Entradas de "Anaga"

Embalse del Cuchillo

Nov 27, 2016   //   autor: Miguel A. Noriega Agüero   //   Anaga, Blog  //  Comentarios desactivados en Embalse del Cuchillo

En el curso medio del Barranco del Bufadero, en la vertiente sur del tinerfeño macizo de Anaga, se halla una modesta charca, pariente cercana, si me lo permiten, de la vecina de Tahodio, situada en el valle homónimo. Se trata del embalse del Cuchillo, encajada aguas abajo de la unión de los valles de Crispín y Brosque, en un lugar antes denominado como “Huerta del Cuchillo”, de ahí su nombre.

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Situación de Embalse de Tahodio (marcado en amarillo) y del Cuchillo (en rojo),
sobre imagen de Google Earth

La historia de esta represa arranca en el primer tercio del siglo pasado. A comienzos del año 1922, varios peticionarios solicitan autorización para aprovecharse de las aguas que discurren por ese barranco mediante la construcción de una embalse con su necesaria presa. El proyecto, fechado el 25 de enero de 1922, obra del Ingeniero Juan Galán Herrera, preveía el almacenaje máximo de 106.203,570 metros cúbicos de agua, destinado por completo al riego de terrenos de estos solicitantes. Los demandantes eran: Sebastián Déniz Hernández, Felipe Poggi González, José Déniz Fernández, Luis Díaz Rodríguez, Pedro Pérez Hernández, Pedro Hernández Rodríguez, José Hernández y la viuda e hijos de Salvador Mederos.

Estos tuvieron que esperar casi tres años hasta tener noticias oficiales del estado del proyecto ligado a su solicitud. En sesión de la comisión permanente del Cabildo Insular de Tenerife de finales de septiembre de 1924 se aprueba el pase a la Comisión de Fomento del expediente. Y dos años y medio después el proyecto es al fin aprobado, en abril de 1927. A partir de ese momento se daría el pistoletazo de salida para el comienzo de las obras. En unos meses se completaría la construcción de esta nueva presa del macizo, que entraría en uso apenas dos años más tarde de la ya citada de Tahodio.

Sus principales características son:

DATOS HIDROLÓGICOS

– 6,25 Kilómetros cuadrados de superficie de la cuenca

MURO

– 17 metros de altura

– 69 metros de longitud en la parte alta

EMBALSE

– 12.004 metros cuadrados de superficie

A partir de ese momento, primeros meses de 1928, Anaga contaba con un nuevo embalse destinado al riego de fincas de cultivo, esta vez del barranco del Bufadero. Curiosamente, este charca sirvió, como era de esperar, para el disfrute y baño de los vecinos del lugar. Tal es así que en una ocasión llegó a morir un joven, Vicente Tejera Martín, quien se ahogó el 8 de julio de 1928 mientras se bañaba en estas aguas junto a su hermano y un amigo.

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Imágenes actuales de la charca

Actualmente la charca se carga de agua tras las lluvias del otoño e invierno, gracias al aporte que le proporcionan los dos valles que se unen apenas unos 540 metros aguas arriba del embalse. Uno de ellos, el más occidental, es el Valle Crispín, con una cuenca que arranca desde la Hoya Guañaque, bajo las Casas de la Cumbre. El otro, de mayor superficie, es el Valle Brosque que desciende desde Mataborricos y el Majimial.

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Cauces de los valles que surten a la charca (azul): Crispín, en amarillo, y Brosque, en rojo


Miguel Ángel NORIEGA AGÜERO

Geógrafo y miembro de la Tertulia Amigos del 25 de Julio


El viejo camino a Igueste desde San Andrés

Dic 23, 2015   //   autor: Miguel A. Noriega Agüero   //   Anaga, Blog  //  Comentarios desactivados en El viejo camino a Igueste desde San Andrés

El macizo de Anaga se nos presenta a la vista como una agreste península situada en el noreste de la isla de Tenerife, dominada por un rosario de intercalados barrancos y crestas y limitada por verticales acantilados, pintorescas playas de arena negra y roquedos sinuosos. Con estas condiciones del relieve no es de extrañar las deficientes comunicaciones con el resto de la isla padecidas por la población local durante varios siglos. Igueste de San Andrés es uno de esos núcleos que ha sufrido la lejanía que suponen las restricciones y dificultades de esta majestuosa orografía, pese a estar cerca e incluso viendo desde él a la villa y puerto de Santa Cruz de Tenerife.

