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Manuel Juan de Salcedo, último Gobernador de la Luisiana Española

Ago 16, 2016   //   autor: Miguel A. Noriega Agüero   //   Blog  //  Comentarios desactivados en Manuel Juan de Salcedo, último Gobernador de la Luisiana Española

 

 



Manuel Juan de Salcedo, último Gobernador de la Luisiana Española

Quien fuera Teniente de Rey de Canarias y participante activo en la Gesta del 25 de Julio de 1797, tiene el honor de ser el último gobernante español de un extenso territorio norteamericano cedido a Francia a comienzos del XIX

Artículo aparecido en el suplemento "La Prensa" del 
periódico El Día del sábado 23 de julio de 2016


Manuel Juan de Salcedo nace en Bilbao en 1743, fruto del matrimonio entre el Capitán de Infantería sevillano Manuel de Salcedo y la pucelana Agustina Gertrudis de Salcedo. Ya con 18 años, sigue los pasos de su padre, su tío (1) y su abuelo paterno (2) comenzando su carrera militar, la cual veremos será muy fructífera. Así, el 2 de enero de 1761, ingresa en las Milicias del Señorío de Vizcaya, como Subteniente de Milicias, para, dos años más tarde (4 de febrero de 1763), ascender a Teniente (3). Durante esos primeros años en el ejército llega a participar en la Guerra de los Siete Años.

Tras este periodo en las milicias vizcaínas pasa a formar parte del Regimiento de Infantería de la Princesa, primero como Teniente de Infantería (nombrado el 30 de diciembre de 1765) y más tarde como Teniente de Granaderos (designado el 4 de marzo de 1769). Buena parte de finales de la década de los 60 y comienzos de la siguiente es destinado a las plazas de Ceuta (en donde permaneció 33 meses) y de Melilla (sirviendo unos meses en el Fuerte de San Miguel). (4)

El 12 de septiembre de 1775 asciende a capitán (5) y a finales de ese año se casa en Málaga con Francisca de Quiroga y Manso, natural del Puerto de Santa María (Cádiz) (6), nacida el 15 de enero de 1756, hija del Capitán José Quiroga Lopez Espejo, natural de Betanzos (La Coruña), y de la burgalesa Rosa Manso de León. (7)

Al año siguiente Salcedo llega a Tenerife. Su hoja de servicios va progresando y sus méritos le hacen ser nombrado, el 14 de agosto de 1776, Sargento Mayor de la Plaza de Santa Cruz con Grado de Teniente Coronel. Quien fuera Regidor Perpetuo de Tenerife, Síndico Personero General de la Isla y Director de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, Lope Antonio de la Guerra y Peña, nos dejó escrito: En 19 de Noviembre de 1776 llegó Embarcacion de España, y en ella vino Don Manuel Juan de Salcedo con el Empleo de Sargento Mayor de estas Islas de que S. M. le hizo merced con el grado de Theniente Coronel de Infantería. Era Theniente de Granaderos Infantería del Regimiento de la Princesa, segun se dice en la Gazeta de 13 de Agosto. Trajo con sigo á su Muger y una hija. (…) Vinieron tambien en dicha Embarcacion los titulos de Theniente de Rey y Sub-Inspector de estas Milicias al Theniente Coronel Don Matias de Galvez Governador del Castillo de Paso-alto (…). (8)

Precisamente Salcedo ocuparía años más tarde el puesto de tenencia de Rey, que como vemos desempeñó Matías de Gálvez, fruto del nombramiento real coincidente con el de la sargentía mayor de Salcedo (9). Así, el 7 de noviembre de 1789 es nombrado Teniente de Rey con grado de Teniente Coronel, ascendiendo el 24 de junio de 1792 al de Coronel. (10) Entre tanto, y gracias a la integración de Salcedo en la vida social de la villa, en 1786 fue designado Alcalde Electo de Santa Cruz de Tenerife, cargo que rechazó por ser militar en activo.

firmaSalcedo

Debido a su cargo de Teniente de Rey Manuel Salcedo era hombre cercano al General Gutiérrez, quien fuera Comandante General de las Islas Canarias, participando por lo tanto, activamente en la Gesta del 25 de Julio de 1797, heroico y notable episodio de nuestra historia, gracias al cual se pudo repeler de manera victoriosa el ataque inglés sobre Santa Cruz que ese verano realizó el entonces Contralmirante Horatio Nelson. Salcedo ya había participado semanas antes en la defensa de la rada chicharrera durante el ataque inglés a cargo del Capitán Benjamin Hallowell que logró capturar la fragata francesa “La Mutine”, fondeada en mayo de ese año frente a la villa.

Pero vayamos al mes de julio de 1797, momento clave, como ya se sabe, en la historia del archipiélago. Tras el desembarco inglés la mañana del 22 en las costas del Bufadero y la defensa realizada por los hombres de Gutiérrez encaramados en la cima de la montaña de La Altura de Paso Alto, Nelson decide volver a las naves la guarnición que había puesto pie en la isla. Así fueron pasando las horas y dos días más tarde comenzaría una nocturna y feroz ofensiva británica frente al Castillo de San Cristóbal y sus aledaños costeros, tanto al norte como al sur de esta fortaleza. El puesto de Salcedo esa tarde del 24 estuvo en el San Cristóbal, junto al General Gutiérrez, y acompañados ambos por el Sargento Mayor Marcelino Prat, el resto de oficiales y la tropa que formaba la guarnición del fortín. Una vez caída la noche Salcedo transitó por el litoral chicharrero, desplazándose, entre otros lugares, a las playas cercanas a las baterías de la Concepción y la Carnicería (al sur de San Cristóbal). Iba acompañado de la tropa que componía el Batallón de Canarias y Milicias agregadas, así como por el Comandante Juan Quinther. Todos ellos se vieron sorprendidos en ese momento de reconocimiento de la costa por el ataque y desembarco británico, lo que provocó que entraran en batalla. Iban armados con dos cañones “violentos”, gracias a lo cual pudieron hacer frente a los ingleses, provocando la estampida de los ya desembarcados que se dispersaron por las calles de la villa. Salcedo junto a su destacamento llegó a capturar 29 prisioneros. (11)

Y es que los ingleses que lograron poner pie en las calles santacruceras se dispersaron esa madrugada por varias zonas de la villa. Precisamente en la única casa en la que consiguieron entrar fue en la de Manuel Salcedo, en la antigua calle de la Caleta (hoy General Gutiérrez) y que era compartida por este con el tendero tacorontero Agustín Antonio Quevedo de la Guardia (12), quien sería uno de los fallecidos esa noche a manos británicas. Y es que Quevedo, de 59 años en ese momento, se encontraba en la plaza de Santo Domingo, frente al hoy desaparecido Convento que allí se ubicaba (hoy solar que ocupa el Teatro Guimerá y la vieja Recova). Varias centenas de ingleses habían logrado entrar en el edificio religioso y desde las celdas de este hacían fuego al exterior, alcanzando de muerte a Agustín, además de a Rafael Fernández Bignoni, Alférez del Batallón de Infantería de Canarias. (13)

El General Gutiérrez de Otero, una vez pasado el enfrentamiento con los ingleses, envió informes de su victoria al entonces valido del Rey y Príncipe de la Paz, Manuel Godoy, y al Ministro de la Guerra, Juan Manuel Álvarez. Ambos cargos respondieron a este parte en un escrito fechado el 22 de agosto alabando la Gesta y a sus protagonistas. Gutiérrez quiso compartir estos elogios con toda la guarnición de la Plaza y fue precisamente Salcedo quien lo transmitió al resto del destacamento en octubre de ese 1797. (14)

La participación de Salcedo en la Gesta del 25 de Julio, quizás no sea únicamente esto que acabamos de ver. Los investigadores Ontoria Oquillas, Cola Benítez y García Pulido apuntan a que una de las relaciones anónimas que se encuentran en el Fondo Documental de la Biblioteca Municipal de Santa Cruz de Tenerife sea obra del Teniente de Rey (15). Se trata de un escrito, sin firma, que relata lo acaecido en la villa chicharrera esos veraniegos días de 1797, aportando datos importantes, algunos de ellos relacionados con el desembarco inglés en el litoral entre la Caleta y la desembocadura del Barranco de Santos, precisamente la zona por la que discurrió la noche del 24 al 25 de julio de Salcedo, como hemos visto en líneas anteriores: (…) no podíamos guarnecer toda la línea (de Paso Alto a Barranco Hondo), pues para ejecutarlo se necesitaban cuando menos 3000 hombres, y como no sabíamos por donde lo ejecutarían, nos mantuvimos sobre las armas hasta las dos y cuarto de la madrugada que nos atacaron por tres puestos con 30 lanchas, las que no pudimos ver en la oscuridad. (…). Esta relación, en la que se detalla, además, la lista de bajas (tanto fallecidos como heridos), finaliza de la siguiente manera: La Divina Providencia, por intersección de Santiago, que fue su día, nos protegió las fuerzas para que alcanzásemos tan buen éxito contra estos tan formidables enemigos. (16)

Dos años después de la Gesta y, sin duda, fruto de sus acciones en la misma, la vida de Salcedo cambia por completo, al verse designado nuevo Gobernador de Luisiana. Su hermano Nemesio solicitó que los dos hijos de Manuel Juan le acompañaran y así lo hace en documento fechado en Madrid el 31 octubre de 1799. Pocos días más tarde Manuel y Francisco son destinados al Regimiento Fijo de la Luisiana: El Rey se ha servido conceder al Capitán Don Manuel de Salcedo primer teniente de Granaderos del Batallón de Infantería de esas Yslas agregación de teniente al Regimiento Fijo de la Luisiana y el pase al mismo cuerpo en su clase y antiguedad a Don Francisco de Salcedo Cadete del expresado Batallón para que puedan acompañar a su padre Don Manuel Juan de Salcedo, nombrado Governador Militar y Político de la Plaza Nueva Orleans. 3 de noviembre de 1799. Al Comandante General de Canarias (17)

escudo armas SALCEDO

Escudo de Armas de Manuel Juan de Salcedo

Hagamos, por alusiones, un paréntesis para hablar de estos tres familiares directos de Manuel Juan de Salcedo. Su hermano pequeño Nemesio Agustín Francisco Rafael de Salcedo, nació en Bilbao el 19 de diciembre de 1750 (18). Llegó a ser Coronel del Regimiento de Infantería de la Corona y Comandante General de las Provincias Internas de Nueva España.

