El Monte Aguirre: vergel de Anaga, manantial de Santa Cruz

Mar 23, 2020   //   by Miguel A. Noriega Agüero   //   Blog  //  Comentarios desactivados en El Monte Aguirre: vergel de Anaga, manantial de Santa Cruz

A pesar de que este monte se ubica a sotavento de los vientos alisios reinantes, se ve muy influenciado por el aporte de nubes y humedad que estos traen a las islas, que, en muchas ocasiones, hacen descender la masa nubosa por sus laderas. Por esta razón, ocupa la mayor superficie forestal del macizo de Anaga en vertiente sur y, además, goza de una extraordinaria calidad ambiental. Todo ello afianzado, no hay que olvidarlo, por el hecho de que las elevadas pendientes han dificultado enormemente la posibilidad de que estos terrenos fueran destinados a fincas de cultivo.

Gracias a estos dos hechos físicos y a otros de tipo administrativo y legal, se ha conservado durante estos últimos cinco siglos un ámbito forestal de vital importancia para esta zona de la isla, pero sobre todo para Santa Cruz. De Aguirre se ha obtenido madera, leña, carbón, …, pero también agua, mucha agua de importancia vital para los chicharreros.

Actualmente el monte Aguirre se nos presenta como un tesoro de biodiversidad. Una joya ambiental del Parque Rural de Anaga con mucha historia que contarnos.

Monte Aguirre desde el Mirador del Pico del Inglés

 

 Localización y límites

Se encuadra el monte Aguirre en la cabecera del valle de Tahodio, conocido barranco anaguense que vierte sus aguas en la vertiente sur del macizo, desembocando junto al Muelle Norte chicharrero. Se trata de un gran embudo cerrado por líneas de cumbre por todos sus costados, y una única abertura, al sur, en la parte más baja de este, El Tomadero, lugar donde salen de él las aguas de los muchos barrancos y barranqueras que descienden vertiginosamente desde las cumbres.

Al norte cierran el monte el Lomo de la Asomada y el Camino de Taganana, que atravesaba esta zona del macizo de Anaga por el monte de Las Mercedes, la Cruz del Carmen, la Cruz de Taborno y la Cruz de Afur, para seguir su camino hacia el noreste por la cumbre. Esta histórica vía fue realizada en los años 1506[1] y 1507[2] por vecinos de la zona y pronto pasó a ser considerado “Real”[3], sirviendo de límite entre propietarios de la zona[4] y, por lo tanto, del monte en su totalidad en su lado norte. Esta colindancia cumbrera la realiza en la actualidad con el vecino Monte de Utilidad Pública (MUP) nº15 (“Las Mercedes, Mina y Yedra”).

Los límites oriental y occidental vienen definidos por sendas crestas que descienden desde la cumbre hacia el valle. Por el este el lomo que une el Pico del Inglés con el Cabezo de la Atalaya, y por el oeste el Lomo de la Asomada, que cae desde el Llano de los Loros. Por el sur termina el contorno pasando por el Lomo de los Pinos y el Pico de las Palomas, para acabar uniéndose en el cauce del barranco con la linde que desciende por el Lomo del Canario.

En total 150 hectáreas, encuadradas en un perímetro de poco más de 5 kilómetros de longitud, todas ellas dentro del municipio de Santa Cruz de Tenerife.

 

Origen del nombre

Toma su nombre de un personaje isleño de mediados del siglo XVI, el entonces regidor Juan de Aguirre. Tras la conquista, asentado ya el primer poblamiento de castellanos en la isla, la madera de los montes tinerfeños era utilizada para la construcción de navíos. Fruto de ello son las numerosas constancias documentales que aseguran la otorgación de licencias de corte de madera destinadas a la construcción naval. En ocasiones, esas cortas no estaban autorizadas, como es el caso de la que Aguirre realizó en 1543 en el monte homónimo.

Y es que en 1523 se le había concedido una data entre Tahodio, Valleseco y el camino que unía La Laguna con Taganana[5], abarcando una zona que lindaba con tierras de Marcos Verde de Bethencourt[6]. Aguirre, en los terrenos que le fueron dados, realizó cortas sin licencia destinadas a la construcción de embarcaciones en Santa Cruz lo que provocó que el entonces personero Bartolomé Jovén le abriera expediente[7]. Así pues, la propiedad de estos terrenos y el expediente en cuestión hicieron que los terrenos de monte en la cabecera del Valle de Tahodio tomaran el nombre del regidor Aguirre.

 

Tesoro de biodiversidad

La riqueza biológica del Monte de Aguirre es más que destacada. Sobresale esta zona de Anaga como una de las de mayor calidad ambiental de todo el macizo y, por qué no decirlo, de todo el archipiélago canario. Ofrece una extraordinaria muestra del monteverde canario, contando con varias unidades de vegetación de este: brezales de cresterías, poblando las cumbres y otras zonas ventosas; laurisilva, ubicada en terrenos de mayor humedad, y fayal-brezal dominador del monte en cuanto a extensión. Podemos afirmar que esta masa forestal es una auténtica joya de nuestra biodiversidad, más aún al tratarse este de un monte en vertiente sur y, por lo tanto, a sotavento de los reinantes vientos alisios. Valga como un dato reseñable el hecho que la zona de cumbre del monte de Aguirre y los aledaños de la Cruz del Carmen alberga el mayor número de especies endémicas por kilómetro cuadrado que se conoce en toda la Unión Europa. Así, en esta zona habitan un total de 468 taxones exclusivos de los 731 de los que posee todo el Macizo de Anaga, lo que supone el 16% de la flora y el 12% de la fauna endémica de Canarias[8].

Sendero a su paso por la Cruz de Taborno

 

En su interior se encuentran varios ejemplares de árboles monumentales, como un acebiño de 140 centímetros de diámetro, rodeado de seis chupones de unos 60 centímetros cada uno; un barbusano de un metro de perímetro; un til, cercano a la Galería del Río, que supera los 20 metros de alto; y un ejemplar de viñátigo cercano a los seis metros de perímetro[9].

Estamos, por lo tanto, ante un “punto caliente” en cuanto a biodiversidad, tanto vegetal como animal, razón por la cual el monte de Aguirre está considerado, dentro de la normativa del vigente Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Rural de Anaga, como Zona de Exclusión, la zonificación del territorio canario de mayor protección y restricciones de usos y actividades de todas las establecidas por la ley. Fruto de esta normativa, el paso por el sendero que cruza el monte en diagonal (SO-N, desde La Asomada a la Cruz de Afur) ha de realizarse con autorización del Órgano Gestor, el Parque Rural de Anaga.