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Igueste de San Andrés y costa sur del macizo de Anaga
(al fondo Santa Cruz de Tenerife)

Esto ha supuesto que la comunicación con Santa Cruz se haya realizado principalmente durante varios siglos por vía marítima. Era, sin lugar a dudas, la manera más rápida y segura de ir y venir desde la villa chicharrera, pudiendo ya en la plaza establecer comunicación con otras zonas de la isla ya por caminos o carreteras. De este modo, personas y mercancías (plátanos, tomates, mangos, etc) partían desde Igueste en modestas naves a vela, remo y motor, según la época y el buque, claro está.

Fue clave para Igueste la mejora de la comunicación por mar que propició la construcción del embarcadero levantado por el Ministerio de Fomento a mediados de 1888 (comenzaron las obras en agosto del año anterior). Este pequeño muelle formaba parte de las infraestructuras necesarias para la instalación en la atalaya iguestera del Semáforo de la Armada, que entró en funcionamiento unos años más tarde, concretamente el 4 de diciembre de 1895. Así, se edificó este dique y desde él una nueva vereda que ascendía hasta el edificio militar, de un metro de anchura (en algunos tramos se llega a superar esta medida) y con canal de desagüe de aguas de escorrentía en el lateral interior del camino. Tan extraordinario era (y es) este sendero en comparación con el que llegaba desde San Andrés por la costa y otros de la zona que los vecinos de Igueste lo apodaron (y continúan llamando) “la carretera”.

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Restos del embarcadero ligado al Semáforo de Igueste

Pero existía de manera paralela una comunicación vía terrestre con el resto del macizo y La Laguna, a través de la cumbre, y con Santa Cruz, gracias a una estrecha, sinuosa y peligrosa vereda costera, literalmente colgada en el acantilado, y que llegaba a San Andrés para allí tomar el camino del litoral que conducía a la villa. Este sendero fue utilizado desde la conquista y supuso hasta el primer tercio del siglo XX la única manera de conexión terrestre de Igueste con su vecino San Andrés y, por ende, con Santa Cruz de Tenerife.

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Postal antigua con una imagen del camino a su paso por la Punta de Los Órganos
(Las Teresitas, San Andrés)

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Estado actual de esta misma zona de la Punta, 
aún con restos del sendero en la ladera

Tras atravesar la Punta de los Órganos, superaba a media altura la ladera que desciende a la playa de Las Gaviotas para, más adelante, atravesar el barranco de Valleseco, la Hoya del Agua, sobre la playa de la Fuente de la Cueva, y con ello llegar hasta el barranco del Balayo. Una vez ahí, superada la mitad del recorrido, continuaba sobre el acantilado, cruzaba el barranco de Tagarga y llegaba por fin, tras unos cinco kilómetros de itinerario, hasta Igueste.

Así nos relatan algunos de los muchos viajeros que se adentraron antaño en el macizo de Anaga, su paso por este escabroso sendero:

Dos años en las Canarias (Charles F. Barker)

El viajero y vendedor de biblias británico Charles F. Barker recaló en Canarias allá por el mes de septiembre de 1885, vía Tánger. Tras una estancia en Gran Canaria, visita también La Palma y Tenerife. En uno de sus viajes por estas tres islas vendiendo biblias en castellano y bilingües, se adentra en Anaga, partiendo de Santa Cruz, lo que le permite visitar varios núcleos, entre ellos Igueste, tras su paso por San Andrés. Así nos relata:

Después de comprar pan, seguimos adelante por el borde del mar y por unos agrestes acantilados cortados a pico, llegando al Valle de Igueste alrededor de las 5:30.

Revista “Artes y letras” (Pedro Maffiotte) 31 enero 1903

En esta revista, el cchicharrero Pedro Maffiotte llega hasta Igueste, con el objetivo de ascender a la atalaya y visitar el Semáforo y el “bujero del Robado”. Nos relata así su paso por el camino en cuestión:

Subidas, bajadas, pedruscos, tropezones, todo eso hay que pasar, faldeando unas tremendas montañas acantiladas para llegar a Igueste, donde no me detuve más que un momento para tomar un vaso de agua y vino en un ventucho y adelante siempre por la orilla del mar, sobre piedras resbaladizas y musgosas, hasta llegar a cien metros casi del tal Roquete …. alto! De aquí no se pasa, sino nadando o volando.