Dos de los hijos de nuestro protagonista, quienes le acompañan a América, también merecen especial atención. El menor de ellos, Francisco, nacido el 27 de abril de 1783 en Santa Cruz de Tenerife, quien recibió el bautismo en la parroquia de la Concepción al siguiente día, coincide con Alexander von Humboldt en el viaje que este geógrafo y naturalista alemán realiza hacia América. En concreto, Francisco y Alexander conviven a bordo durante el trayecto de la corbeta de guerra Pizarro, que el 5 de junio de 1799 partió de La Coruña y que recaló 14 días más tarde en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. El científico germano recoge en sus “Cartas Americanas”: A G. de Humboldt. Puerto Orotava, al pie del Pico de Tenerife. 20 junio 1799. (…) Nuestro grupo fue perfecto; sobre todo un joven Canario, D. Francisco Salcedo, quien me tomó vivo afecto, de espíritu vivaz y comunicativo, como todos los habitantes de esta isla feliz. (19)

Una vez en la isla, Francisco es destinado a la Luisiana, en donde estuvo varios años, para después, en plena guerra contra Portugal e Inglaterra primero y frente a la ocupación francesa después, pasar a luchar en la península. (20)

Pero quizás fue Manuel María, el más destacado descendiente de Salcedo. Bautizado como Manuel María de la Concepción José Agustín Eloy de Salcedo y Quiroga, nace en Málaga el 3 de abril de 1776. Tras su ingreso en la infantería y servir junto a su padre en Tenerife es destinado a la Luisiana fijando en Norteamérica ya su destino y residencia. De hecho, aquí se casó el 16 de marzo de 1803 con María Guadalupe Prieto y la Ronde, una nativa de Nueva Orleans, de ascendencia hispano-francesa. Pero su carrera llega al cénit años más tarde al ser nombrado Gobernador de Texas por el Consejo de Indias el 24 de abril de 1807, cargo del cual tomó juramento en Cádiz. Llegó a Texas en el verano del siguiente año, convirtiéndose así con treinta y un años recién cumplidos, en el más joven en desempeñar ese cargo hasta ese momento. Su gobierno fue muy convulso, llegando a tener incluso desavenencias serias con su tío Nemesio y sufriendo revueltas e insurrecciones varias durante el tiempo que desempeñó su cargo. Prueba de ello fue su trágico fallecimiento de manos de los insurgentes tejanos quienes le tomarían preso y acabarían con su vida, mediante degüello, el 5 de abril de 1813. Igual suerte corrió el lagunero Simón de Herrera y Leyva, Comandante de Armas de la Nueva Galicia y Gobernador del Nuevo Reyno de León, muerto a manos de los rebeldes al igual de Manuel María.

Pero volvamos a su padre, Manuel Juan, personaje principal de este artículo. Como vimos, fue designado Gobernador de la Luisiana, en 1799, con 56 años de edad, pero por razones de salud no se trasladó a Nueva Orleans hasta el verano siguiente. Durante el viaje a Norteamérica hace escala un tiempo en Cuba, isla en donde fallece su mujer, llegando finalmente a la Luisiana en julio de 1801. Durante esos dos años desde su designación hasta su llegada ocupó el puesto el cubano Sebastián Calvo de la Puerta y O’Farril, Marqués de Casa Calvo, tras su antecesor Francisco Bouligny, quien había desempeñado ese cargo igualmente de manera interina a consecuencia de la muerte Manuel Luis Gayoso de Lemos Amorín y Magallanes. Salcedo toma posesión del cargo el 14 de julio, recién llegado a Nueva Orleans, y lo mantendrá hasta el 30 de noviembre de 1803. De esta manera, tras haber sido ascendido a Brigadier en 1802 (21), tiene el honor de ser el último gobernador español de la Luisiana, debido a su cesión a Francia en cumplimiento del tercer Tratado de San Ildefonso, fechado el 1 de octubre de 1800 (22). El papel de Salcedo esos últimos meses de la Luisiana española fue muy relevante, realizando un inventario de bienes y fijando de límites de esa provincia.

Estos territorios norteamericanos pasaban de nuevo a manos galas, tras 40 años de propiedad y gobierno español. (23) Pero Napoleón Bonaparte, con el desconocimiento español de este hecho, vende la Luisiana a los EEUU por 80 millones de francos, 15 millones de dólares (24), cuestión esta no contemplada en el Tratado de San Ildefonso. La corte española no interfiere en esta venta una vez se dan cuenta de esta transacción, y casi un mes después de la cesión a Francia, esta extensa región (2.144.476 km²) pasa a manos estadounidenses el 20 de diciembre de 1803.

Louisiana_ThuredeThulstrup

"Hoisting of American Colors over Louisiana in 1803"
Thure de Thulstrup (1904)

Meses más tarde, en junio de 1804, Salcedo abandona Nueva Orleans rumbo a Barcelona. Una tormenta le obliga a hacer escala en La Habana, en donde estaría varios días, y tras ello finalmente llega a Cádiz a bordo del “Anfitrite” el 18 de agosto de 1804. (25) Aquí permanecerá algún tiempo para posteriormente trasladarse a Sevilla hasta su fallecimiento hacia 1810.

Acaba aquí, en el sur de la península, la vida de este vasco, de sangre paterna precisamente sevillana, plagada de méritos. Su participación en la tinerfeña Gesta del 25 de Julio de 1797 y el honor de ser el último Gobernador Español de la Luisiana hacen de Salcedo un personaje relevante de nuestra historia, quizás poco conocido y que, espero, gracias a este artículo sea reconocido y valorado.


  1. Domingo Joaquín de Salcedo, Mariscal de Campo, llegó a ser Gobernador de Ceuta
  2. Miguel de Salcedo, Caballero de la Orden de Santiago y Brigadier de los Reales Ejércitos, natural de Castro-Urdiales
  3. Hoja de servicios de Manuel de Salcedo: 30 de junio de 1800, Archivo General de Indias (papeles de Cuba- Carpeta 1659)
  4. Hoja de servicios de Manuel de Salcedo
  5. Hoja de servicios de Manuel de Salcedo
  6. Archivo General Militar: expediente matrimonial de Manuel de Salcedo
  7. Partida de bautismo de Francisca Quiroga, Libro sexto de bautismos de la Iglesia de San Roque, folio 24713
  8. Guerra y Peña, Lope Antonio de la: “Memorias: Tenerife en la segunda mitad del siglo XVIII” (cuaderno II)
  9. Archivo de la Casa de Tabares. Documentos de Milicias. Papeles diversos. Tomo IV. (f303-304) (Archivo RSEAPT
  10. Hoja de servicios de Manuel de Salcedo
  11. Ontoria Oquillas, Pedro; Cola Benítez, Luis; García Pulido, Daniel: “Fuentes documentales del 25 de julio de 1797”, páginas 185 y 226. 1997
  12. Cola Benítez, Luis y García Pulido, Daniel: “La historia del 25 de julio de 1797 a la luz de las fuentes documentales”. 1999
  13. Libro XIV de Fallecimientos de la Parroquia de Nuestra Señora de la Concepción, folio 13 v.
  14. Ontoria Oquillas, Pedro; Cola Benítez, Luis; García Pulido, Daniel: “Fuentes documentales del 25 de julio de 1797”, página 36. 1997
  15. Ontoria Oquillas, Pedro; Cola Benítez, Luis; García Pulido, Daniel: “Fuentes documentales del 25 de julio de 1797”, páginas 254. 1997
  16. BMSC, Fondo Documental Antiguo: caja 53-4/3
  17. Archivo General de Simancas ,LEG,6926,15
  18. Partida de bautismo, Iglesia Parroquial de Santiago, Bilbao
  19. de Humboldt, Alejandro: “Cartas americanas”
  20. Cuesta Domingo, Mariano y Rebok, Sandra (Coord.): “Alexander von Humboldt. Estancia en España y viaje americano”)
  21. Ya fue propuesto años antes para este cargo por el General Gutiérrez, tras el papel de Salcedo en la Gesta del 25 de Julio de 1797.
  22. De todas formas Carlos IV no firmó esa cesión hasta el 15 de octubre de 1802.
  23. A raíz del Tratado de París, de 10 de febrero de 1763
  24. Que finalmente con los intereses el montante final ascendió a 23.213.568 dólares.
  25. The Southwestern Historical Quarterly, Volume 71, July 1967 – April, 1968


Miguel Ángel NORIEGA AGÜERO

Miembro de la Tertulia Amigos del 25 de Julio


 

Vida y obra de Matías de Gálvez (1717-1784)

Jun 11, 2016   //   autor: Miguel A. Noriega Agüero   //   Blog  //  Comentarios desactivados en Vida y obra de Matías de Gálvez (1717-1784)

 

 



Vida y obra de Matías de Gálvez (1717-1784)

De agricultor en el Realejo, aduanero en el Puerto de La Cruz y castellano de Paso Alto a Capitán General de Guatemala y Virrey de Nueva España

Artículo aparecido en el suplemento "La Prensa" del 
periódico El Día del sábado 11 de junio de 2016

A mediados del XVIII llegó a Tenerife con 40 años como administrador de una hacienda norteña y acabó su vida, tres décadas más tarde, siendo virrey de Nueva España. Falleció en México en la plenitud de su carrera política y militar, cediendo el testigo del virreinato a su hijo y con un hermano como Ministro de Indias, otro embajador en Rusia y el otro ocupando el cargo de Comandante General. Hoy, una pequeña plaza frente al Ayuntamiento de Macharaviaya, un pueblecito de La Axarquía malagueña, homenajea y recuerda la vida y obra del que fuera uno de sus vecinos, Matías de Gálvez y Gallardo, el mayor de los miembros de la saga más influyente y prolífica de finales del dieciochesco en nuestro país.

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Firma de Matías de Gálvez en unos de los Documentos de Milicias

El 24 de julio de 1717, en Macharaviaya, nace Matías, el mayor de los cinco hijos de Antonio de Gálvez y García y Ana de Madrid Gallardo y Cabrera Jurado, casados desde el verano anterior en esa localidad malagueña. Cinco días más tarde es bautizado y durante los siguientes once años de su vida ve nacer a sus hermanos (todos varones) mientras su infancia se rodea de pastoreo y otras labores agrarias, y asiste a la escuela en el vecino pueblo de Benaque, pues Macharaviaya no  contaría con una propia hasta 1783. Así, llega al mundo en los primeros días de 1720 José, cuatro años después el malogrado Antonio, que fallecería siendo bebé, en 1725 Andrés Luis, quien sería después conocido como Miguel, y por último el menor de la prole, Antonio Miguel en 1728.