 

Cabe citar en este apartado que hace un siglo ya se quería dotar a este monte de una protección ambiental del más alto rango. Así, apenas tres meses después de aprobarse la Ley de 7 de diciembre de 1916, de Parques Nacionales de España, el 27 de marzo de 1917 el entonces concejal Fernando Arozena Quintero requirió a la corporación municipal de solicitar que se incluyeran como Parque Nacional los montes públicos de Aguirre y Taganana[10]. Como todos sabemos este hecho no tuvo lugar, no llegando a ser considerado este ámbito como espacio natural protegido hasta el año 1987[11] momento en que pasa a ser Parque Natural todo el macizo de Anaga, para años más tarde, en 1994[12], ser Parque Rural, figura que ostenta actualmente.

 

Guardia y protección del monte

La calidad y abundancia de sus aguas, así como el alto valor de los recursos forestales que este suministraba, hicieron que este monte gozara de una especial protección, en comparación con otras zonas forestales de Anaga.

En un principio las mayores atenciones se ejercían en zonas de arbolado circundantes a los nacientes, como ocurría en otras zonas de monte. Carboneo, pastoreo, desbroce y tala eran actividades que se ejercían profusamente por todo el macizo. Era necesario la defensa de Aguirre y esta llegaría, de manera más organizada ya en la segunda mitad del siglo XIX, contando incluso con guardería forestal propia para este monte.

Estos guardas ejercían labores de vigilancia, control y sanción del monte. Daban cuenta de pastoreo ilegal, las talas furtivas, la caza, el atentado contra los nacientes, y, en definitiva, todo lo que dañara a la masa forestal de esta zona del macizo. Algunos de estos guardas de Aguirre fueron Antonio Pérez Yanes, Cristóbal González Siverio, José de Vera Pérez, Domingo Guillama, Francisco Siverio Alonso[13] y Domingo Martín.

A estos se les otorgaba un salario que, por citar un momento de ejemplo, ascendía a 2,05 pesetas diarias en 1914[14] y 2,50 en 1920[15].

 

Casa Forestal de la Asomada

A iniciativa del entonces alcalde de Santa Cruz Anselmo de Miranda Vázquez se aprobó, en sesión plenaria del consistorio del 20 de julio de 1891, el proyecto de construcción de una casa forestal a ubicar en la “Asomada de Jardina”, destinada al albergue de los guardas forestales y sus familias, además de almacén de material y herramientas. El proyecto en cuestión y su presupuesto fue elaborado por el arquitecto municipal Antonio Pintor, profesional de reconocido prestigio en la isla y autor de algunos de los edificios más conocidos de Tenerife levantados en la primera mitad del pasado siglo[16].

El proyecto en cuestión constaba de una edificación modesta compuesta por dos habitaciones y una gran sala con una modesta cocina, que puede servir también para albergue excepcional de peones que realicen labores en el monte[17]. En julio del año posterior, el expediente pasó a la Comisión de Hacienda local, de cara a que redactaran el pliego de condiciones económicas correspondiente. A finales de agosto salió a subasta, bajo la cifra de 3.226,50 pesetas. Quedó desierta, volviendo a salir a concurso a la una de la tarde del 20 del mes siguiente, quedando de nuevo sin licitadores.

Por esta razón, el consistorio hubo de aumentar el presupuesto a 3.651,69 pesetas, saliendo de nuevo a puja el 15 de octubre del citado 1892. Una vez más, quedó desierta la subasta, lo que obligó al Ayuntamiento capitalino a adjudicar directamente la obra al lagunero Abrahán Hernández, por la cifra total del último presupuesto[18]. Tras los correspondientes trámites de adjudicación y contratación, la obra pudo, por fin, comenzar el 13 de mayo de 1893[19] finalizando en enero de 1894. La edificación disponía de una forma cuadrangular de 7 metros de lado y estaba estructurada en una sala que ocupaba la mitad de la superficie y dos cuartos que se repartían equitativamente la otra mitad. Ofrecía cinco ventanas (dos en la sala, dos en uno de los cuartos y la restante en el otro) y una puerta de entrada, en la fachada este.

Casa forestal de La Asomada, en rojo

 

Cinco años más tarde la casa sufrió nuevas obras de reforma y reparación[20]. Estaban en mal estado las guías de la puerta de entrada y sus bisagras (siendo necesaria su sustitución), así como otras piezas de carpintería, los encalados interiores y exteriores y la cubierta. El presupuesto de esta obra ascendió a la cantidad 185,76 pesetas, incluyendo materiales, personal y traslados de albañilería, carpintería y pintura. La propuesta se aprobó en pleno del 25 de mayo siguiente y cinco días más tarde el proyecto y su presupuesto en la correspondiente sesión.

Si bien los trabajos de mejora más destacables hasta ese momento fueron los que se llevaron a cabo en 1912. El por entonces alcalde Marcos Peraza y Vega determinaba que el arquitecto municipal informara y propusiera las obras necesarias en la caseta de los guardas del monte de Aguirre, visto el mal estado en el que se encontraba[21].

Al mes siguiente[22] se acuerda que se amplíe en el presupuesto encargado al arquitecto municipal el costo de la construcción de una pequeña cocina para servicio de los guardas.

De nuevo Antonio Pintor elabora, con fecha del 6 de agosto de 1912, el proyecto de reforma de casa de guardas y cocina, presupuestado ambas por separado. El montante total del proyecto fue 1570,37 pesetas (497,32 pesetas para la reforma de la casa y 1043,05 pesetas para la construcción de la cocina). Meses más tarde la corporación aprobó un ascenso a 2320,50 pesetas, cifra por la que finalmente se ejecutaron las obras.

La reparación de la casa consistió en desmonte del tejado y demolición del enlatado; forrado con tablas de tea procedentes del teatro Guimerá[23]; cubierta con teja del país (parte aprovechando la que ya tenía y un tercio procedente del citado teatro); parapetos en aleros; encalados (picado y reparación); renovación de tapaluces de las ventanas; pintura de puertas; ventanas y alhacena; albeo interior y exterior y cambio de cerradura de puerta de entrada.

El levantamiento de la cocina anexa se realizó junto a la puerta de entrada, al costado de la fachada oriental de la casa, lo que provocó que se tuviera que cegar una de las ventanas de ese lado convirtiéndola en alhacena, y requirió de labores de desmontes, mampostería para cimientos y muros, techado, piso con cemento, colocación de vigas, entablado y puerta y construcción de fogón y chimenea. Las medidas de esta sala rectangular llegaron a los 2,50 x 3,50 metros.