 La isla de Tenerife: su descripción general y geografía (Juan López Soler)

En 1906 sale a la luz la obra “Descripción de Tenerife”, sin duda la más destacada del militar ferrolano Juan López Soler. Tras ser destinado a la Capitanía General de Canarias en 1898, con empleo de capitán, permaneció en las islas un año y medio aproximadamente, dedicando especialmente sus labores a tareas topográficas. Esto le sirvió para recorrer multitud de caminos y carreteras visitando con ello el amplio número de núcleos y barrios que salpican Tenerife, isla en donde pasó la mayor parte de su estancia canaria. A Igueste llega desde el vecino barrio de San Andrés por un camino costero, relatado de la siguiente manera:

El camino que por la costa se dirige a Igueste, es sumamente accidentado, teniendo pasos muy difíciles; cruza el Barranquillo de Tras de la Arena, el de Las Yeguas, Barranquillo de Herradores, hasta llegar al de Igueste en donde se encuentra el caserío del mismo nombre, pasando por la parte baja de Los Órganos, abruptas rocas que cortadas a pico se encuentran a la izquierda del camino.

Las islas Canarias: descripción de Tenerife (Louis Proust y Joseph Pitard)

Louis Proust y Joseph Pitard fueron dos viajeros e intelectuales franceses que visitaron el archipiélago en los años 1905 y 1906. Louis era botánico y docente, además de reputado investigador. Joseph estudió derecho y desempeñó varios cargos políticos en el país galo. Ambos caminaron varias jornadas por el macizo de Anaga y llegan a Igueste desde la cumbre, tras visitar el Faro, en lo alto de Roque Bermejo. Nos relatan su paso por este rincón de la isla de la siguiente manera:

Hay que echar cinco o seis horas de marcha a través de estos parajes, que desafían cualquier descripción, antes de llegar a Igueste, pequeño valle verde en cuyo fondo se agrupan algunas casitas de pescadores. Más allá de Igueste no dejamos de bordear el mar, tanto por una playa de arena negra que nos quema los pies como por unas elevadas cornisas, siempre atravesando hondonadas y barrancos, y no tardamos en bajar a San Andrés, desde donde una excelente carretera conduce rápidamente a Santa Cruz.

Viaje a las Islas Afortunadas: Cartas desde las Canarias en 1879 (Jules Leclercq)

El viajero belga Jules Leclercq realiza un recorrido por varias islas del archipiélago centrándose en Tenerife. De esta manera recorre el macizo de Anaga y en su relato entre el Faro de la Punta de Anaga y San Andrés nos cuenta:

(…) pasado Igueste, vamos siguiendo la orilla del mar, unas veces, por la playa; otras, por cornisas suspendidas en el aire, yendo de valle en valle y de barranco en barranco.

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Mapa en el que se encuentra representado el sendero entre San Andrés e Igueste,
que aparece en la obra: Wanderungen im canarischen Hoch und Tiefland  (1896)

Pero, al igual que a otras zonas de la isla, tarde o temprano la carretera y con ello los automóviles habrían de llegar hasta este apartado rincón de Anaga. Primero el necesario tramo Santa Cruz-San Andrés, que en 1886 llegaba hasta El Bufadero y unos años más tarde completaría recorrido en San Andrés (después se construiría la vía hasta Taganana, a donde llega en 1939).

Arranca el siglo XX y en 1911 se inician los trámites de construcción de un camino vecinal de San Andrés a Igueste. Así ese año se publica en el Boletín Oficial de la Provincia la declaración de utilidad pública de esa vía. Pero el proyecto no sale adelante. Un par de años más tarde, incluso desde Igueste se solicita que la carretera proyectada a Taganana cambie su recorrido. Así, se insta a que esta vía llegue a Igueste, suba hasta la cumbre para después descender hasta Benijo, atravesar Almáciga y así llegar a su destino. Este proyecto, como todos sabemos no se llegaría a culminar. Finalmente en 1921 se aprueba un proyecto de carretera a Igueste con un presupuesto de 242.777 pesetas. Al año siguiente se inician las obras. Se abre, pues, una pista en los años 20, que sería asfaltada en los 40. Llegaba así, por fin, la carretera al núcleo iguestero y con ello la vieja vereda que partía desde San Andrés por Los Órganos y El Balayo comenzaría su fallecimiento y desaparición.