Avanzan los primeros años de su vida hasta que tres décadas más tarde se llevarían a efecto los planes de formar una familia. De esta manera, el 20 de octubre de 1745 se casa con una su prima segunda María Josefa de Madrid Gallardo y Ortega, nacida en 1724, con quien tendría dos hijos. El mayor, Bernardo, quien llega al mundo el 23 de julio de 1746 y del que hablaremos, por buenas razones, en párrafos siguientes. El otro descendiente, de nombre José, nace dos años más tarde, y en el parto o bien días después falleció su mujer como consecuencia del mismo, con tan solo 26 años. El pequeño José viviría muy pocos años, pues falleció, en Madrid en 1756. Matías enviuda y ve enterrar al más pequeño de sus hijos en una década, la de los 50 del siglo XVIII, que cambiará completamente su vida, y no solo por estos dos decesos. Y es que el 24 de agosto de 1750, se casa en segundas nupcias con otra pariente suya: Ana de Zayas y Fernández de Córdoba (1), en la Villa de Iznate, un pueblo situado a escasos kilómetros al este de Macharaviaya. Según relata Matías, en su testamento de Tenerife de 1775, de este segundo matrimonio tuvieron tres niños que fallecieron muy pequeños. Por ello no llegará a tener nueva descendencia, lo que supondrá, que Bernardo será su único hijo.

Y de esta manera, Matías, su esposa Ana y el jovencito Bernardo, de tan solo once años, llegan a Canarias en 1757. El cabeza de familia vino con un empleo bien posicionado en Tenerife, isla con la cual desde este momento permanecerá unido durante las siguientes décadas de su vida, como veremos a continuación. De este modo, sus primeros años se desarrollan en el norte, primero como administrador de la Hacienda de la Gorvorana, una de las mayores de la isla, situada en el Realejo, de la que eran dueños los marqueses de Guadalcazar. Un par de años después se hizo cargo de la Real Aduana del Puerto de La Orotava (actual Puerto de la Cruz), por donde pasaban todas las mercancías de la isla, después de la destrucción del puerto de Garachico por la erupción de 1706, comenzando en ese momento una estrecha relación con esta villa y sus habitantes que se prolongará durante la siguiente década y media. Y es que en 1767 le nombran Personero (2) de la Junta Local del Puerto de La Orotava, siendo Alcalde de la villa Cayetano Domingo Monteverde. Un año después es nombrado Alcalde de Agua de esta villa y ocupando esa responsabilidad llega a tener un conflicto con los frailes del convento franciscano (3). Meses más tarde pasa a ocupar empleos militares, siendo Capitán del Regimiento de Garachico, en 1771, y Capitán de la Compañía de Artillería del Puerto de la Cruz, en 1774.

Como vemos, sus años en el Valle de La Orotava le fueron muy productivos. Eso le permitió establecer fuertes lazos afectivos con distinguidas familias y personalidades del norte tinerfeño. Por ejemplo con los Cologan, creando estrechas relaciones con Juan Cologan Blanco y su hijo Tomás Cologan Valois (4). Igualmente fue amigo del ilustrado Juan Antonio de Urtusáustegui, así como del inventor Agustín de Betancourt y Molina, de quien Gálvez sería su mentor. Y es que, Matías rápidamente se percata del talento y sabiduría del ingeniero portuense, recomendándolo a su hermano José, quien ocupaba importantes puestos de gobierno en la corte. Fue este hecho el que hiciera que un joven Agustín viajara a Madrid, no regresando nunca más a Tenerife, y comenzando así una notable carrera científica e ingenieril. (5) De la impronta que Matías dejó en la villa surgieron estas palabras del cronista Álvarez Rixo cuando dice: Hemos tenido ocasión de nombrar en estos Anales al Administrador de esta Real Aduana don Mathías Gálvez y Gallardo. Este señor se ausentó ahora para la Península, de donde era natural, y con el tiempo llegó a servir grandes cargos de la monarquía, según queda ya indicado, siendo lástima que en Tenerife no se hubiesen sabido aprovechar del buen afecto que conservó a la Isla, principalmente a este Puerto de la Cruz donde tantos años vivió en pública estimación. (6)

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Casa de la Real Aduana del Puerto de la Cruz

Y es que Matías y su familia se encontraban perfectamente integrados en la vida tinerfeña. Se ganó el respeto de los isleños, más aún gracias a los aportes vinícolas y artesanales que este hace desde su tierra. El que fuera Regidor Perpetuo de Tenerife, Síndico Personero General de la Isla y Director de la RSEAPT, Lope Antonio de la Guerra y Peña da fe de estos hechos: Era persona que estaba bien querida en la Isla, y que despues de su venida á ella se comenzó á su imitación á plantar las parras de barra, lo que antes se hacia con mucho trabajo y costo, el primero Lagar que se fabricó de Piedra fue por su direccion en dicha Hazienda de la Gorvalana, y en esta ocasion ha traido sarmientos de buena calidad de ubas paraque se produzcan en estas Islas, y Tambien un Telar de Medias, que es el 1º que entra en ellas. (7)

Además, durante su estancia en el entonces Puerto de La Orotava, Matías lleva a cabo diversos proyectos que acentuaron aún más su relación con esta villa costera. A iniciativa suya se levanta una muralla desde la calle Santo Domingo hasta la Batería San Telmo (que estaba situada donde actualmente se encuentra la ermita homónima). Además, frente a la playa de Martianez manda levantar (pagada con recursos del propio Matías) la Batería de San Carlos (8), dedicada en honor del entonces rey Carlos III, a quien su hermano José servía en la corte. Esta fortificación, que entra en servicio en 1770, y gran parte de su guarnición, desaparecería a consecuencia de la terrible tormenta de noviembre de 1826, debido a la crecida del caudal del barranco de Martianez, cercano a ella.

El 26 de marzo de 1775 Matías regresó a la península con su mujer, debido al imprevisto fallecimiento de su cuñada, volviendo a Canarias a final de año con un nuevo cargo: Gobernador del Castillo de Paso Alto, una de las tres principales fortalezas con que contaba la plaza de Santa Cruz de Tenerife. Este nombramiento le hace trasladar por tanto su residencia, hasta ese momento establecida en el norte de la isla. Así, el 11 de diciembre regresa, procedente de Málaga y acompañado de su mujer y dos sobrinos, con el nombramiento del Rey como castellano de esa fortificación en mano.

Su antecesor en el puesto fue Blas Hernández, quien llegó a la isla, nombrado oficialmente para ese cargo, el 14 de mayo de 1769 (tras la muerte del anterior castellano, el Coronel Juan Bautista de Franchy, el 6 de julio de 1767) y que falleció el 24 de octubre de 1774, por enfermedad, pero según se llegó a decir, quizás por envenenamiento. Y es que con la muerte de Hernández se sucedieron una serie de disputas entre los posibles “nombrables” a Gobernador, hasta que finalmente fue designado Matías para ese puesto, todo sea dicho, gracias a la protección de sus hermanos Miguel y, sobre todo, José. Tras el fallecimiento del citado Blás Hernández, ocupó el cargo de manera interina el Capitán Bernardo de la Hanty y MacCarthy (9), desde el 27 de octubre de 1774 y hasta el nombramiento de Gálvez.

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Estado actual del castillo de Paso Alto, desde La Altura

Tuvo que hacerse cargo del castillo apenas un año después de los destrozos causados en él durante la tormenta que asoló la isla la noche del 18 al 19 de diciembre de 1774. Esto supuso la reconstrucción de la fortaleza que se realizaría precisamente bajo el mando de Gálvez (10). Y es que esta fortificación era pieza clave en la defensa de la villa y que junto con el resto de baterías y castillos repartidos por su litoral, hicieron que Santa Cruz fuera considerada la plaza fuerte más importante del archipiélago durante el XVIII y buena parte del XIX. Cabe recordar la importancia del castillo de Paso Alto, el cual  jugó un papel fundamental en la defensa de la isla ante los ataques ingleses de Blake en 1657 (11) y Jennings en 1706 (12), además de, por supuesto, el de Nelsón en el verano de 1797.

Y apenas unos meses más tarde de obtener el cargo de castellano de esta fortaleza es nombrado Teniente de Rey y Subinspector de Milicias de la Comandancia General de Canarias. El Rey suprimió el empleo de Inspector General de las Milicias de Canarias, ejercido hasta ese momento por el Coronel Nicolás de Macia Dávalos, uniéndolo al de Comandante General, y por debajo de este el de Teniente de Rey, con carácter de Subinspector. De esta manera Matías tiene el honor de ser el primero en ese puesto gracias a la Real Orden de 19 de agosto de 1776, mediante la cual se le dota, además, de un sueldo de 50 escudos al mes, y doble de gratificación en cada uno de los que emplee en revistar los cuerpos provinciales. Unos días más tarde, por Real Orden de 25 de agosto se resuelve que continúe desempeñando el gobierno de Paso Alto, sin embargo de los nuevos empleos que obtuviera y que se le asistiera con su dotación. Y así, el 19 de noviembre llega a Santa Cruz dicho título, junto con el de Subinspector de Milicias. Pasados dos días se produce la toma de posesión como segundo Comandante de las Islas Canarias, es decir la Tenencia del Rey, presidiendo el acto Eugenio Fernández de Alvarado, marqués de Tabalosos, por ser el Comandante General del archipiélago y como testigo, en calidad de jefe de alta graduación, Andrés Amat de Tortosa (13). Los siguientes en ocupar ese puesto en lo que restaba del XVIII y primeros años del XIX fueron Manuel Juan de Salcedo (14) y Carlos O’Donnell y Anhetán.

La carrera militar de Gálvez, como vemos, no dejaba de progresar, ocupando a partir de este momento uno de los puestos principales de la gobernanza del archipiélago. Este cargo y algunas de sus decisiones, como la supervisión de las obras hidráulicas (mediante la construcción de conducciones de piedra y argamasa) que se llevan a cabo en Santa Cruz, le hacen ganarse el cariño de los chicharreros, como bien dejaría por escrito Viera y Clavijo años más tarde: (…) No obstante la corte acaba de conferir la tenencia de rey de nuestras Canarias al teniente coronel don Matías Gálvez, gobernador del Castillo de Paso Alto, caballero amante y vecino benemérito de las islas, (…) (15).