Proyecto de mejora de Casa forestal

(Antonio Pintor,1912)

 

Ya en pleno siglo XX la casa forestal tuvo un eficiente uso, si bien, hay constancia en prensa local de 1922[24] del grave estado de deterioro en el que se encontraba. Y es que con fecha de 14 de marzo de 1922 el ingeniero jefe expone que el peón-guarda del monte le ha dado cuenta del estado ruinoso de la casa forestal, tras temporales sucedidos en la zona. Solicita al ayuntamiento sea reparada, así como la línea de teléfono que la conectaba con la capital. El entonces alcalde Mandillo Tejera da por recibida esta solicitud y el arquitecto municipal y un auxiliar acuden al lugar.

Diez años más tarde de nuevo vuelven a realizarse trabajos de mejora en la casa forestal de la Asomada. Tras una visita al monte para hacer mediciones de agua por parte de personal del ayuntamiento capitalino, se dio cuenta al consistorio de las necesidades que requería la casa. Había goteras, el piso estaba en mal estado y las puertas y ventanas no encajaban en los cierres, entre otras cosas. El 30 de diciembre de 1931 se acordó en sesión plenaria informar del asunto, lo que provocó la elaboración de un presupuesto por parte del entonces arquitecto municipal Otilio Arroyo, que ascendió a 521,09 pesetas. El presupuesto fue aprobado en sesión del 6 de abril de 1932, pudiéndose llevar a cabo, ese mes y el siguiente, trabajos de mejora de albañilería (en techo, paredes y suelo), pintura, vidrios (cambio de cristales de ventanas) y ferretería (cerraduras y bisagras).

En la actualidad el edificio se encuentra en completo abandono, quedando en pie únicamente algunas paredes y reducidas zonas de techumbre. Todo aquel que llegué a este singular paraje, de excepcionales vistas, todo hay que decirlo, se llevará sin duda una imagen de desolación por lo que antaño esta casa representó para el monte y sus guardas y hoy se nos presenta como una simple ruina en continuo deterioro en soledad.

Casa forestal en la actualidad

 

Aguire: Monte de Utilidad Pública

A mediados del siglo XIX comienza la protección administrativa y legal del monte. En esos años va tomando con fuerza el proceso de desamortización originado con la Ley General de Desamortización, de 1 de mayo de 1855, conocida popularmente como Ley Madoz[25]. Este hecho supuso que para la isla de Tenerife el Ministerio de Fomento recogiera un listado de montes que debían de ser exceptuados de este proceso desamortizador[26], configurándose así cuatro años más tarde un primer elenco de montes públicos, recogidos todos ellos en el Catálogo de Montes Públicos exceptuados de la Desamortización (1859)[27]. Previamente el Ingeniero Civil Jefe de la provincia realizó un levantamiento cartográfico del monte[28].


Aguirre figurando junto a otros montes de

Santa Cruz en el Catálogo de 1859

 

Se trata esta de la primera inclusión del Monte de Aguirre en un Catálogo de Montes Públicos, figura dentro de la cual siempre ha figurado, apareciendo ya de manera separada del resto de montes santacruceros de Anaga en las ediciones de 1879[29] (en la cual se le daba una superficie de 85 ha), 1896[30] (ya bajo la figura, y así hasta la actualidad, de Monte de Utilidad Pública[31], con una área de 150 ha y bajo el número 49), 1901[32] (igualmente considerando una superficie de 150 ha[33]), 1931[34], 1966[35] (en el que ya aparece con el número 44 y con una superficie de 144,62 ha[36]) y así hasta la actualidad, ya dentro del Catálogo de Montes de Utilidad Pública de Canarias, que para su última revisión[37] le otorga una extensión de 157,25 ha[38], si bien aproximadamente 6 de ellas se ubican en vertiente norte, descendiendo desde Cruz de Taborno por el barranco homónimo hasta el LLano Frío y desde ahí retornando de nuevo a la cumbre desde el Llano La Teja, fuera de los “límites naturales” del monte que hacen que se enmarque todo él en vertiente sur.

Aguirre en el Catálogo de 1896

 

Como primer paso de la demarcación física y cartográfica de sus límites, se lleva a cabo un deslinde del monte en el año 1901[39], como consecuencia de la aprobación del citado Catálogo de ese año. Representando al ayuntamiento capitalino actuó el concejal Bango, al encontrase en mal estado de salud el síndico, Nicolás Dehesa[40].

El monte fue incluido dentro de los Planes de Amojonamiento de 1925-1926, sin embargo, este hecho no se lleva a cabo hasta casi medio siglo más tarde, 72 años después de ser deslindado.

En 1971 fue creado el ICONA[41] teniendo como una de sus primeras tareas en la isla la ejecución de deslindes y amojonamientos de montes públicos. Esto permitió que el Monte de Aguirre pudiera ser amojonado en 1974.

 

Los nacientes de Aguirre, el agua de Santa Cruz

El papel que este monte ha ejercido de “madre del agua” para esta zona de Tenerife ha sido valorado desde antaño. La capacidad de captador de precipitación de niebla ha sido vital para aprovisionar los acuíferos en esta parte del macizo. Gracias a ello este monte ha surtido y surte de grandes cantidades de agua, aprovechadas desde hace siglos por los habitantes y agricultores del valle e incluso de fuera de él, quedando Santa Cruz de Tenerife como la gran beneficiaria de los nacientes de Aguirre. De esta manera se puede decir que este monte ha sido el surtidor principal de la villa y puerto, como veremos.

Y en grandísima medida, esta ha sido la razón por la que la protección del monte se acrecentó desde el arranque del siglo XVIII, momento en el cual, por medio de canales de madera elevadas (de esta manera se impedía que el ganado bebiese de ellas), llegaban las aguas de Aguirre al mismísimo centro santa crucero. Fue en 1706, cuando el Capitán General Agustín de Robles y Lorenzana ordenó suministrar del preciado líquido a la villa[42]. Descendían por las laderas del valle de Tahodio para adentrarse en el entramado de cultivos y calles del viejo Santa Cruz, ya soterradas mediante losas y mampostería. Estas canales discurrían por las actuales calles Doctor Guigou[43], del Pilar, Ángel Guimerá[44], Imeldo Serís o del Barranquillo, hasta llegar a la Casa del Agua. Desde aquí se distribuía hacia varios puntos de la parte más baja de la villa: el huerto del desaparecido Convento de Santo Domingo; la Pila, sita en la actual plaza de la Candelaria (en donde aún sigue, para orgullo del patrimonio chicharrero, conservando de entre los muchos nombres que ha tenido (de Armas, Real, del Castillo, …) el de Plaza de la Pila ); el Castillo de San Cristóbal y el caño de la aguada situado en la actual zona de la Alameda (para suministro de buques).