En la actualidad algunos tramos de elle resisten al paso de tiempo, los derrumbes, la vegetación y las lluvias. Desde la carretera pueden verse aún pequeñas secciones del camino, dándonos la idea de cual peligroso era el tránsito por él y lo colgado que iba a través de esta accidentada costa, plagada de acantilados y escarpes verticales. Veamos algunas imágenes actuales tomadas desde la carretera (TF-121) todas ellas repetidas al llevar representados con lineas de puntos los tramos que aún hoy se pueden encontrar, afinando la vista y con algo de intuición, claro está.

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La Mesa del Ramonal

Dic 11, 2015   //   autor: Miguel A. Noriega Agüero   //   Anaga, Blog  //  Comentarios desactivados en La Mesa del Ramonal

Entre los santacruceros barrios de Valleseco y María Jiménez, situados en las desembocaduras de dos barrancos de la vertiente sur del macizo de Anaga, se haya una modesta montaña de inconfundible perfil y apenas 460 metros de altitud. Estamos hablando de la Mesa del Ramonal, una característica elevación en cuya cumbre y laderas han acontecido algunos de los episodios más destacados de la historia de Santa Cruz de Tenerife. Procedamos pues con este artículo a ir viendo algunas pinceladas de esos sucesos.

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Mesa del Ramonal desde la Montaña de Altura de Paso Alto

22 DE JULIO DE 1797

Tres días antes del célebre ataque inglés a la ciudad de Santa Cruz de Santiago de Tenerife, liderado por el entonces contraalmirante Horatio Nelson, y la consecuente victoria por parte de las tropas y pueblo de la isla bajo el mando del General Gutiérrez (episodio ya comentado en otros artículos de esta web), la escuadra británica puso su objetivo en desembarcar en el litoral de Anaga, al norte de la villa. Así, al amanecer del 22 de aquel caluroso mes de julio de 1797, los ingleses pretenden sin éxito el ataque mediante acercamiento y desembarco en las inmediaciones del Castillo de Paso Alto. Repelida la ofensiva por la guarnición española de esa fortificación, Nelson ordena la retirada y posterior desembarco más al norte, fuera del alcance de la artillería de Paso Alto (fortaleza que contaba con 15 cañones y 55 artilleros en aquel momento). Así, a las 9 de la mañana casi un millar de ingleses pone pie en tierra en la costa de El Bufadero, a unos centanares de metros de la desembocadura del barranco de Valleseco, bajo las laderas que descienden desde la Mesa del Ramonal.

Los británicos logran con éxito ese desembarco y se adentran aguas arriba por ese barranco e incluso llegan a ascender por las faldas de la Mesa. El plan, muy sencillo, aunque quizás algo imprudente y alocado: la toma de la ciudad atravesando las estribaciones más al sureste de Anaga, con la cresta que finaliza en la Montaña de la Altura de Paso Alto como gran escollo, y la incursión hacia La Laguna, a través de los barrancos y crestas de esa zona del macizo. El General Gutiérrez de Otero conocedor de las intenciones inglesas, ordena la posición de varios centenares de hombres en lo alto de La Altura para poder hacer frente a las tropas británicas.

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Montaña de la Altura desde la Mesa del Ramonal

Durante varias horas de aquella tórrida jornada se sucede el enfrentamiento entre ingleses, situados en las faldas y promontorios de la Mesa del Ramonal, y españoles, enclavados, como ya hemos visto, en la cima de La Altura. El barranco era pues testigo de aquel combate, que se saldó con tres muertos ingleses (uno de ellos debido al calor y la sed y otros dos a causa de los certeros disparos de las tropas españolas, que, además, lograron herir a otro soldado extranjero), cuyos cuerpos fueron enterrados desnudos en la playa de Valleseco.