Durante este periodo de residencia en Santa Cruz, Gálvez quizás tuviera su domicilio frente a la actual Plaza del Príncipe, en la esquina de la confluencia de las hoy conocidas como calles Valentín Sanz y Suárez Guerra. Esta afirmación no puede hacerse de manera categórica y se desprende gracias al plano de la villa que realiza Chevalier Isle, fechado en 1780 (16). En él se sitúa la vivienda del Teniente de Rey en ese lugar y como este marino francés llegó a la isla unos meses antes y utiliza otros planos anteriores como apoyo, de ahí la hipótesis de que ese fuera el hogar de Matías.

Al año siguiente, plenamente integrado en la vida política, social y militar de la isla, es aceptado como socio de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife. Si bien había mostrado su deseo de formar parte de esta entidad incluso antes de su fundación, no figurará entre sus miembros hasta el 17 de mayo de 1777, tres meses después de la creación de la misma (17). Esa misma primavera es nombrado Coronel de Infantería. Su nombramiento se produjo el 25 de marzo (18) y al mes siguiente, el 29 de abril, llegó a Santa Cruz la patente de concesión del este grado (19).

Pero la vida de este malagueño cambiaría apenas unos meses más tarde. La Real Orden del 15 de agosto de 1777 le encarga la formación del nuevo Batallón del Regimiento Fixo de Luisiana. Esto supone la recluta de cientos de hombres que junto a sus familiares han de embarcar a Norteamérica, habiendo de ser ocupados esos puestos única y exclusivamente por canarios. El hecho de que Matías ocupara un puesto de alta responsabilidad en las islas y que, además, su hijo fuera en ese preciso momento Gobernador en Luisiana, hizo de él la persona ideal para tal misión. Ante este llamamiento, el Cabildo se alertó ante una posible despoblación, sobre todo de isleños “productivos, honrados y decentes”. Así se trató de retener a estos en las islas y que el reclutamiento se completara con personas “ociosas“ y mendigos”. Pero el Rey cuidó mucho de que eso no sucediera: Que los que en adelante se envíen sean bien alojados y asistidos durante el viaje y de la buena calidad que se requiere para la agricultura y defensa del país y no como las que llevó en el año de 1737 a la misma isla Española, compuestas de muy pocos hombres labradores y la mayor parte de gente vagabunda y delincuentes y de mujeres viciosas y solteras sin formalidad de familias. (20)

El propio Matías se ocupó en un primer momento del reclutamiento, elaborando una serie de instrucciones para dicha tarea. Se buscaron varones de edades comprendidas entre los 17 y los 36 años, que fueran robustos, sin vicios indecentes, que no fueran mulatos o gitanos, por supuesto sin penas de la justicia y con familia formada o en edad de hacerlo, El objetivo no solo era la formación del batallón, sino también el poblamiento de una extensa región necesitada de españoles dispuestos a tomarla como suya. El propio Gálvez llega a establecer que: De todas las islas se cogerá mucha gente y más si se reciben casados pobres que viven aquí infelizmente. Saben que la provincia de la Luisiana es fértil y despoblada y a este fin se irán muchos en familia. (21)

Hubo, finalmente, buena respuesta por parte de los canarios, la gran mayoría agricultores, debido a diversas crisis del comercio del vino y cosechas penosas acaecidas durante esos años. Meses después de iniciada la encomienda a Matías, la cual sería finalizada tras la partida de este a América, que veremos a continuación, por Andrés Amat de Tortosa, Capitán e Ingeniero Comandante de Canarias, se completa la formación del batallón que estaría constituida por unos 700 soldados y, unidos a estos, unos 1600 familiares, superando pues la cifra de los 2300 canarios que parten a la Luisiana (22). De tal manera que durante los años 1778 y 1779 partieron de las islas con destino a Luisiana (Nueva Orleans) seis naves, de nombres: “Santísimo Sacramento”, “La Victoria”, “San Ignacio de Loyola”, “San Juan de Nepomuceno”, “Santa Faz” y “Sagrado Corazón de Jesús”. Este último tuvo que arribar a La Habana debido a la guerra que España mantenía con Inglaterra. Este conflicto bélico dificultó la salida del último de los lotes de reclutas y familiares, que marcharían posteriormente de Canarias en tres bergantines: “San Carlos”, “San Pedro” y “Nuestra Señora de los Dolores”. Años más tarde, durante la década de los ochenta, zarparían nuevos canarios a Luisiana, completando la llegada de isleños a Norteamérica, en mayo de 1784 con la nave “San José”. (23)

Una vez echado a andar el proyecto de reclutamiento, es nombrado Segundo Comandante General e Inspector de las Tropas y Milicias del Reino de Guatemala, a través de la Real Orden de 21 de enero de 1778. Mucho tuvo que ver, de nuevo, en este nombramiento su hermano José, en ese momento Secretario de Estado del Despacho de Indias. Quizás, visto con los ojos del siglo XXI en el que vivimos, nos asombre esa práctica sin ocultación de un intencionado nepotismo, gracias al cual, José, que como vemos poseyó buenos e influyentes cargos, se encargó de conseguir que sus hermanos y su sobrino Bernardo tuvieran estudios y, sobre todo, relevantes empleos y puestos militares y políticos. Lo que sí quedó claro es que tanto Matías como su hijo desempeñaron con responsabilidad todos los cargos que ocuparon. El historiador mexicano Lucas Alamán llegaría a decir: El ministro Gálvez en el tiempo de su poder, quiso colocar en puestos distinguidos a todos sus parientes, y estos (Matías y Bernardo) por su capacidad y servicios, hicieron ver que no eran indignos de esta predilección. (24)

Y de esta manera, el 20 de abril siguiente llega a Tenerife una embarcación de Cádiz rumbo a Centroamérica, a donde marcha acompañado de su mujer, una sobrina y otros familiares. Viaja con él, además, el oficial de milicias lagunero Manuel de Bustamante. Dos meses antes se celebraron unos extraordinarios festejos carnavalescos en su vivienda el día de su onomástica, 24 de febrero. Quizás, sabiendo ya de su próxima partida rumbo a América fue una fiesta de despedida de la vida social santacrucera.

De entre las primeras tareas a poner en práctica al otro lado del océano, Gálvez tuvo por encomienda la fundación de la nueva ciudad de Guatemala, hundida la antigua debido a los “terremotos de Santa Marta” acaecidos durante el segundo semestre de 1773 y que obligaron al traslado de la capital al valle de la Ermita. Hizo una profunda reforma en el ejército disponible y creó nuevas guarniciones en diversas localidades de la zona: Chiquimula, Santa Ana, Tegucigalpa, Comayagua, Cartago, etc, muy necesarias tras el seísmo (25). Y, como ya ocurriera en el caso de Luisiana visto en líneas anteriores, participó en la traída de españoles a Centroamérica (que debía de ser “gente pobre y necesitada de España”, según Matías), principalmente destinados al poblamiento de la costa atlántica de Nicaragua. De tal forma que, gracias a sus tareas se llegan a trasladar entre los años 1787 y 1788: 681 asturianos, 310 gallegos y 299 canarios (con la distribución siguiente, según islas: 155 de Gran Canaria, 93 tinerfeños, 29 de Fuerteventura, 8 de Lanzarote, 7 palmeros y otros 7 de La Gomera). (26)

Mientras tanto su carrera militar seguía creciendo y así, a comienzos de 1779, es nombrado Capitán General de Guatemala y Presidente de su Real Audiencia (que en ese momento comprendía los actuales territorios de Honduras, Nicaragua, Costa Rica, El Salvador, Guatemala y la provincia mexicana de Chiapas) (27). Llegaba a ese puesto en sustitución del barcelonés Martín de Mayorga y Ferrer, y nada más tomar posesión del mismo comienza una serie de logros que aumentan y encumbran su hoja de servicios, gracias a varias victorias frente a los ingleses, con quienes España acababa de entrar en guerra. De tal forma, ese mismo año logra reconquistar el castillo de San Fernando de Omoa (Honduras) que había sido tomado por los británicos. Gracias a ello, meses más tarde, el 27 de abril de 1780, es nombrado Brigadier de Infantería, y en julio del siguiente año es ascendido a Mariscal de Campo en virtud de la reconquista que efectúa del fuerte de la Inmaculada Concepción, junto al río San Juan, Nicaragua, en enero de 1781. Esta fortaleza había sido tomada por los ingleses, participando en este ataque el entonces Capitán Horatio Nelson, jefe de operaciones navales. Pero el célebre marino, que, como es sabido, años más tarde sería derrotado en Tenerife, cae enfermo de disentería el día antes de la rendición española que gobernaba el castillo, sucedida el 29 de abril de 1780. Nelson pasó a ser nombrado Comandante de la Fragata “Janus” y fue ordenado su regreso a Jamaica. Allí su salud siguió empeorando y, casi a punto de morir, el 4 de septiembre de 1780 pone rumbo a Inglaterra a bordo del “Lion”, donde estaría más de un año de baja (28). Tanto Nelson como el resto de sus compatriotas no efectuaron el necesario periodo de aclimatación, que sí tenían por costumbre los españoles, llegando a fallecer 1500 ingleses única y exclusivamente por enfermedad.

La defensa del lago Nicaragua y la recuperación del fuerte de la Inmaculada a principios de 1781 fueron otras de las hazañas más importantes de la guerra contra Inglaterra, donde los ingleses perdieron cerca de 3.000 hombres, gracias al valor, la iniciativa y las argucias de Matías de Gálvez que consiguieron victorias épicas y superaron dificultades que otros, en distintos momentos, suponían imposibles. Precisamente por este lago tuvo la intención de construir un canal que uniera el Caribe con el Pacífico. Así, realizó encargo al ingeniero Manuel Galisteo de la nivelación del lago de Nicaragua con el Océano Pacífico, pero este emitió informe desfavorable, debido a diferencias altitudinales entre las costas y el lago. Paradójicamente, este canal se encuentra actualmente en construcción, desde diciembre de 2014, y prevé estar en funcionamiento en 2019.

Pero las victorias de Gálvez no acaban en Nicaragua. En marzo de 1782, conquista la Isla Roatán (29). ¡Se había logrado liberar el golfo de Honduras! Este último mérito le supone su ascenso a Teniente General de los Reales Ejércitos: En premio de la infatigable actividad, valor y acierto con que el mariscal de Campo D. Matías de Gálvez ha dispuesto y concluido rápidamente las importantes y felices operaciones de su campaña, se ha designado el Rey manifestar gratitud y ascenderle á Teniente General de sus reales Exércitos. (30) Tal fue el legado de Matías en Centroamérica que el hoy Puerto de Santo Tomás de Castilla en Guatemala, antes tenía por nombre “Matías de Gálvez”.

