Nos relatan su paso por este rincón de la isla de la siguiente manera:

Hay que echar cinco o seis horas de marcha a través de estos parajes, que desafían cualquier descripción, antes de llegar a Igueste, pequeño valle verde en cuyo fondo se agrupan algunas casitas de pescadores. Más allá de Igueste no dejamos de bordear el mar, tanto por una playa de arena negra que nos quema los pies como por unas elevadas cornisas, siempre atravesando hondonadas y barrancos, y no tardamos en bajar a San Andrés, desde donde una excelente carretera conduce rápidamente a Santa Cruz.

Viaje a las Islas Afortunadas: Cartas desde las Canarias en 1879 (Jules Leclercq)

El viajero belga Jules Leclercq realiza un recorrido por varias islas del archipiélago centrándose en Tenerife. De esta manera recorre el macizo de Anaga y en su relato entre el Faro de la Punta de Anaga y San Andrés nos cuenta:

(…) pasado Igueste, vamos siguiendo la orilla del mar, unas veces, por la playa; otras, por cornisas suspendidas en el aire, yendo de valle en valle y de barranco en barranco.

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Mapa en el que se encuentra representado el sendero entre San Andrés e Igueste,
que aparece en la obra: Wanderungen im canarischen Hoch und Tiefland  (1896)

Pero, al igual que a otras zonas de la isla, tarde o temprano la carretera y con ello los automóviles habrían de llegar hasta este apartado rincón de Anaga. Primero el necesario tramo Santa Cruz-San Andrés, que en 1886 llegaba hasta El Bufadero y unos años más tarde completaría recorrido en San Andrés (después se construiría la vía hasta Taganana, a donde llega en 1939).

Arranca el siglo XX y en 1911 se inician los trámites de construcción de un camino vecinal de San Andrés a Igueste. Así ese año se publica en el Boletín Oficial de la Provincia la declaración de utilidad pública de esa vía. Pero el proyecto no sale adelante. Un par de años más tarde, incluso desde Igueste se solicita que la carretera proyectada a Taganana cambie su recorrido. Así, se insta a que esta vía llegue a Igueste, suba hasta la cumbre para después descender hasta Benijo, atravesar Almáciga y así llegar a su destino. Este proyecto, como todos sabemos no se llegaría a culminar. Finalmente en 1921 se aprueba un proyecto de carretera a Igueste con un presupuesto de 242.777 pesetas. Al año siguiente se inician las obras. Se abre, pues, una pista en los años 20, que sería asfaltada en los 40. Llegaba así, por fin, la carretera al núcleo iguestero y con ello la vieja vereda que partía desde San Andrés por Los Órganos y El Balayo comenzaría su fallecimiento y desaparición.

En la actualidad algunos tramos de elle resisten al paso de tiempo, los derrumbes, la vegetación y las lluvias. Desde la carretera pueden verse aún pequeñas secciones del camino, dándonos la idea de cual peligroso era el tránsito por él y lo colgado que iba a través de esta accidentada costa, plagada de acantilados y escarpes verticales. Veamos algunas imágenes actuales tomadas desde la carretera (TF-121) todas ellas repetidas al llevar representados con lineas de puntos los tramos que aún hoy se pueden encontrar, afinando la vista y con algo de intuición, claro está.

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Solitario raíl

Dic 17, 2015   //   autor: Miguel A. Noriega Agüero   //   asotavento.com, Blog  //  Comentarios desactivados en Solitario raíl

Inoperativo, inútil e ineficaz. Así es un solo raíl sin su paralela pareja.

Los márgenes del litoral de los puertos siempre han estado ligados al ferrocarril y la costa chicharrera no podía ser menos. Entre el barranco de Santos y San Andrés varios kilómetros de lineas férreas fueron utilizadas como necesarias herramientas de transporte de las miles de toneladas de piedra y tierra arrancadas de las laderas bajas de las montañas del sur del macizo de Anaga. El objetivo, realizar las labores de relleno y construcción de dársenas y muelles del puerto de Santa Cruz de Tenerife. Este material era originario de las entrañas de las montañas de Altura, La Jurada y Los Pasitos (Jagua), horadadas una vez concluida la extracción de piedra bajo el Toscal frente a lo que hoy es la Avenida Francisco La Roche, en el enclave conocido como San Pedro, junto al castillo de igual nombre.