Al final de la jornada, previo al anochecer, el millar de británicos ya estaba de nuevo a bordo de las naves fondeadas frente al litoral de Santa Cruz. De nuevo el plan de Nelson de efectuar un desembarco y consecuente ataque por el norte de la plaza era rechazado. Después llegarían los calmados días 23 y 24, previos al episodio del 25 de julio, sin duda el más conocido de la Gesta.

 

LA JURADA

La vertiente meridional de la Mesa del Ramonal se nos presenta hoy en día como la más alterada y transformada de esta montaña, habiendo perdido su perfil natural debido, entre otras razones, a las labores que dieron lugar a la cantera de La Jurada, de la cual actualmente podemos ver sus efectos.

A finales del XIX (el 28 de noviembre de 1899 se lleva a cabo la primera voladura) comenzaron los trabajos de obtención de piedra, destinada a la construcción de dársenas, escolleras y otras infraestructuras portuarias, además de para el relleno del solar resultante tras el derribo del Castillo de San Cristóbal en 1929, entre otros cometidos. Así, durante varias décadas se llevaron a cabo voladuras hasta que en diciembre de 1974 una orden judicial paraliza los trabajos, debido a los inconvenientes que causaban las detonaciones en las edificaciones del vecino barrio de Valleseco. Tras ellos en 1976 se clausura la explotación para posteriormente, ya en los años 80, ser utilizada como ubicación de depósitos de combustible.

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Voladura en La Jurada

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Trabajos de recogida, carga y transporte de material en la cantera de La Jurada

De aquellos trabajos de descargas y obtención de material para relleno nos queda el tajo a la montaña, visible hoy desde la carretera a San Andrés y el mar, así como una vieja locomotora ubicada a modo expositivo en el presente frente a la cantera. Se trata de la Locomotora F-6, la cual llegó desde Alemania en los años 20 del pasado siglo, junto con otras cuatro propulsoras de 160 caballos de potencia.

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Locomotora F-6 hoy restaurada y expuesta en el paseo de la carretera de San Andrés

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Características de la locomotora F-6

Como curiosidad podemos relacionar a esta cantera con la realización de dos películas en las que salen imágenes de La Jurada en plena actividad. Una de ellas se titula El ladrón de los guantes blancos, obra de 1926 a cargo de los directores  José González Rivero y Romualdo García de Paredes. Es muda y tiene el honor de ser la primera película rodada en Canarias y contando con todo el equipo formado por canarios. En ella vemos imágenes de La Jurada en los minutos 14:30 y 83:05. Pueden verla aquí: mdc.ulpgc.es.

El otro film es del año 1956 y se titula El reflejo del alma, del director Máximo G. Alviani. Aparecen imágenes de la cantera en los minutos: 14:25 y 32:00. Aquí la película completa:

EL REFLEJO DEL ALMA (1956) from miramuro on Vimeo.

 

 BATERÍA DEL BUFADERO

A través de Real Orden de 30 de julio de 1896 se aprueba la construcción de una batería costera, según proyecto del Comandante de Ingenieros Luis Durango, entre los barrios de Valleseco y María Jiménez, a los pies de la Mesa del Ramonal. En esta zona del litoral ya llegó a haber anteriormente una modesta batería levantada a mediados del siglo XVII, meses antes del ataque de Blake en 1657, pero fue abandonada, llegando a desaparecer en la posterior centuria, ya que, como vimos en líneas anteriores, las tropas de Nelson desembarcaron en esta zona, gracias a que no había ningún puesto defensivo entre Paso Alto y San Andrés.

Como ya se sabe, los últimos años del siglo XIX fueron muy convulsos en el país, ya que tras la entrada en guerra contra Alemania a raíz del conflicto por las Islas Carolinas en 1885, España se enfrenta contra los EEUU para la defensa de las posesiones de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y la isla de Guam. Es por esta razón que se ve la necesidad de la construcción de esta batería, que paradojicamente no llegaría a estar artillada hasta 1914, con tres cañones Munáiz-Argüelles 150/45, que llegarían a estar en la base hasta abril de 1974.