Un año más tarde, Matías de Gálvez alcanzará la cima de su carrera político-militar. Su rosario de victorias encadenadas en el Caribe y Centroamérica le valen su nombramiento como Virrey de Nueva España. Abandona Guatemala el 10 de marzo, siendo sucedido por el brigadier José de Estachería como Capitán General, y toma posesión del virreinato el 29 de abril de ese mismo año en sustitución de Martín de Mayorga. Mantendría este importante cargo del 28 de abril de 1783 a 20 de octubre de 1784.

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“Virrey don Matías de Gálvez”, Ramón Torres (1783)

Debido a su mal estado de salud, fue realizado en coche su ingreso en la ciudad de México, el 8 de febrero de 1784. En la Plaza de Santo Domingo le esperaba un hermoso arco triunfal de dos niveles, de estilo corintio uno y el otro, el superior, con tres vanos y coronado por el escudo heráldico de los Gálvez, dedicándoselo pues no solo a Matías sino también a sus parientes, sobre todo su hermano José. Esta construcción alegórica ofrecía representaciones pictóricas con escenas de la toma de Roatán y Omoa, la defensa de Nicaragua, el empedrado de la ciudad de México, etc (31).

Matías sería pues el 48º Virrey de Nueva España, siendo considerado tras su muerte como un gobernante justo y generoso. Así, entre las acciones más destacadas llevadas a cabo durante su mandato cabe citar: crea la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos (por Real Cédula de 25 de diciembre de 1783), envió gran cantidad de publicaciones y documentos a España bajo el objetivo de que se conociera mejor la historia de la Nueva España, llevó a cabo obras de empedrado de varias calles de la Ciudad de México, dividió la capital en cuarteles creando la figura de los “Alcaldes de Barrio”, aprobó la entrada en vigor del derecho llamado de cuartilla sobre abasto de carnes para las obras del desagüe, inició las obras de construcción del Castillo de Chapultepec, que llegaría a finalizar tras su muerte su hijo Bernardo, y ordenó que todos los vecinos de la Ciudad de México, sin distinción de clase o fuero, pusieran un farol en sus casas (32).

De entre sus muchas normas instauradas durante su año y medio de virreinato cabe citar la que se firmó el 3 de junio de 1784. Se trata del conocido popularmente como “Bando de gañanes” o “Ley de trabajo de Matías de Gálvez”. Se trataba de una serie de disposiciones que velaban por las mejoras en las condiciones de vida y trabajo de los indios del virreinato, comenzando con la introducción siguiente: La conservación y cuidado de los miserables indios, dignos siempre de protección de los señores Reyes Católicos, ha sido uno de los principales puntos a que he aplicado mis desvelos y primera atención desde que me posesioné del mando del Reino. Ellos deben ser privilegiados y mirados con consideración por las Leyes, Reales Cédulas y Órdenes y por otros muchos justos motivos que les asisten y califican acreedores de toda protección y favor; pero, a pesar de esto, se ven en distintas Provincias de este Virreinato sufriendo así en uno como en otro sexo casi mísera esclavitud, crueles castigos, excesivas fatigas, y convenciones injustas con ofensa de sus derechos, transgresión de las Leyes, y usurpación de la pública Potestad. Deseando yo proveer de remedio a tantos males, mantener a los infelices Indios su libertad, redimirlos de vejaciones, y reglar sus trabajos, igualmente que cooperar al fomento de la Agricultura en que estriba la subsistencia de todo el público, y tiene recíproca dependencia con la conservación de los Naturales, evitar en éstos la desidia que les inspira su falta de educación y el pernicioso ejemplo de sus padres, contenerlos en el justo yugo de la subordinación que deben guardar, y facilitarles suaves estímulos a la constante aplicación: He resuelto a pedimento del señor Fiscal Don Ramón de Posada, y con voto consultivo de esta Real Audiencia de 23 de diciembre del año próximo pasado de 1783, se observen en los territorios de mi mando las providencias y reglas siguientes (…). De entre las diecinueve medidas adoptadas en esta ley, destacaremos la número VII que dice: Los Indios Gañanes y demás son libres como los más puros pleveyos españoles, y es en arbitrio y voluntad suya permanecer ó nó en las Haciendas en que se hallen de sirvientes, irse á otras ó á los Pueblos, aunque deban qualesquiera cantidades y provengan de los suplementos ó préstamos mas privilegiados. (33)

Con muy mala salud y sin visos de mejora,  el 20 de octubre de 1784 se ve obligado a hacer entrega de su cargo a la Real Audiencia y unos días después, fallece a las nueve menos cuarto de la noche del 3 de noviembre. Le sucedería como virrey su hijo (34), Bernardo, quien no pudo estar junto a su padre en los últimos días de su vida, al hallarse en Puerto Rico, durante un viaje de regreso desde España, y metido de lleno en los preparativos de su toma posesión como Gobernador y Capitán General de Cuba. En Ciudad de México vivió los últimos años de su prolífica existencia y allí fue enterrado, en la Iglesia de San Fernando junto al altar mayor. En ese mismo templo fue sepultado dos años más tarde el cuerpo de su hijo Bernardo de Gálvez, héroe de Pensacola, ex Gobernador de Luisiana, primer Conde de Gálvez (35), Vizconde de Galvestón, Ciudadano Honorífico de los EE.UU. y, como ya hemos visto, 49º Virrey de Nueva España, tras su padre Matías.

Nunca un padre y un hijo habían alcanzado tan altas cotas de poder y gobierno pues compartieron el cargo de Teniente General de los Reales Ejércitos, además del virreinato. Desde aquellos finales años del XVIII hasta hoy, comparten templo en su sepultura, además de un honorable lugar en la historia, esa que solo reserva puestos de cabeza a los más notables e ilustres de cada época. Matías de Gálvez, quizás menos conocido y ensalzado que su hijo, merece, al menos, iguales reconocimientos que los de Bernardo. Sirvan todas estas líneas para que la vida y la obra de este malagueño de origen, americano de adopción y canario de sentimiento sean valoradas y apreciadas.


  1. Ana de Zayas tuvo una hermana, Dorotea, que se casó con José Fernández de Córdova y Ortega, ambos malagueños. Un hijo de estos, Francisco, llegó a ser Secretario de Cámara del Virreinato de Nueva España, Superintendente de la Casa de Moneda y Presidente de la Real Academia de San Carlos de México. (Rodríguez García, Vicente: “El fiscal de Real Hacienda en Nueva España: Don Ramón de Posada y Soto”)
  2. También llamado “Síndico Personero del Común” cargo remozado del oficio de “Procurador Síndico” en el Antiguo Régimen por la reforma de Carlos III en 1766. Se realizaba por el voto activo de todos los vecinos y contribuyentes dividido en parroquias. Era anual y servía como defensor de los intereses de la comunidad ante instancias administrativas superiores
  3. Álvarez Rixo, J. A.: “Anales del Puerto de la Cruz de La Orotava. 1701-1872”
  4. Se conservan aún hoy en día en el archivo familiar de los Cologan numerosas cartas entre Matías y Juan. Les recomiendo desde aquí la obra de Carlos Cólogan Soriano: “Un corsario al servicio de Benjamin Franklin”.
  5. Martín Medina, Amílcar: “Agustín de Betancourt y Molina”, Dykinson y Oficina de Ciencia, Tecnología e Innovación del Gobierno de Canarias, 2006
  6. “Álvarez Rixo, José A.: “Anales del Puerto de la Cruz de La Orotava. 1701-1872”, Referencia del año 1774.
  7. de la Guerra y Peña, Lope Antonio: “Memorias: Tenerife en la segunda mitad del siglo XVIII” (cuaderno II)
  8. Barroso Hernández, Nicolás: “El Puerto de la Cruz y la actividad portuaria. Su incidencia en la organización espacial de la ciudad”, Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias, 2000
  9. Nacido en Santa Cruz de Tenerife el 2 de octubre de 1744 y fallecido el 27 de agosto de 1780, llegó a ser Ministro Cualificado de la Inquisición y castellano del Castillo de San Juan, además, como ya se ha dicho, de Gobernador de Paso Alt
  10. Plano: “El castillo del Santo Cristo de Paso Alto, después de la reconstrucción de 1776” (Archivo de Simancas)
  11. “Pasaron de 5.000 las balas que dispararon contra los castillos y baluartes. Solamente en el de Paso Alto se hallaron y recontaron después de la acción 1.200 balas y 200 palajiquetas, que son prueba la más evidente del tesón con que se quiso reducir al silencio las defensas del puerto”. (Rumeu de Armas, Antonio: “Piraterías y Ataques Navales contra las Islas Canarias”, tomo III, 2ª parte)
  12. “En medio del tronar de los cañones, viéronse separarse de la escuadra de Jennings 37 lanchas llenas de soldados, que avanzaron hacia las playas de Santa Cruz en compacta formación, siendo detenidas a mitad del camino por el fuego cruzado del castillo de Paso Alto y el de San Cristóbal, ya que el de San Juan no alcanzaba con sus tiros al grueso de la escuadra”. (Rumeu de Armas, Antonio: “Piraterías y Ataques Navales contra las Islas Canarias”, tomo III, 2ª parte)
  13. Fraga González, Carmen: “Los ingenieros militares y su obra arquitectónica: Andrés Amat de Tortosa”, Cabildo Insular de Gran Canaria, 1992
  14. Precisamente Manuel Salcedo obtuvo el puesto de Sargento Mayor gracias a esa misma Real Orden que nombra Teniente de Rey a Gálvez. (Archivo de la Casa de Tabares. Documentos de Milicias. Papeles diversos. Tomo IV. (f303-304) (Archivo RSEAPT)
  15. Viera y Clavijo: “Noticias de la Historia General de las Islas  de Canarias” (página 480, tomo 3, libro decimoquinto).
  16. “Plan de la ville de Ste. Croix de Thénérife et ses fortificacions”, par le Chevalier Isla, année 1780.
  17. Boletín de la RSEAPT nº21, Año I, 21 de mayo de 1899 (Archivo RSEAPT)
  18. Gazeta de Madrid del 25 de marzo de 1777, página 110
  19. Guerra y Peña, Lope Antonio de la: “Memorias: Tenerife en la segunda mitad del siglo XVIII” (cuaderno II)
  20. Molina Martínez, Miguel: “La participación canaria en la formación y reclutamiento del Batallón de Luisiana”, Cabildo Insular de Gran Canaria, 1980
  21. Matías de Gálvez a D. José de Gálvez. Santa Cruz, 27 de octubre de 1777. A.G I. Santo Domingo, 2.661.
  22. Molina Martínez, Miguel: “La participación canaria en la formación y reclutamiento del Batallón de Luisiana”, Cabildo Insular de Gran Canaria, 1980
  23. Samper, José Antonio y Hernández, Clara Eugenia: “La Luisiana”
  24. Lucas Alamán: “Prolegómenos de la Independencia mexicana” (capítulo dos, segunda parte)
  25. Gómez Carrillo, Agustín: “Estudio Histórico de la América Central”, Madrid, 1886.
  26. Sánchez Suárez, J.A. y Santana Pérez, J.M.: “Repoblación de Costa de Mosquitos en el último cuarto del siglo XVIII”
  27. “En atención al mérito, y servicios del Coronel D. Mathías de Galvez Inspector de Tropas veteranas, y de Milicias de el Reyno de Guatemala se ha servido el rey conferirle el Gobierno, Capitanía General y Presidencia de la Audiencia del expresado Reyno. Madrid, 8 de enero de 1779”. (Gazeta de Madrid, de 8 de enero de 1779, página 24)
  28. Zeledón Blandón, Sergio A.: “Rafaela de Herrera Udiarte y la manipulación de un mito”
  29. Relato de la toma de Roatán realizado por el propio Matías de Gálvez en Gaceta de Madrid núm. 49, de 18 de junio de 1782, páginas 490 a 492
  30. Suplemento a la Gazeta de Madrid del viernes 5 de Julio de 1782, página 559.
  31. Chiva Beltrán, Juan: “El triunfo del virrey. Glorias novohispanas: origen, apogeo y ocaso de la entrada virreinal” y Velázquez Cárdenas y León, Joaquín: “La estirpe vespasiana: idea alegórica de las pinturas y aparatos festivos del arco triunfal que para la entrada pública y solemne del Excmo. Señor don Matías de Gálvez erigió la nobilisima imperial ciudad de México el día 8 Febrero de 1784”)
  32. Publicado en Bando del 6 de noviembre de 1783.
  33. Herbert J. Nicke: “El peonaje en las haciendas mexicanas: interpretaciones, fuentes, hallazgos”
  34. Tomó posesión del cargo de Virrey el 17 de junio de 1785.
  35. Concedido por Carlos III, mediante Real Cédula de 28 de mayo de 1783, en virtud de sus méritos en la batalla de Pensacola (marzo-mayo de 1781)