La mejora de la calidad de vida de los santacruceros gracias a esta traída fue más que evidente. Se disponía de agua de Aguirre en el mismísimo centro de Santa Cruz, si bien, el mencionado Capitán General dictó, mediante decreto fechado el primero de octubre del citado 1706[45], que las aguas eran gratis para los vecinos y a cambio de ciertos tributos para los buques y que estas eran de propiedad real, por lo que estas quedaron bajo vigilancia militar y la figura del Alcalde de Agua[46].

Era de esperar que con el paso de los años llegasen las mejoras y, así en 1776, las canales que llegaban por Tahodio desde el monte pasaron a ser de piedra y argamasa, mejorando su mantenimiento y evitando pérdidas[47], en gran parte de su recorrido financiado gracias a los aportes de los propios vecinos que llegaron a aportar 14.000 pesos[48].

 

Ya en el siglo XIX, llegaron más actuaciones de mejora de las infraestructuras de canalización de las aguas de Aguirre hacia la villa. En 1827, por ejemplo, sería gracias a la labor del recién nombrado Comandante General de Canarias Francisco Tomás Morales y Afonso, cuando se presenta el proyecto para una nueva conducción de agua que llegaría a la villa, proveniente de los nacientes del monte, bajo en presupuesto de unos 20.000 pesos. Siete años más tarde quedaría concluida[49]. La llegada de estos nuevos canales a Santa Cruz supuso un acontecimiento de gran magnitud, como nos relata el historiador y periodista José Desiré Dugour: “(Santa Cruz) le será eternamente deudora de un adelanto que el General se atrevió a patrocinar, pues ayudado del Ayuntamiento y de varios buenos patricios que le secundaron con verdadero patriotismo, pudo llevar a cabo una obra de suma utilidad para el vecindario”[50].

Tal fue la valoración que Morales tuvo entre los santacruceros que en su honor fue y sigue siendo denominada la fuente que, en la ribera sur del barranco de Santos, frente al Charco de la Casona, daba agua del monte a los vecinos de Cabo Llanos. Este surtidor, construido con piedra basáltica proveniente de Igueste de San Andrés, fue inaugurado el 2 de febrero de 1838, momento en el cual Morales ya no ostentaba el mando de General[51].

 

Pero, a pesar de las sucesivas mejoras, continuaban las pérdidas y las rudimentarias atarjeas se antojaban ineficientes. Por ejemplo, hay constancia de que en la década de los años cincuenta del siglo XIX, la tercera parte del agua que brotaba de los nacientes no llegaba correctamente a las canalizaciones. De unas 80 pipas por hora que entraban a los canales, apenas poco más de la mitad llegaba a Santa Cruz. Se antojaban, pues, mejorías de estas infraestructuras, que llegarían en la segunda mitad de ese siglo. Así, por ejemplo, en 1868 y 1892, se incorporaron tuberías de hierro a esta red de canalizaciones.

Tal era la importancia de tener y mantener esta red hidráulica que durante varias décadas llegó a existir la figura del guarda de atarjea. Uno de ellos, por citar a alguno, fue José Amador a quien se le designó” Guarda de la atarjea del Monte Aguirre” en sesión plenaria del 16 de mayo de 1873, tomando el puesto el 1 de julio de 1873. Tenía por salario anual 600 pesetas y su cometido era muy sencillo, pero no poco importante: recorrer diariamente la atarjea del monte desde la Ninfa hasta los Tomaderos “procurando tenerla expedita y dar parte también diario al Alcalde de Agua o Canaleros de lo que observe, ya sea negativo o positivo”[52].

Vemos, pues, que, durante varias décadas, la villa y puerto de Santa Cruz de Santiago de Tenerife bebió y regó sus cultivos gracias a las aguas de Aguirre. Y más aún, pudiéndolas disfrutar al pie de la localidad, gracias a todas estas canalizaciones, hoy desaparecidas o en ruinas, que han sido auténticas arterias de vida para los chicharreros. Tal era el valor de estas aguas que edificios como el antiguo manicomio poseía un depósito propio para almacenaje de las de Aguirre, destinadas a tareas de higiene e hidroterapia[53].

Pero esas aguas, lógicamente, tan preciadas, fueron fruto de disputas y discordias en cuando a su propiedad durante varios siglos. Cabe citar el litigio entre los Agustinos del desaparecido convento lagunero y el Ayuntamiento de Santa Cruz. El Cabildo había cedido a esta orden el Monte de Aguirre, incluyendo pastos y aguas. En 1830 la comunidad religiosa demanda al consistorio que hizo suyos los recursos del monte. El consistorio ganó el pleito dos años después, pero los Agustinos apelaron a la Real Audiencia y les fue dada la razón, abriéndose estos a que el ayuntamiento se hiciera cargo de las aguas, si bien a cambio de 60 pesos anuales. Este pago no duró muchos años, ya que era una cantidad inasumible para el consistorio.

 

Sus galerías

El monte ha sido agujereado en múltiples ocasiones, todas ellas en búsqueda de acceso al acuífero que bajo el terreno almacenaba cantidades muy destacadas de agua. A mediados del XIX manaban para Santa Cruz once galerías, si bien solo tres de ellas públicas (Los Arroyos, El Río y El Hayal)[54]. Y es que en 1842 comenzó sus trabajos de perforación la empresa “Sociedad de Pozos Artesianos” abriendo varias galerías en el monte. En los siguientes años se sumarían otras compañías privadas a seguir perforando Aguirre[55].

Durante esa segunda mitad del siglo y ya entrado el XX el ayuntamiento capitalino realizó múltiples mediciones de las aguas de sus nacientes, a fin de conocer lo más detalladamente posible el caudal que de ellas brotaba y así hacer el reparto adecuado de estas. Así, en noviembre de 1886 era obtenidos 30 metros cúbicos por hora de los cuales un 12% se perdía en la canalización a la ciudad debido a la evaporación (era una atarjea descubierta) y, sobre todo, a filtraciones. En septiembre de 1889 ascendió a los 36 metros cúbicos a la hora. Las obras de mejora y nuevas perforaciones en galerías hicieron aumentar el flujo, llegando a 261 metros cúbicos por hora en 1898.