Esta batería formó parte del plan de defensa de costa del la isla durante los años 40, debido a la posibilidad de invasión aliada de las Canarias durante la Segunda Guerra Mundial. De esta manera, además de las piezas citadas, contó, como medida de protección antiaérea, con un cañón Hispano-Suiza de 20 mm y una ametralladora Maxim de 7,92mm. Como apoyo sus funciones, llegó a tener un proyector nocturno de 90 cm (situado en la ladera sobre el actual falso túnel de la autovía de San Andrés, pasada la desembocadura del barranco de María Jiménez) y un telémetro, modelo Zaragoza, de base vertical, en la parte alta de la trasera al puesto, en la falda de la Mesa del Ramonal, a 127 m de altitud.

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Batería del Bufadero, fachada principal

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Frente trasero de la batería, lado mar

Las tres instalaciones se encuentran actualmente en un estado ruinoso. La batería, junto a la que transitan cada día miles de chicharreros corriendo y paseando, está vallada, abandonada, rodeada en su frente de mar por restos de grúas y otros elementos ligados al puerto y con parte de su fachada principal derruida debido a las lluvias de aquel maldito 31 de marzo de 2002.

Y lo mismo ocurre con el túnel y plataforma del proyector, en estado de abandono y sin mantenimiento alguno, así como el telémetro, con el techo derruido y habiendo perdido gran parte de las escaleras de acceso a él desde la batería.

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Emplazamiento del telémetro de la batería del Bufadero, señalado con flecha roja

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Escaleras de acceso al telémetro

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Restos del telémetro de la batería del Bufadero

BALNEARIO

Junto a la batería del Bufadero, llama la atención hoy en día, de manera negativa debido al abandono y desolación en el que se encuentra, una construcción más reciente, actualmente vallada y apuntalada. Se trata del añorado Balneario idea surgida en los años 20 del pasado siglo a Santiago García Sanabria, y que vio la luz años más tarde gracias al proyecto del arquitecto Domingo Pisaca y Burgada. Contó con varias reformas y ampliaciones posteriores, llegando a estar en uso hasta 1992.

Contaba con varias piscinas, un restaurante, varias terrazas, pistas de tenis …, e incluso disfrutaba de una playa a su vera. Hoy en día, este lugar no es ni la sombra de lo que fue. De un lugar de ocio gozado por miles de santacruceros a unas ruinas sin proyecto de reconstrucción ni nuevo uso, que presentan peligro de derrumbe y apenan sobre todo a aquellos que antaño se recrearon en sus instalaciones.

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Varias imágenes actuales del balneario y sus instalaciones

LA CIMA

Ya ven todo lo que da de sí una montaña y las laderas que la sustentan. Pero no nos queremos olvidar de su cima. En ella aún permanecen restos de muros de bancales que atestiguan la anterior actividad agrícola llevada a cabo en estas alturas. No es de extrañar que hasta en la cima de promontorios como este se desarrollara la agricultura, fundamentalmente de secano a base del cultivo de cereales. Basta con ascender al Roque del Conde, en el sur de la isla, para darse cuenta de hasta qué lugares eran utilizados como terrenos de cultivo.

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Fincas de cultivo abancaladas ya abandonadas, en lo alto de la Mesa del Ramonal

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Les invito a subir a la Mesa y disfrutar de una caminata con una agradable recompensa: unas extraordinarias vistas del macizo de Anaga, Santa Cruz de Tenerife, los barrios de Valleseco y María Jiménez y el Puerto. Al subir, imagínense rodeados por un millar de ingleses encaramados en la montaña bajo el mando de Nelson, observen la cantera desde arriba en singular perspectiva, pregúntense cómo diablos subían antaño hasta allá arriba para cultivar el cereal. En definitiva, disfruten del lugar y de su historia.

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¿Cómo subir a la Mesa del Ramonal? Aquí tienes en wikiloc el itinerario de subida (y bajada) que yo efectué:

Mesa del Ramonal desde El Bufadero

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Batería y atrincheramiento de Altura

Sep 20, 2015   //   autor: Miguel A. Noriega Agüero   //   Anaga, Blog, Historeando  //  Comentarios desactivados en Batería y atrincheramiento de Altura