Miguel Ángel NORIEGA AGÜERO

Miembro de la Tertulia Amigos del 25 de Julio


Agradecimientos: José Alberto Ruiz de Oña, Daniel García Pulido, Luis Cola Benítez y Cristina Ginovés.

La Guerra en Filipinas y el Sitio de Baler

May 22, 2016   //   autor: Miguel A. Noriega Agüero   //   Blog, Historeando  //  Comentarios desactivados en La Guerra en Filipinas y el Sitio de Baler

Artículo aparecido en "La Opinión de Tenerife"
del domingo 22 de mayo de 2016

FILIPINASLAOPINION


Al otro lado del planeta, en el borde occidental del Pacífico, España mantenía a finales del XIX una serie de territorios isleños cuya pérdida de jurisdicción, junto a la de Puerto Rico y Cuba, formaría parte del conocido como “Desastre del 98”, punto y final a un aciago e infausto siglo. El conjunto archipielágico que constituía Filipinas por un lado y la Isla de Guam por otro formaban parte pues de los últimos territorios españoles de ultramar. Testigos históricos de lo que antaño fue un océano considerado como “el lago español” y reminiscencias de exploraciones y conquistas en las antípodas.

Como ya ocurriera en otras provincias españolas americanas, en Filipinas comenzaron a lo largo del XIX una serie de revueltas y conflictos entre la administración y ejército españoles y los insurgentes locales. A lo largo de la última década de ese siglo la disputa por esas miles de islas se fue acrecentando, hasta que a finales de 1897 el Pacto de Biak-na-Bató llegó a apaciguar las aguas. Este tratado trajo consigo la reducción considerable de las rebeliones y, con ello, la salida de tropas españolas del archipiélago.

Por esa razón, las labores defensivas militares se fueron relajando en los meses siguientes y los cuatro centenares de hombres que custodiaban Baler, un pequeño poblado cercano a la costa oriental de la Isla de Luzón, fueran relevados por una guarnición de apenas unas decenas de efectivos. Pero con el paso de los primeros meses del 98 la situación se complica. España entra en guerra contra los EEUU y estos, que luchaban en el Caribe por la toma de Cuba y Puerto Rico, rearman y financian a los insurrectos filipinos, cuyos cabecillas habían exiliado a Hong-Kong, volviendo estos a actuar contra el destacamento español.

balermapa

Mientras todo esto sucedía, a mediados de febrero de ese renombrado año 1898, una guarnición de unas pocas decenas de hombres, pertenecientes al Batallón de Cazadores nº2 y bajo el mando del Capitán de Infantería Enrique de las Morenas y Fossi, llegaba a Baler, a bordo del vapor “Compañía de Filipinas”. A finales de junio, sumidos en el pleno desconocimiento de la nueva situación política y bélica en las islas, los tagalos comienzan a atacar a la cincuentena de militares que allí se asientan, la defensa del sitio se hacía cada vez más necesaria. Así, el 30 de ese mes, tras una dura emboscada, la guarnición del Capitán de las Morenas decide refugiarse en la Iglesia de San Luis de Tolosa, el edificio más fortalecido de todos los que existían en el poblado en ese momento. (había sido construido con gruesos muros exteriores ya que la anterior parroquia llegó a ser destruida por un tsunami años antes)

De esta manera, ajenos a la realidad, con Filipinas ya independizada desde varios días antes, el 12 de junio, comenzaron una defensa numantina de su modesto fuerte durante 337 largos y tediosos días, hasta el 2 de junio de 1899. Racionaron las municiones y, por supuesto, la comida. Tenían una relativa buena despensa de garbanzos, arroz y latas de sardinas, pero a medida que fueron pasando los meses tuvieron que basar su dieta en hierbas y matas cocidas, ratas, serpientes, lechuzas, perros y todo bicho viviente que discurriera por esos reducidos lares.
Durante esos 12 meses de asedio, concluyó la Guerra Hispano-Estadounidense al firmarse el Tratado de París el 10 de diciembre, comenzó otra en febrero siguiente entre los EEUU y Filipinas, que duraría hasta 1902, y España, mientras, trataba de liberar a aquellas decenas de compatriotas sitiados en una humilde iglesia, que pasarían a ser reconocidos popularmente en la historia como “Los últimos de Filipinas”. Durante esas 50 semanas de los 60 hombres, entre militares, sanitarios y religiosos que se refugiaban en Baler, 15 murieron de beriberi o disentería, 2 por heridas de combate, 6 desertaron y 2 fueron fusilados tras ser declarados culpables de intento de deserción.

UltimosFilipinas

Dentro de la ilustre lista que componen los 35 supervivientes del sitio de Baler aparecen cuatro canarios. De Fuerteventura dos de ellos: Eustaquio Gopar, quien sobreviviría al asedio y llegaría años más tarde a ser alcalde de su pueblo, Tuineje, y Rafael Alonso Mederos, de La Oliva, que fallecería de beri-beri el 8 de diciembre de 1898. De Las Palmas era oriundo Manuel Navarro de León, que sucumbió igualmente a consecuencia del beri-beri el 9 de noviembre. Y de Tenerife, el lagunero José Hernández Arocha, quien, como Eustaquio, llegaría a resistir ese año de cerco y regresaría a su isla tras el asedio.

Todos los supervivientes y los desventurados que allí dejaron su vida fueron, son y deberán de seguir siendo valorados como héroes. Su fuerza, honor y servicio lo merecen. Gracias a ellos, considerados tras el sitio como “amigos” por parte de los gobernantes Filipinos, ondeó hasta el 2 de junio de 1899 la enseña española en Baler, la última bandera rojigualda que flameó en ultramar.



Miguel Ángel NORIEGA AGÜERO

Miembro de la Tertulia Amigos del 25 de Julio


Manuel Iradier, alavés aventurero de espíritu africano

Abr 17, 2016   //   autor: Miguel A. Noriega Agüero   //   Blog  //  Comentarios desactivados en Manuel Iradier, alavés aventurero de espíritu africano

 

 



Manuel Iradier, alavés aventurero de espíritu africano

Las escalas en Canarias en sus viajes de exploración y conquista a Guinea Ecuatorial

Artículo aparecido en el suplemento "La Prensa" del 
periódico El Día del domingo 17 de abril de 2016

iradierperiodico


El 6 de julio de 1854 nacía, en pleno centro de Vitoria, el niño Manuel Iradier, hijo de Pedro Valentín y Amalia Balbina, quienes le dejarían huérfano en plena infancia al fallecer ambos unos años más tarde. Llegaba al mundo un inquieto muchacho, lector empedernido y precoz aventurero, que desde muy joven ya tenía claro su sueño: viajar y conocer otras tierras, otras gentes, otras culturas. Un par de décadas más tarde, apenas dos años después de toparse en la ciudad tanzana de Ujiji al mítico Doctor Livingstone, el explorador y periodista británico Henry Stanley se encontraba en España cubriendo para el New York Herald la Guerra Carlista, que por tercera vez asolaba nuestro país.

Las vidas de ambos aventureros se cruzarían en la jornada del 3 de junio de 1873 en un hotel vitoriano, en el cual se alojaba el galés (1). El joven Manuel, un soñador de casi 19 años, solicita unos minutos de su tiempo al periodista. Su intención, contarle los trazos principales de un pretencioso viaje con el que pretendía cruzar África de sur a norte, nada más y nada menos que doce mil kilómetros, desde el Cabo de Buena Esperanza a Trípoli. Stanley recibe sorprendido las soñadoras ideas de Iradier, quien disponía de pocos recursos económicos para tal empresa, aconsejando al alavés con la propuesta de un recorrido alternativo, pero no menos interesante: la exploración del Golfo de Guinea y sus costas y de ahí adentrándose hacia el interior a través del Río Muni.

El 14 de octubre de 1874 Iradier propone el nuevo proyecto a la Junta de “La Exploradora”, una sociedad viajera fundada, entre otros, por él mismo, y a la que cuatro años antes había planteado el itinerario inicial, que, como hemos visto, se vio reemplazado tras las recomendaciones de Stanley. Se daba el pistoletazo de salida, de esta manera, al primero de los dos viajes que el inquieto joven gasteiztarra emprendería por tierras (y aguas) africanas. Comenzaba así la intensa vida de Manuel Iradier y Bulfy, uno de los africanistas más destacados de nuestro país.