Con el nuevo siglo hubo de implementarse mejoras en perforaciones y canalizaciones. Se tenía constancia de la gran cantidad de agua que se perdía entre el monte y el Tomadero y, más aún, entre este punto la ciudad. Estas tareas hicieron del monte un auténtico maná hídrico, gracias a las 1260 pipas al día que era capaz de hacer brotar hacia la capital ya en 1912. La capital cubría sus necesidades gracias al agua de Aguirre, pero también gracias a la que provenía desde Roque Negro, gracias al túnel que cruzaba el macizo y llegaba a Santa Cruz por Catalanes, abierto completamente desde 1916.

Ya en los años 20 el entonces alcalde García Sanabria entre las muchas actuaciones que realizó en pro de la capital destacan varias relacionadas con las aguas de suministro a la ciudad: construcción de depósitos de agua, un túnel entre Roque Negro y Catalanes, un plan de agua potable y, a lo que atañe a este monte, la expropiación de las galerías privadas de Aguirre[56]. Así en 1928, el ayuntamiento santacrucero pasó disponer de todas las aguas del monte, incluyendo para la ciudad aquellas hasta ese momento de particulares[57].

De todas ellas, una fue la generadora de mayores cantidades de agua, la Galería El Río. En la segunda mitad del XIX fue objeto de perforación y acondicionamientos para la extracción del preciado líquido. Situada en la barranquera del mismo nombre bajo el Pico del Inglés, se encuadra en una zona de gran frondosidad y pendientes, por lo que los accesos y trabajos en ella fueron muy difíciles. Tal era la buena disponibilidad hídrica de ella que en 1909 se realizaron nuevas obras destinadas a aumentar el caudal de sus aguas. Estos trabajos trajeron consigo un litigio entre los ayuntamientos capitalino y de Aguere, ya que este último pretendía parar esas labores. El Gobernador Civil resolvió en favor de Santa Cruz y se pudieron reanudar las tareas de perforación[58]. En 1929 se perforó de nuevo en la zona de “El Río” con una nueva galería que llegó a tener 700 metros de profundidad.

Barranco del Río desde el Tomadero

 

Testigo de todo aquello perviven a día de hoy un total de veintiún galerías[59], todas ellas consideradas “nacientes”[60], salvo una[61] que tiene la consideración de “socavón”[62]. De todas estas doce[63] se encuentran actualmente inactivas[64].

 

La Charca de Tahodio, aguas embalsadas al pie del monte

Tal es la importancia hídrica del monte y el valle que lo cierra, que ya entrado el siglo XX se comienza a barajar la posibilidad de realizar a sus pies un embalse. Fue a mediados de 1914 cuando, tras varios años de proyectos, ideas e intentos, la “Comunidad de Embalses de Tahodio”, liderada por el célebre alcalde chicharrero García Sanabria iniciaba las obras de construcción de la que ha sido una de las presas más importantes de la isla, la conocida popularmente como “Charca de Tahodio”.

Charca de Tahodio desde La Asomada

 

De nuevo, el arquitecto Pintor Ocete aparece entre estas líneas, ya que suyo fue el proyecto de construcción de la presa, infraestructura que tardó en levantarse doce años, debido a la Gran Guerra que por aquel entonces asolaba buena parte de Europa y a varias huelgas de los trabajadores que la ejecutaban. Así, gracias a su construcción, la ya ciudad de Santa Cruz podía contar con nuevas canalizaciones[65] cargadas del preciado líquido, destinado al riego de las huertas chicharreras[66].

 

Aprovechamientos, roturaciones y pastoreo

Por su cercanía a La Laguna y a Santa Cruz, el monte y otras zonas colindantes de Anaga han sido objeto de múltiples aprovechamientos forestales: leña, palos, horquetas, varas, carboneo y madera. Desde la conquista el macizo de Anaga surtió enormemente a Tenerife e incluso a otras islas, fruto de las necesidades que, en las islas occidentales, sobre todo Gran Canaria, acarreaban los ingenios azucareros. Se exportaba durante los siglos XVI y XVII madera de palo blanco, viñátigo, mocán, brezo, laurel, faya y sanguino, principalmente.  Además, jugaron un papel fundamental lo montes de propios, en donde los vecinos podían abastecerse de estos según sus necesidades de madera y leña.

Los primeros dos siglos tras la conquista montes como este sufrieron una alta explotación. Se necesitaba madera y leña, pero también ramaje y varas, por ejemplo, para alzar los viñedos.

Ya más adelante, durante el siglo XVIII comienza una defensa de montes como este, considerados esenciales para el abastecimiento de agua, protectores de los nacientes. A finales del XIX el ayuntamiento santacrucero hacía subastas de leñas muertas para carboneo, como por ejemplo 3000 quintales en 1898[67], 1900[68] y 1902[69], esta vez última vez por la cantidad de 1500 pesetas. Los aprovechamientos en este monte daban beneficio a la ciudad, y al mismo tiempo eran protegidos y controlados. Sin embargo, fueron muchos los furtivos que acudían al monte en búsqueda de leña, madera, e incluso para roturar algunas zonas, si bien, esta zona del macizo de Anaga no lo sufrió tanto debido a las fuertes pendientes que definen la cabecera del valle de Tahodio, en donde se enmarca Aguirre.

Tanto los guardas del monte como la Guardia Civil sorprendieron a numerosos vecinos que hacha o serrucho en mano cortaban ramaje o ejemplares para destinarlos a leña o madera de manera clandestina, siendo algunas de las especies que más sufrieron el talado el palo blanco, el viñátigo y el brezo.

Igualmente eran sancionados aquellos ganaderos que soltaban sin permiso cabras y vacas por el interior del monte. La presencia de ganado fue controlada ya que además de ingerir grandes cantidades de vegetación, ensuciaban los nacientes y canales.

El Hayal desde el Tomadero

 

Incendios y vendavales

Como ya se ha dicho, se trata éste de un monte en zona húmeda, en vertiente sur del macizo de Anaga, pero muy influenciada por los vientos alisios a pesar de estar a sotavento. Sin embargo, el monte no ha quedado al margen de incendios forestales, a pesar de la importancia que tenía dentro del macizo, sobre todo, de cara a suministro de agua a Santa Cruz. Así, hay constancia de incendios en: 1777[70], 1780 (del 22 de agosto al 6 de septiembre)[71], 1885 (el 31 de julio en la Vuelta del Navío), 1889 (julio), 1893 (en el paraje conocido como Corral de los Alonsos, el 18 de agosto), 1895 (16 al 18 de agosto), 1906 (agosto)[72], 1920, 1921 (28 de agosto)[73], 1927 (el 26 de junio en la Cruz de Taborno) y 1934 (en el Lomo de los Pinos, el 16 de septiembre).