Apenas unos meses después de la segunda quincena de aquel caluroso mes de julio de 1797, sin duda alguna marcada para siempre en la isla por la Gesta frente a la escuadra inglesa de Nelson, se comenzaban las obras de construcción de una batería y otros elementos asociados a ella en lo alto de la Montaña de Altura de Santa Cruz de Tenerife. El General Antonio Gutierrez de Otero, Capitán General de Canarias en ese momento, ordenó levantar ese puesto militar en la cima del risco, como apoyo a las fortificaciones de San Miguel y Paso Alto, situadas al pie de esta montaña, en la línea de costa que cerraba a Santa Cruz por el norte. Y es que Gutiérrez apreció la enorme utilidad de la cumbre de esta montaña durante el día del 22 de julio de 1797, jornada durante la cual se produjeron los dos primeros desembarcos ingleses. Antes del amanecer el primero de ellos, cercano a Paso Alto, y el segundo, en el entorno de El Bufadero, frustrado este al ser repelido por las tropas españolas situadas precisamente en la cima de La Altura. Desde esta cumbre, varias decenas de hombres armados de mosquetes y 4 cañones calibre 40 mm, denominados “Violentos”, repelieron el ataque e intento de toma de Anaga y Santa Cruz por parte del más del millar de ingleses que se apostaban en las inmediaciones del barranco de Valleseco y las laderas y los riscos de la Mesa del Ramonal. En total ascendieron a esta montaña y se destacaron en este risco: 40 miembros del Batallón de Infantería de Canarias, 60 reclutas de las Banderas de La Habana y Cuba, 16 artilleros, 25 Cazadores libres al servicio de la Plaza, 30 milicianos y 40 franceses, pertenecientes a la corbeta gala “La Mutine”, que había sido robada semanas antes por los ingleses (al igual que hicieron con la fragata “Príncipe Fernando” en abril de ese mismo año).

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Mural dedicado al episodio acaecido el 22 de julio de 1797 en la Exposición sobre 
la Gesta del 25 de julio en el Museo Militar de Almeyda (verano de 2015)

Así, se crea esta batería fija, denominada como de “San Sebastián” y que según un documento fechado el 9 de enero de 1799, el General Gutiérrez le otorga el nombre de “Santa Cruz de Santiago” en conmemoración de la fecha de la Gesta, coincidente con la festividad de Santiago:

En memoria de la Victoria conseguida por las Armas del Rey contra sus enemigos el día 25 de Julio del año penúltimo, he dispuesto que la obra empezada en la altura de Paso Alto de resulta del desembarco de éstos se nombre desde ahora Fuerte de Santa Cruz de Santiago lo que se prevendrá en la orden de este día para su puntual cumplimiento. Santa Cruz de Santiago, 9 de Enero de 1799

(Fuente: Recuerdo de un bicentenario (1797-1997), página 91 (Pedro Ontoria))

“San Sebastián” o “Santa Cruz de Santiago”, esos fueron dos de los nombres de este emplazamiento situado en la cima de esta modesta montaña de Anaga, pero que, como gracias a un documento del Coronel Santiago Bethencourt fechado a principios del año 1900, podemos saber que también ha tenido los nombres de atrincheramiento de “La Altura” o “La Altura de los Ingleses”, esto último probablemente a raíz de lo acontecido frente a los hombres de Nelson, ya citado en líneas anteriores.

A finales de 1797, Gutiérrez encarga proyectar y dirigir la construcción de este nuevo puesto militar al Mariscal de Campo, perteneciente al Real Cuerpo de Ingenieros, Luis Marqueli Bontempo, a quien le encargó igualmente efectuar los reparos que fueran oportunos en el Castillo de Paso Alto. Marqueli es autor también del “Plano de la Altura de Paso-Alto y de las obras executadas en ellas” (1798) que aún se conserva en el Centro de Historia y Cultura Militar de Canarias y del que ya hablé hace unos meses en esta misma web. En ese mapa podemos ver cómo era en esos primeros momentos la batería, compuesta de 5 emplazamientos y 7 explanadas, muralla, aljibes, alojamientos y depósitos. Además, mejorando el acceso a ella se construyó un camino de subida a la cima de metro y medio de ancho y unos 900 metros de longitud.