Y unido a sus viajes y exploraciones ira la también vitoriana Isabel de Urquiola (2), nacida dos días después que Manuel. Tremendamente enamorados, ambos se casan en la Iglesia de San Pedro de la capital alavesa el 16 noviembre de 1874 y exactamente un mes después comienzan un intenso viaje que, sin duda, marcará sus vidas. Les acompañaba la hermana de Isabel, Juliana, dos años menor que ella. De este modo, el 16 de diciembre los tres jóvenes salen de Vitoria y en Miranda de Ebro toman el tren correo que les llevará a Cádiz, previo paso por Burgos y Madrid, entre otros transbordos más. Portaba el trío de valientes unas 10.000 pesetas, aportadas íntegramente por el propio Iradier, diferentes herramientas y utensilios para mediciones y cálculos, así como ropa y demás pertenencias.

Iradier

Manuel Iradier

Dos días después de la Epifanía de 1875 zarpan de Cádiz, a las siete de la mañana, a bordo del buque “África”, con buen tiempo y viento del nordeste, que horas más tarde cambia suroeste. Los balanceos del barco no cesan y el viaje se vuelve desagradable. Todos mareados, incluido los camareros, olores nauseabundos y cucarachas paseando a sus anchas. Iradier sorprendido de las penurias del crucero alega que “no se comprende como siendo las Canarias una provincia española carece de relaciones seguras y cómodas con la península. (…) La navegación se haría más rápida y la seguridad y la tranquilidad de los pasajeros sería mayor”. (3)

Unas horas antes de arribar a Tenerife, de entre un claro de unas densas nubes situadas al suroeste, se les aparece el Teide. La isla estaba cada vez más cerca y con ello la primera de las escalas de su viaje rumbo al Golfo de Guinea. Para Iradier, Tenerife “brota del seno de las aguas” apareciendo ante él como “un cuadro sublime”. A su paso frente a las costas de Anaga, se queda asombrado ante ese agreste litoral que describe como “escombros amontonados como por mano de un gigante”. Los destellos de La Farola, cada vez más resplandecientes, les delatan que Santa Cruz está cerca, fondeando frente a la villa y plaza, el martes 12 de enero, a las siete y media de la tarde.

La llegada del “África” trajo una buena nueva a la población de Santa Cruz y del resto de la isla. Un cañonazo mandado disparar por el capitán del buque, seguido de varios cohetes y las luces de unas bengalas, alertaban a las gentes que se encontraban frente al litoral chicharrero de que el navío traía noticias. Y es que gracias a la tripulación y viajeros del vapor, llegó a oídos tinerfeños la primicia de que España contaba desde hacía varios días con un nuevo rey, el joven Alfonso XII.

Apenas tres horas estuvo el vitoriano en suelo tinerfeño. Dedicó ese tiempo a tomar algo en un café de la entonces plaza de la Constitución (actual plaza de La Candelaria) y a callejear. Esto le sirvió para realizar unas sencillas anotaciones en su diario que fueron las siguientes: “Los canarios se parecen á los vitorianos en que dan á las palabras un tono musical. Cuando el calendario anuncia Luna, no se encienden los faroles públicos en Santa Cruz; estos no son de hidrógeno carbonado. Las casas son muy bajas en general. De ordinario las calles están mal adoquinadas. Los comercios se cierran muy temprano. A los mozos de café no se les dá propina. Las naranjas valen baratas. Hace calor y me ha parecido sentir algún mosquito”.

Y completado ya el amanecer del 13 de enero, a las ocho y cuarto de la mañana, ponen rumbo a la vecina isla de Gran Canaria, a donde llegarían siete horas más tarde. Durante el trayecto entre ambas islas, al ver desde el mar el abrupto relieve tinerfeño, Iradier se pregunta por el sobrenombre del archipiélago: “Piedras y más piedras, dije, ¿Porqué los antiguos llamaron á estas islas Afortunadas, cuando su aspecto es tan triste y tan conmovedor? (…) Si las Canarias en la época en que fueron descubiertas por los pueblos de occidente tenían el aspecto que hoy presentan, las debieron llamar Afortunadas por su dulce clima, por la felicidad en que vivía el pueblo que las habitaba ó por aquello de que cada uno habla de la feria como le vá en ella”.

Una vez arribado a Las Palmas se aloja de manera provisional en la “Fonda del Herreño”, hasta que unos días más tarde se instala en una pequeña casita, rodeada de cactus y palmeras, enclavada cerca de la capital grancanaria. Manuel, su esposa y su cuñada, pasarían en ella casi tres meses y medio. Este periodo le sirvió para poder realizar pruebas y ensayos instrumentales, además de para aclimatarse. Y, claro, Iradier aprovechó esas catorce semanas de estancia en Gran Canaria para conocerla de costa a cumbre, desde La Isleta hasta el Pico de las Nieves, pasando por Teror, Arucas, Artenara y San Mateo. Le permite esto poder anotar en su diario las principales características físicas y humanas de esta isla canaria, de “clima sano y delicioso”, en la que “la cochinilla se exporta en grandes cantidades” y en la que viven gentes “de sencilla honradez y buenas costumbres”. Visita, como es lógico, la capital, habitada según Iradier, por unos 16.000 habitantes y cortada en dos por el cauce de un barranco (el de Guiniguada). En ella, en la cual el explorador llega a ver tres ejecuciones mediante la horca en una de las plazas, queda admirado por la Catedral, y refleja en sus anotaciones que el teatro y el mercado están en obras. Además, el vitoriano denuncia el mal emplazamiento del muelle, obra de un ingeniero al que se le acusa en la villa de “haber obedecido á sórdidos consejos venidos de Santa Cruz”.

Resulta interesante la descripción que Iradier realiza de los grancanarios con los que se topa en su acontecer por la isla. Así, en su obra “África: viajes y trabajos de la Asociación Euskara La Exploradora”, detalla de esta manera los aspectos que a primera vista más le sorprenden: “Ellos son altos, de buenos ojos, se dejan el bigote ó toda la barba que generalmente es negra, usan zaragüelles, llevan un cuchillo al cinto y cubren su cabeza con un sombrero ancho (cachorra). De estos detalles el cuchillo es lo que más debe inquietar, sin embargo esta arma en manos de un canario es menos peligrosa que los cuernos de los bueyes; sólo la usan para cortar cuerdas, picar tabaco ó podar las tuneras en donde se cría la cochinilla. Ellas son hermosas y á juzgar por lo que he visto, su cerebro debe estar como en las razas del Norte, superiormente organizado que el del hombre. (…) Son algo aficionados y aficionadas al ron, y el principal alimento de que hacen uso es el gofio y papas, putpurrí de harina de maíz mojada en agua; también el bacalao salado es su plato favorito. Son de buen trato y afables y de tan buen humor que hasta los hombres cargados de hijos se divierten en lanzar al viento cometas por las calles. Es común entre ellos el andar sin zapatos y la suela natural que se les forma en los pies sufre las cortantes piedras mejor que la de nuestros calzados”.

Y pasados tres meses en Gran Canaria, el 25 de abril de 1875, Iradier y sus dos compañeras de viaje, parten de Canarias rumbo al sur, el destino final y objetivo principal de su odisea. De esta manera, a bordo del “Loanda”, buque de la compañía British African Steam Navigation llegan a la isla de Fernando Poo, actual Bioko, el 16 de mayo. Apenas unas horas estuvo Iradier y familia en Santa Isabel, hoy Malabo, tiempo que dedican a conocer al Gobernador Diego Santiesteban Chamorro, entre otras personalidades. Al día siguiente recalan en la pequeña isla de Elobey Chico, que, con apenas 19 hectáreas de superficie y sin agua potable, será desde ese momento su nuevo lugar de residencia y base de operaciones. Llegó a decir Iradier: “El cúmulo de riquezas que produce no las aprovecha la metrópoli. No tenemos recursos ni para pagar a los trabajadores de color…, el hospital está en ruinas … y España nos tiene abandonados…”,

Isabel y Juliana serán quienes permanezcan de manera permanente en el islote, mientras que Manuel realiza varias incursiones a través de las cuencas de los ríos Aye, Utongo, Bañe y Muni. Pero los éxitos en cuanto a exploraciones, investigaciones y estudios no van acompañados de salud y calidad vida en Elobey. Tanto su mujer y cuñada como él mismo se ven sometidos por las fiebres y la malaria, pasando a vivir unos meses horribles e infernales en esa reducida e insalubre superficie de terreno frente a la desembocadura del Muni. Iradier llega a describir su situación física como la de “el esqueleto de un cadáver” con los ojos “hundidos y apagados”, las uñas sin rodete y el pelo cayéndosele a mechones.

Por si fuera poco, el 18 de enero de 1876 Isabel da a luz a su primera hija, de nombre Isabela (considera como la primera española nacida en esa zona africana). La situación familiar se agrava en esos momentos, al llegar al islote una recién nacida a la que se le avecinan idénticos males que los de sus padres y tía. De esta forma, cuatro días más tarde del parto los cuatro españoles abandonan Elobey Chico y se instalan en Santa Isabel de Fernando Poo. “Salía de la región del salvajismo y entraba en la civilización”, relata Iradier. Desde aquí el joven aventurero continuaría, a pesar de su mala salud, con sus exploraciones tanto fuera como dentro de la isla. Así, incluso llega a coronar el volcán Santa Isabel (3.011 msnm) (4), actualmente llamado Basilé (5), en cuya cima se encuentra una botella con anotaciones en su interior de los nombres de anteriores visitantes de la cumbre, entre ellos Richard F. Burton.

santa isabel

Pero las malas condiciones de salud de los cuatro no mejoran, al contrario, y lo peor estaba aún por llegar (6). El 28 de noviembre de 1876 muere la bebé Isabela, a consecuencia de las tremendas fiebres que padecía desde recién nacida (7). Este hecho marcaría desde ese momento la vida de los tres alaveses al perseguirles de por vida la culpa de la muerte de la pequeña. Por esa razón, Manuel consensúa con su cuñada y su esposa, que estaba embarazada de nuevo, quedarse solo en la isla y que ambas hermanas se trasladen a Canarias, huyendo de la penosa salubridad de Bioko.