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Cantera de La Jurada y raíles junto al litoral

De esta manera, al expandirse el puerto hacia el norte y la necesidad de perforar laderas rocosas cada vez más alejadas del centro, se llevó una línea de ferrocarril hasta el Bufadero y así poder repartir por el litoral las toneladas de piedra extraídas de La Jurada, bajo la Mesa del Ramonal. Así en la última década del siglo XIX comienzan los trabajos en esta cantera al norte de la desembocadura del barranco de Valleseco, llevándose a cabo la primera voladura el 28 de noviembre de 1899.  Es en esos años cuando se lleva hasta esa zona el indispensable ferrocarril.

A mediados del siglo XX surge la necesidad de mejorar la carretera de acceso a San Andrés y el litoral de Santa Cruz comienza a cambiar. Son derribadas las fortificaciones de San Pedro, San Miguel, San Antonio, así como diversas edificaciones e infraestructuras hasta ese momento ligadas al puerto. Surgen pues nuevas necesidades y, además, la extracción de piedra en La Jurada se fue aminorando con el paso de los años. De esta manera fueron desapareciendo los muchos rieles que se tendían a lo largo de la ribera marítima chicharrera.

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Líneas de ferrocarril junto al Puerto de Santa Cruz
(actual tramo frente al Edificio de Junta Obras del Puerto)

Pero a veces, paradojas de la vida, surge el milagro. Junto a la carretera de San Andrés, actual TF-11, frente a los viejos y ruinosos Balneario y batería del Bufadero, se encuentra hoy en día, arrinconado en la cuneta, un tramo de apenas 20 metros de aquellos viejos raíles de oxidado hierro. Se nos presenta como lo que es, un vestigio de lo que antaño fue una zona de inmenso trajín de piedras, vagonetas y canteros. El pobre riel, hoy solitario y olvidado, nos mira desde el suelo, y nos cuenta, sin decirnos nada, como de útil fue hace un siglo, cuando, unido junto a sus hermanos, propició la expansión portuaria y el desarrollo económico de una ciudad, Santa Cruz de Santiago de Tenerife, ligada a su costa y a su puerto.

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Estado actual del raíl que aún permanece en el borde de la TF-11, frente Balneario

Y gracias a fotografía antigua podemos ver o al menos situar en imágenes pasadas a este desamparado raíl. Así, en la siguiente figura podemos hacernos a la idea de como era esa zona del Bufadero, ligada a la cercana cantera de La Jurada. Quizás nuestro amigo sea uno de esos rieles sobre los que una locomotora sale del oscuro interior de un edificio. Quizás.

Poco queda de esa imagen además del raíl motivo de este artículo. Sí podemos ver a la derecha, detrás de unos arboles, a la centenaria batería del Bufadero. Además, si hoy en día observamos in situ la zona con detenimiento podemos encontrarnos con el edificio que aparece a la izquierda de la fotografía. Actualmente está muy cambiado. Pintado de blanco y rodeado de tuberías, pero sigue conservando la puerta y los ventanales del pasado, tal cual se nos muestra en la imagen.

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El Bufadero y las líneas de ferrocarril que discurrían por esa zona

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Detalle de la imagen de la zona en donde está situado el raíl en cuestión

En esta zona precisamente tuvo lugar un fatal accidente en el verano de 1928. Un muchacho de 24 años, residente en Villa Benítez y de nombre Nicolás Hernández, sufrió la amputación del pie izquierdo al ser atropellado en una de estas vías. Y es que Nicolás, dedicado a la extracción de arena en las playas de la zona, tras el almuerzo se echó una siesta, seguro que merecida, a la sombra de un árbol, como solía hacer cada día. La mala suerte vino cuando el chico ya dormido dejó una de sus piernas sobre uno de los muchos raíles que por allí había, con la mala suerte que, sin darse cuenta ni él ni el maquinista, una de las ruedas traseras del último vagón arrolló ambas extremidades inferiores. Los gritos del fatídico despertar del bueno de Nicolás frenaron la marcha del tren y tras ello fue llevado a la Casa de Socorro primero y al Hospital Civil después. Los doctores García Ramos y Robayna le realizaron la amputación del pie izquierdo y practicaron curas en el derecho, que tenía varios huesos fracturados. El suceso, como es lógico, fue puesto en conocimiento de la Justicia.

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Extracto del periódico "El Progreso" del 5 de julio de 1928

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Les propongo pues que hagan una visita a este solitario raíl, situado a apenas 250 metros de la locomotora F-6 (de la cual ya hablé en un artículo anterior), expuesta junto al litoral de Valleseco y que seguro discurrió sobre él en innumerables ocasiones.

Si no, al menos lo podrán ver cómodamente desde su pantalla de esta manera:

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