Otro fenómeno adverso que se ha cebado en puntuales ocasiones con nuestros montes han sido los temporales. Al estar colgado de manera literal de una zona de cumbre, Aguirre se ha visto afectado por varios vendavales, que han causado impactos negativos sobre el monte. Se tiene constancia de daños en el arbolado el 7 de diciembre de 1922[74] y el 5 de enero de 1928, por citar algunas fechas, y, como no, un siglo antes en noviembre de 1826[75], momento en el cual las islas se vieron asoladas por uno de los mayores temporales de lluvia y viento de los que se tiene constancia documental.

 

Repoblaciones

Durante la última década del XIX se llevaron a cabo unas modestas recuperaciones forestales, fruto de las plantaciones llevadas a cabo en determinadas zonas del monte, aquellas asoladas por un incendio producido en el verano de 1895. Así, en el otoño de 1896 se realizaron plantaciones de pino canario, con semillas de La Guancha e Icod, en unas 23 ha de la zona cumbrera de la Cruz de Taborno y Cruz de Afur, y tres años más tarde con roble andaluz en la zona de Llano Frío. Todas ellas fueron llevadas a cabo por el Ingeniero de Montes Ballester y su objetivo era encerrar el arbolado propio del monte dentro de una banda de pinar canario y otras especies.

En 1904 los pinos superaban ya los tres metros del alto, como afirmaba en prensa del momento el insigne escritor y periodista Benito Pérez Armas, quien llegaba declarar que el monte de Aguirre “es el único que se conserva en buen estado, (…) se ve que los guardas no comercian y que existe honradez en los empleados del municipio”. A lo que añade que “la parte del monte que hace algunos años se quemó, está replantado de pinos y ofrece un conjunto hermosísimo”[76].

Actualmente no quedan vestigios de esas plantaciones, manteniéndose algunos rodales y viejos ejemplares aislados de eucaliptos en varias zonas del monte.

 

Mirador del Pico del Inglés

Quizás uno de los puntos más emblemáticos y visitados del monte es el mirador del Pico del Inglés, al margen de Cruz del Carmen, enclave realmente queda fuera de los límites de Aguirre. Las vistas del monte y resto de la vertiente meridional del macizo son suficiente atractivo para que goce del privilegio de ser parada obligada de todo visitante de Anaga.

 

Una vez construida la carretera de la cumbre que unía La Laguna con Taganana (algo más de cuatrocientos años después del antes citado camino carretero que ejerce de límite del monte), el Cabildo Insular toma la determinación de levantar dos miradores en esta vía: en Cruz del Carmen (con 5.005 pesetas de presupuesto) y en el Pico del Inglés (en este caso con un presupuesto de 2.167 pesetas)[77]. Los proyectos fueron redactados por el reconocido arquitecto granadillero Marrero Regalado[78], bajo dirección de la Oficina de Obras y Vías de la citada administración y, tras salir a licitación su ejecución en abril de 1934, fueron adjudicados a Domingo Pérez Rodríguez[79]. Un año más tarde, las obras en cuestión serían finalizadas.

 

Sin embargo, en los años siguientes, el acceso al enclave se presentaba muy molesto para el visitante. La prensa local de la época daba cuenta del estado: tierra y polvo en verano, nubes asfixiantes y cegadoras; lodo y agua en invierno, ruedas enterradas y sin agarre alguno. Así, en 1938, se acometen obras de reforma en la vía de acceso al mirador por un montante de 29.648,02 pesetas, adjudicadas a Alberto González Medina.

Ahí sigue, hoy en día y tras 75 años, con sus barandas y su balconada. Atrae a decenas de miles de visitantes al año, los cuales, si la nube lo permite, pueden disfrutar de una bellísima panorámica del valle de Tahodio, el monte de Aguirre y el resto del macizo, así como del Teide y la isla de Gran Canaria en lontananza.

 

Un radar en la cumbre

El punto a mayor altitud del macizo de Anaga y, por ende, del monte en cuestión, es el paraje denominado Cruz de Taborno, situado a 1020 msnm. Se trataba éste de un lugar clave en el viario tradicional de Anaga, ya que aquí se cruzaba el camino de la cumbre, que unía La Laguna con Taganana, con aquellos que descendían a ambas vertientes, al sur hacia el valle de Tahodio y al norte con dirección a Taborno.

En la actualidad esta zona de cumbre se encuentra vallada y tiene acceso restringido ya que alberga desde el año 2005[80] una estación de radar secundario ligada al Aeropuerto de Tenerife Norte, por lo tanto, propiedad de AESA[81]. La zona, cabe decir, que desde los años 80 se encuentra ocupada por instalaciones ligadas a seguridad aérea, ya que desde esa década acoge una instalación radioeléctrica VOR/DME.

 

Curiosidades

Caben en este último capítulo de historia y descripción del monte de Aguirre dos anécdotas curiosas. En 1897 unos ingleses soltaron varias parejas de faisanes[82]. Se dio orden, bajo sanción de no cazarlos, pero estas aves desaparecieron en pocos años. La prensa del momento dejaba caer que el motivo de su misteriosa ausencia apuntaba a la incontinencia de algunos cazadores.

Años más tarde de aquello, en la primavera de 1908, un noruego que se alojaba en el chicharrero Hotel Olsen[83] se adentró en el monte y en una de sus cumbres limitantes, el Cabezo de la Atalaya, en pleno pecho se endosó un disparo del revólver Smith que portaba. El cadáver fue descubierto por el guarda González Siverio, quien dio parte a las autoridades, acudiendo al lugar el inspector policial Perfecto Dueñas. Nunca se supo a qué fue debido aquel suicidio en plena cumbre del monte.

 



[1] Hasta Las Mercedes fue realizado el camino gracias al trabajo de Cristóbal Rodríguez. (“Los protocolos notariales de los escribanos de Tenerife Sebastián Páez y Antón de Vallejo” 1505-1506)

[2] “(…) Comenzará su trabajo a partir del punto donde lo dejó empezado Cristóbal Rodríguez, y ha de arreglar toda la subida de la mesta del asomado de Tahodio, desde el pie hasta encima de ella. La anchura del camino será de 2 varas de medir y por tierra firme; en los lugares donde haya risco que lo corten y se haga de modo que pueda pasar sin peligro ni riesgo alguno un caballo cargado con un serón de azúcar. (…)” (“Extractos del protocolo de Juan Ruiz de Berlanga” 1507 – 1508)

[3] Se trataba de un camino de gran importancia desde recién finalizada la conquista, ya que unía la villa de La Laguna con Taganana, enclave destacado por la producción de caña de azúcar y la posesión de un ingenio.