Y es aquí en donde nace la segunda de las hijas del matrimonio. Bien entrado el año 1877, viene al mundo Amalia en Santa Cruz de Tenerife, en donde Isabel y Juliana residían. En junio Manuel regresa de Fernando Poo y el 24 de noviembre parten de Tenerife poniendo rumbo a Cádiz, a donde llegarían unos días más tarde. Finalmente, el 10 de diciembre llegan (¡por fin!) a Vitoria.

Siete años más tarde, Iradier emprende, ya sin sus anteriores compañeras de viaje, la segunda y última de sus expediciones. En esta ocasión, las intenciones son otras. Además de la exploración el objetivo pasa por la conquista y anexión a España del mayor número de superficie de terreno de esa región ecuatorial, incluyendo costas y zonas interiores. Para esta tarea contaba con el apoyo de la Sociedad de Africanistas así como de la Sociedad Geográfica Española, y, sobre todo, con mayores recursos económicos que en el anterior proyecto. Llegó a reunir 27.352 pesetas (8), de las cuales 5.000 son aportadas por el médico asturiano Amado Ossorio y Zabala (1851-1917), a condición de que pueda acompañarle en el viaje (9).

Y así, Iradier y Ossorio comienzan este segundo viaje en pleno verano de 1884, marchando de Vitoria a las seis de la tarde del 12 de julio rumbo a Madrid. Los dos integrantes de este modesto equipo debían de haber puesto inicio al viaje en primavera, pero el proyecto sufrió retrasos no esperados antes de iniciarse la aventura. Unos días más tarde regresan a la capital alavesa para modificar su recorrido, llegando a Barcelona, en donde el 25 de julio toman un barco que les llevará a Cádiz, previa escala en Málaga. De la “Tacita de Plata” parten hacia Tenerife el 2 de agosto. Casi un mes después de su salida de Vitoria por fin se adentran en el océano y enfilan proa al Golfo de Guinea.

Pero los imprevistos no cesan. Llegan a Santa Cruz de Tenerife en plena madrugada del 6 de agosto, en donde debido a cuarentenas no pueden más que fondear frente a la costa chicharrera durante seis días, haciendo más tarde un periplo de varias jornadas por las aguas del archipiélago antes de retornar hacia el norte y hacer trasbordo en Madeira, tomando otra nave que les llevaría, ahora sí a Fernando Poo. Esa navegación entre islas, que hacían a bordo de un buque inglés al que se le impidió, como hemos visto, la escala en las Canarias, les hace recalar en el Puerto de la Cruz el 12 de agosto, horas después de abandonar el litoral chicharrero. Al día siguiente llegan a La Palma y de ahí se dirigen a Las Palmas en donde fondearían el 14 de ese mes. Dos días más tarde navegan hacia Lanzarote, isla que dejan el día 18, para desde ahí llegar a Madeira. En Funchal permanecerían tres días y ya en un nuevo navío, de nombre “Lagos”, regresan de nuevo Tenerife. Recalan en Santa Cruz al amanecer del 24 de agosto y apenas la mañana de ese día dura la estancia de Iradier y Ossorio en la rada de la capital canaria (10).

Tras 31 escalas en sendos puertos y fondeaderos de la costa occidental africana, llegan, por fin, a Fernando Poo a las seis de la mañana del 28 de septiembre. Permanecen en esta isla 15 días, para el 14 de octubre, a bordo del vapor inglés “Quinsembo” llegar a Elobey Chico, comenzando, ahora sí, este nueva aventura por la cuenca del Muni.

Además de las tareas de anexión a España de las tierras ocupadas por diferentes etnias que habitaban la cuenca del Muni, realizaron trabajos de investigación astronómicos, antropológicos y naturalistas. De hecho, fueron los descubridores de tres especies de mariposas, que bautizaron con los nombres Oxyrrheppes Iradieri, Playphullum Ossoriori y Mustius Zabalius Guineensis.

iradiersentado

Iradier sentado en el centro a derecha

Pero unos meses más tarde, Iradier, asolado por las fiebres y con el estómago e hígado muy dañados, abandona la expedición para partir en solitario de Fernando Poo la noche del 28 de noviembre (Ossorio siguió en la zona y continuará con el proyecto dos años más). Llevaba consigo la documentación y planos que certificaban la incorporación a España de aquellos territorios. En total el vitoriano llegó a reunir actas firmadas por 101 jefes indígenas de diferentes tribus (pámues, bundemus, bijas, vicos, itemus, velengues, etc), lo que implicaba anexionar a nuestro país unos 14.000 kilómetros cuadrados de tierras ecuatoriales guineanas.

Ya en su viaje de vuelta a la Península Ibérica, el 20 de diciembre Iradier ancla en Santa Cruz de Tenerife. Desde la capital tinerfeña, y gracias al cable telegráfico puesto en servicio unos meses antes (11), envía un mensaje a Francisco de Coello, presidente de la Sociedad de Africanistas dando la noticia de sus logros. El telegrama decía así: “Obtenido Sociedad catorce mil kilómetros cuadrados territorio interior frente Coriseo incluso Sierra Cristal. Pactado diez tribus. No posible más en latitud por evitar conflicto internacional y en longitud por fiebres. País gran porvenir. Ossorio queda estación con recursos. Iradier”.

Apenas diez días más tarde, el viajero alavés llegaba a Madrid y unas semanas después a Vitoria. Finalizaba así este segundo periplo de Iradier por tierras africanas. Tanto este viaje como el primero quedarían plasmados, en 1887, en una obra suya de gran valor, relatada a modo de diario y acompañada de toda clase de datos, mapas y dibujos: “África. Viajes y trabajos de la Asociación Euskara La Exploradora. Reconocimiento de la Zona Ecuatorial de África en las costas de occidente: sus montañas, sus ríos: sus habitantes; clima, producciones y porvenir de estos países tropicales. Posesiones españolas del Golfo de Guinea. Adquisición para España de la nueva provincia del Muni”.

Volcados en su hijo Manuel, que había nacido en 1888 (12), la pareja Manuel-Isabel se distancia sentimentalmente, a pesar de seguir conviviendo juntos en varias ciudades del país, a donde era destinado Iradier para ocupar varios cargos burocráticos y empresariales (13). Él llega incluso a tener una amante, Petra, el ama de cría de su hijo, y ella, abatida y huraña, sufre enormemente durante los últimos años de su vida.

Pero, a punto de finalizar el XIX, de nuevo la calamidad aparece en la familia Iradier-Urquiola. Amalia, la niña nacida en Tenerife durante el forzado exilio de Isabel y su hermana debido a las penurias sanitarias en Bioko y Elobey, fallece el 21 de abril de 1899. La joven tomó la decisión de suicidarse, arrojándose desde el balcón de un segundo piso en su casa familiar, el día antes de su boda (14). Al parecer, Amalia, al igual que sus padres y su tía (15), padeció de fuertes fiebres con dolorosas consecuencias para su salud física y psíquica. Esta muerte supuso para Manuel e Isabel una desgracia y lamento eternos, al unirse a la pérdida de su primera hija en Fernando Poo 23 años antes.

Ambos mueren en el verano de 1911 relativamente olvidados (más ella que él) y continuamente martirizados por todo lo acaecido en el continente africano años antes (igualmente más Isabel que Manuel). El Muni había sido una ofuscación para él y una condena para ella. (16)

Así acaba la vida de un inquieto aventurero, gracias al cual una buena parte de la región del Muni pasó a ser posesión española, sin derramamiento de sangre y con procederes más respetuosos con las etnias del lugar que lo que otras naciones europeas solían llevar a cabo en África. Un alavés de nacimiento y africano de espíritu que en la ida y en la vuelta de sus dos expediciones al golfo guineano siempre hizo escala en Canarias, archipiélago clave en las comunicaciones entre Europa y las costas ecuatoriales africanas durante buena parte del siglo XIX y comienzos del XX.


  1. La antigua Fonda Pallarés, en la calle Postas.
  2. Para conocer más de esta vitoriana les recomiendo la obra de Cristina Morató “Las reinas de Africa: viajeras y exploradoras por el continente negro”, Plaza y Janés, 2003.
  3. Iradier y Bulfy, Manuel: “África: viajes y trabajos de la Asociación Euskara La Exploradora.
  4. 13 de abril de 1877
  5. El Pico Basilé, antes conocido como Santa Isabel, es el punto más alto de Guinea Ecuatorial. Este volcán es la cuarta montaña con mayor altitud de todas las islas del Atlántico (la primera es el Teide, seguido del Gunnbjörn (Groenlandia, Dinamarca) con 3.694 metros y el Pico Duarte (República Dominicana) con 3.098 metros (la mayor altitud en las islas caribeñas)).
  6. Iradier relata esos meses en Santa isabel de la siguiente manera: “Cuando llegué a Fernando Poo, quemado del sol, demacrado, destrozado, tembloroso, creí que había terminado la época de los sufrimientos y comenzaba la de las compensaciones. 66 ataques de fiebre sufrí en Santa Isabel, 37 mi esposa, 16 mi cuñada y 15 mi hija. (…) La muerte nos acechaba”.
  7. Quedó enterrada en la isla, “al pie de un gigantesco caobo”.
  8. Recibió ayuda económica hasta del rey Alfonso XII (3.000 pesetas), así como de aristócratas, familias adineradas vascas e incluso de bancos.
  9. Se les uniría a la expedición el Capitán de Fragata José Montes de Oca y Aceñero, que ocupaba el cargo de Gobernador de Fernando Poo.
  10. La comunicación en ese momento con Fernando Poo era por medio de vapores ingleses que salían cada semana desde Liverpool, haciendo escala en muchas ocasiones en Madeira y/o Canarias.
  11. La llegada del cable telegráfico submarino a Tenerife se produjo el 6 de diciembre de 1883.
  12. Falleció en Madrid el 18 de septiembre de 1958.
  13. Se dedica, además, a realizar inventos muy útiles y prácticos, pero con diferentes resultados comerciales (un nuevo procedimiento tipográfico destinado a reducir los tiempos de imprenta, un avisador de incendios, un contador automático de agua y un fototaquímetro, entre otros).
  14. Uno de sus tíos también se había suicidado de la misma manera años antes.
  15. Falleció en 1880 debido a las fiebres contraídas en África.
  16. El 19 de agosto de 1911, muere Manuel Iradier (en Balsaín, Segovia), siendo enterrado en La Granja para posteriormente trasladar sus restos a Vitoria, y el 15 de septiembre de 1911, fallece Isabel de Urquiola, quien está enterrada en Madrid.


Miguel Ángel NORIEGA AGÜERO

Miembro de la Tertulia Amigos del 25 de Julio


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