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(ver en grande)
Plano de la Altura de Paso-Alto y de las obras executadas en ellas (Luis Marqueli, 1798)
(Archivo Histórico Militar de Almeyda, Centro de Historia y Cultura Militar de Canarias)

Ya comenzado el siglo XIX, en 1808, esta batería es desartillada, al igual que lo sería en esos años la de Santiago o de los Melones. Este emplazamiento de Altura volvió a ser artillado con 6 morteros de bronce en 1898, dispuestos en 4 explanadas, a raíz del conflicto originado entre España y los EEUU a causa de Cuba, Filipinas, Puerto Rico y Guam. Así mismo, en ese momento se repara una caseta de madera construida años antes en la cima, destinándola al alojamiento de los 8 artilleros que conformaban ese puesto.

Comenzado el siglo XX, la cima de La Altura es utilizada como punto de observación y estación telemétrica entre las baterías de la ciudad. En 1913 se mejora ese emplazamiento reformando las instalaciones (destruidas por un temporal en el otoño de 1910) con una nueva caseta de madera de 6,50 x 3,25 metros dedicada a albergar en dos departamentos los aparatos telemétricos y telefónicos y servir de alojamiento al personal destinado en ese lugar. En ella estaba instalado el telémetro “Zaragoza”, que era utilizado gracias a un ventanal corrido hacia el lado mar, que permitía una visibilidad de 160º, desde el Bufadero, al norte, hasta la batería de Taco nº1, viéndose en esa perspectiva la estación telemétrica de Las Tiñosas, al sur. Anexo a esta se construyó, además, un tinglado, de 3,25 x 3,25 metros, para cocina, con depósito y aljibe.

Años más tarde, una vez estallada la II Guerra Mundial, la cima de La Altura sirvió de ubicación para la construcción de nuevas instalaciones, destinadas a puesto de mando, observación y telémetro, ligadas a la batería de Paso Alto, encuadradas en el Plan de Defensa de Canarias, proyectado por el Teniente General Serrador.

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En la actualidad, la cima de La Altura de Paso Alto alberga varias antenas de comunicaciones y otras instalaciones ligadas a ellas, accediéndose a la cumbre mediante una pista que sube desde el Barrio de la Alegría, denominada aún “Pista Militar”. Además, se conservan en relativo buen estado la red de túneles y salas que albergaron el puesto de mando y telémetros establecidos en los años 40 del pasado siglo. De la primera batería de finales del XVIII y la segunda de 1898 poco queda en hoy en día. Únicamente permanecen en pie dos auténticas joyas (reliquias) construidas por Marqueli en 1798 y probablemente reformadas en décadas posteriores, ligadas a las mejoras realizadas para los siguientes emplazamientos militares ya comentados. Se trata de un tramo de casi 200 metros de la muralla que discurría por la cresta de la montaña y de un aljibe, situado por encima de la actual pista de acceso, y como complemento a este, un pequeño murete con atarjea que suministraba el agua de escorrentía que se deslizaba por esta parte alta de la ladera sureste de la montaña.

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(ver en grande)

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(ver en grande)
Restos de muralla por la cresta de la Montaña de Altura

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Aljibe y atarjea

La antigua vereda de acceso a la cumbre se perdió por completo en su tramo bajo y medio, como consecuencia de la urbanización del barrio de la Alegría y la construcción de la pista militar. Únicamente en su tramo más alto, se intuye entre rabos de gato, balos, verodes y tabaibas el recorrido de esta vía y permanecen a la vista dos pequeños e insignificantes tramos de muros de contención del viejo camino de subida a La Altura. Alineando esos tramos de pared el camino llegaba a la cumbre, tras la última curva, en el lugar en donde hoy asciende por el talud de la actual pista una serie de escalones, construidos, quizás, para tener salida a ella. Esto me lleva a pensar que probablemente en el momento de construirse la pista militar (años 40 del pasado siglo) el vetusto camino de subida a la montaña aún se conservaba relativamente mucho mejor que ahora.

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Tramo del muro de contención en la ladera ligado
al antiguo camino de subida a la Montaña

Les invito a que asciendan a lo alto de la Montaña de Altura de Paso Alto y, además de disfrutar de sus formidables vistas, conozcan los restos de túneles y salas subterráneas del telémetro y, sobre todo, presten atención a los restos del camino de subida a la cima, la muralla, el aljibe y la atarjea, auténticas reliquias de las viejas baterías de los últimos años de los siglos XVIII y XIX.

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Este artículo ha sido colgado también en la página de la Tertulia de Amigos del 25 de Julio:

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