[4] Sirvan de ejemplos estas dos citas: “ (…) Alonso Fernández, portugués, vº, da a renta a Juan González, est., una huerta, tierras y arboleda con el agua que le pertenece, que tiene en el valle que dicen de Teyda, lindantes con tierras de Marcos Verde y con el camino que va a Taganana, (…)” y “Alonso Fernández, portugués, vº, vende a Diego, hortelano, portugués, la mitad de la heredad que tiene en el valle de Tahodio, lindante con la montaña que está hacia esta ciudad, con el camino real que va a Taganana, (…). (“Protocolos de Alonso Gutiérrez” 1522-1525).

[5] Cola Benítez, L.: “Las aguas primitivas de Santa Cruz. Una pila con historia” (Texto leído en Salón de Plenos del Palacio Municipal de Santa Cruz de Tenerife el 7 de noviembre de 2006)

[6] Alguacil, personero y teniente de gobernador interino, nacido en 1481, hijo de Juan de Verde Sanabria y Margarita de Béthencourt, y tataranieto de Maciot I de Béthencourt, sobrino de Jean IV de Béthencourt, conquistador de Lanzarote, Fuerteventura y El Hierro, Normando llegado a las islas en la segunda expedición, tomando el mando de las posesiones de su tío tras la marcha de este, llegándose a esposar con la Princesa Teguise, hija de Guadarfía, último rey de Lanzarote.

[7] Quirantes González, F.; Núñez Pestano, J.R.; García Mesa, D.A.: “Historia de los montes de Tenerife” (Tomo I)

[8] Banco de Datos de Biodiversidad de Canarias (BIOTA).

[9] Catálogo de árboles monumentales, Cabildo de Tenerife.

[10] Archivo Municipal del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife.

[11] Ley 12/1987, de 19 de junio, de declaración de Espacios Naturales de Canarias.

[12] Ley 12/1994, de 19 de diciembre, de Espacios Naturales de Canarias.

[13] Fallecido, el 7 de octubre de 1938, precisamente en el monte, de manera repentina mientras acompañaba al entonces alcalde de la capital Eusebio Ramos González en una inspección de los nacientes. El difunto, de 50 años de edad, tenía once hijos. (“La Prensa”, 8 de octubre de 1938)

[14] “El Progreso”, 21 de diciembre de 1914.

[15] “El Progreso”, 10 de marzo de 1920.

[16] Antonio Pintor Ocete fue un arquitecto y urbanista granadino, arquitecto municipal de Santa Cruz de Tenerife a partir de 1889 y arquitecto provincial a partir de 1903. Entre sus obras más destacas se encuentran, por citar algunas: la Casa Consistorial del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, conocida popularmente como “la Casa de los Dragos”, la plaza de toros de Santa Cruz de Tenerife, las Casas Amarillas, la Casa Elder y el Edificio Simón, también en Santa Cruz, así como el Teatro Leal de La Laguna y la Iglesia de San Marcos de Agulo.

[17] “Diario de Tenerife”, 6 de agosto de 1891.

[18] “Diario de Tenerife”, 31 de octubre de 1892.

[19] “El Liberal de Tenerife”, 12 de mayo de 1892.

[20] “Diario de Tenerife”, 26 de mayo de 1898.

[21] Acuerdo en sesión plenaria del 19 de junio de 1912.

[22] Sesión plenaria del 17 de julio de 1912.

[23] En los primeros meses de 1911 comenzaron unas intensas obras de reforma del Teatro Guimerá, llevadas a cabo precisamente por Pintor. Así, se llevaron a cabo tareas de mejora en sala y boca del escenario, bajada del pavimento del patio de butacas y plateas, así como redistribución de las localidades y decoración de la sala de espectáculos.

[24] “El Progreso”, 22 de marzo de 1922.

[25] Fue impulsada por el político navarro Pascual Madoz, en ese momento Ministro de Hacienda.

[26] Elaborada para el caso de Canarias por los ingenieros de montes Pablo Ferrer y Juan Bautista de la Torre (Monedero Andrés, A.M.; Noriega Agüero, M.A.; Samarín Bello, C.R.; Sánchez Laso, A.: “Catálogos de Montes de Utilidad Pública de Canarias”. Gobierno de Canarias. 2010)

[27] “Clasificación general de los montes públicos hecha por el Cuerpo de Ingenieros del ramo en cumplimiento de lo prescrito por Real Decreto de 16 de febrero de 1859 y Real Orden de 17 del mismo mes, y aprobada por Real Orden de 30 de setiembre siguiente”

[28] “Eco del Comercio”, 7 de julio de 1858.

[29] En virtud de la Real Orden de 8 de noviembre de 1877 que crea la Comisión de rectificación del Catálogo, promovido por el Ministerio de Fomento.

[30] Elaborado tras la aprobación de la Ley de 30 de agosto de 1896.

[31] Creada con el Real Decreto de 20 de septiembre de 1896 que definió los montes de utilidad pública.

[32] En virtud del Real Decreto de 1 de febrero de 1901 para constitución del catálogo de montes de utilidad pública y el Real Decreto de 1 de agosto de 1901, por el que se publica el “Catálogo de los Montes y demás terrenos forestales exceptuados de la desamortización por razones de Utilidad Pública”.

[33] Gaceta de Madrid, 10 de junio de 1901, página 994

[34] Elaborado según Orden ministerial de 24 de abril de 1931.

[35] Orden de 31 de mayo de 1966 por la que se dictan normas para la ampliación, rectificación y conservación del Catálogo de Montes de Utilidad Pública (BOE núm. 139, de 11 de junio de 1966).

[36] Decreto 3469/1969, de 19 de diciembre, por el que se aprueban los Catálogos de Montes de Utilidad Pública de las provincias de Badajoz y Santa Cruz de Tenerife (BOE núm. 36, de 11 de febrero de 1970).

[37] Monedero Andrés, A.M.; Noriega Agüero, M.A.; Samarín Bello, C.R.; Sánchez Laso, A.: “Catálogos de Montes de Utilidad Pública de Canarias”. Gobierno de Canarias. 2010

[38] 158,83 ha según cartografía.

[39] Siguiendo lo establecido en el Real decreto de 17 de Mayo de 1865 aprobando el Reglamento para la ejecución de la Ley de Montes de 24 de Mayo de 1863.

[40] “La Opinión”, 13 de octubre de 1899.

[41] Mediante Decreto-Ley 17/1971 de 28 de octubre.

[42] Ledesma Alonso, J.M.: “La fuente de la Pila (1706 – 2016)” (Publicado en El Día, Diario de Avisos y La Opinión en diferentes fechas de diciembre de 2016).

[43] Conocida antaño de manera popular como “calle de las Canales Bajas”.

[44] Antigua “calle de las Canales”.

[45] Cola Benítez, L.: “De cuando Santa Cruz fue dueña de sus aguas” (Retales de la Historia – 217)  (Publicado en La Opinión el 21 de junio de 2015).

[46] Recomiendo la lectura del artículo de Cola Benítez: “Alcalde del agua” (Retales de la Historia – 138) (Publicado en La Opinión el 8 de diciembre de 2013), disponible, como muchos el resto de los citados de este autor, en la web de la Tertulia Amigos del 25 de julio (amigos25julio.com).

[47] Por orden del entonces Comandante General Marqués de Tabalosos y bajo cuidado del Teniente del Rey Matías Gálvez.

[48] Cola Benítez, L.: “Las aguas primitivas de Santa Cruz. Una pila con historia”

[49] Castro Molina, F.J.: “Arquitectura y medicina en Canarias. Dispositivos asistenciales y recursos sanitarios en Tenerife (S. XVI-XX)” (Tesis Doctoral) ULL, Tenerife. 2012.

[50] Desiré Dugour, J.: “Apuntes para la historia de Santa Cruz de Tenerife: desde su fundación hasta nuestros tiempos”. 1875.

[51] Cola Benítez, L.: “Itinerario histórico de Santa Cruz de Santiago de Tenerife”. 2013

[52] Archivo Municipal del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife.

[53] Castro Molina, 2012.

[54] Castro Molina, 2012.

[55] Cola Benítez, L.: “Las aguas primitivas de Santa Cruz. Una pila con historia” (Texto leído en Salón de Plenos del Palacio Municipal de Santa Cruz de Tenerife el 7 de noviembre de 2006)

[56] Cola Benítez, L.: “García Sanabria” (Retales de la Historia – 41) (Publicado en La Opinión el 22 de enero de 2012).

[57] Castro Molina, 2012.

[58] “El Progreso”, 14 de julio de 1910.

[59] Los Arroyos, Las Moscas, El Río, Afur 1, Afur 2, Afur 3, Las Quebradas, General, Trujillo, El Francés, Hayal norte o Morro 1, Hayal sur o Morro 2, Viñátigo, Viñátigo 2 o Las Palomas, Pedregal bajo, Pedregal alto, El Inglés, Charfa, Salto del Río, Las Malezas y Cruz del Carmen.

[60] Perforaciones en donde ya existían nacientes naturales y en las que el agua drenada procede acuíferos colgados próximos a la superficie, de ahí que el caudal fluctúe.

[61] “Galería Salto del Río.

[62] Sondeo de corta longitud que no aporta caudal y sin vías de continuar su perforación.

[63] Las Moscas, Las Quebradas, Hayal norte o Morro 1, Hayal sur o Morro 2, Viñátigo, Pedregal bajo, El Inglés, Charfa, Salto del Río y Cruz del Carmen.

[64] Consejo Insular de Aguas de Tenerife. – Anuncio de 19 de marzo de 2018, por el que se hace pública la Resolución de 2 de marzo de 2018, que aprueba la actualización del Censo de las instalaciones subterráneas, galerías y pozos de la isla de Tenerife. (BOC núm. 61, 27 de marzo de 2018)

[65] Gracias a este embalse, en 1916 se puso en servicio un acueducto de más de 14 kilómetros, que llegaba de él hasta Hoya Fría.

[66] Más información acerca de este embalse en Noriega Agüero, M.A.: “El Embalse de Tahodio” (Publicado en asotavento.com el 15 de enero de 2015).

[67] “La Opinión”, 24 de diciembre de 1898.

[68] “Diario de Tenerife”, 25 de octubre de 1900.

[69] “Diario de Tenerife”, 5 de diciembre de 1902.

[70] Cola Benítez, L.: “Las aguas primitivas de Santa Cruz”: (…) Se declaró un violentísimo incendio en Monte Aguirre, junto a los nacientes, que a pesar de que se trajeron tropas de varios puntos de la isla para luchar en su extinción duró más de dos semanas.

[71] Cola Benítez, L.: “Arde Santa Cruz (1)” (Retales de la Historia – 36) (Publicado en La Opinión el 11 de diciembre de 2011)

[72] Cola Benítez, L.: “Visión de Santa Cruz hacia 1906” (Real Club Náutico de Tenerife, 19 de abril de 2006): “Qué cosas tan pintorescas ocurrían entonces (1906), como cuando se declaró un pequeño incendio en Monte Aguirre, se envió un retén para su control y la cuenta que pasó el capataz se redujo a 8 pesetas de aguardiente para obsequiar a los peones».

[73] “La Prensa”, 4 de septiembre de 1921.

[74] En esta vez las lluvias que acompañaron a los fuertes vientos provocaron corrimientos de tierra, afectando a caminos y leña muerta, que fue arrastrada a los fondos de los barrancos.

[75] Se trata esta de la tormenta que hizo desaparecer la primigenia Virgen de Candelaria, al arrasar una gran avenida, provocada por las intensas lluvias producidas durante varios días, la ermita, convento y castillo de San Pedro, enclavados en el lugar en donde hoy se encuentra la Basílica de N.S. de Candelaria, en la localidad del mismo nombre.

[76] “La Opinión”, 30 de noviembre de 1904.

[77] “La Prensa”, 15 de junio de 1933.

[78] José Enrique Marrero Regalado ha sido uno de los arquitectos más prolíficos del archipiélago durante la primera mitad del siglo pasado. De entre sus obras más destacadas sobresalen: la Basílica de N.S. de la Candelaria en la villa mariana, el Auditorio Teobaldo Power en La Orotava, así como varios edificios emblemáticos de la capital tinerfeña como, por ejemplo, el Palacio Insular del Cabildo, el Mercado N.S. de África, el Cine Víctor y la Comandancia de Marina.

[79] “La Prensa”, 1 de mayo de 1934.

[80] Obra ejecutada con un presupuesto de 1.098.670,35 €.

[81] AESA: Agencia Estatal de Seguridad Aérea, entidad pública dependiente de la Dirección General de Aviación Civil, MInisterio de Fomento.

[82] “El LIberal de Tenerife”, 21 de enero de 1897.

[83] Establecimiento que estaba situado en la manzana formada por la confluencia de las calles del Castillo, Robayna y Jesús Nazareno. Hoy en día se conserva el edificio, el cual tiene en uno de sus bajos el conocido Bar Tip Top.

 



 

Miguel Ángel NORIEGA AGÜERO

Geógrafo y miembro de la Tertulia Amigos del 25 de Julio



 

 

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