De las atalayas al Semáforo: Cinco siglos de vigías en Anaga

Abr 26, 2019   //   by Miguel A. Noriega Agüero   //   Blog  //  Comentarios desactivados en De las atalayas al Semáforo: Cinco siglos de vigías en Anaga

De las atalayas al Semáforo

Cinco siglos de vigías en Anaga

Artículo aparecido en BIC Revista de patrimonio de Tenerife
Número 1, diciembre 2018

 


 

El avistamiento al horizonte ha supuesto durante siglos la primera de las tareas de defensa de un territorio. Observando a simple vista o con la ayuda de catalejos, telescopios, gemelos o binoculares se tenía conocimiento de aquello que ocurría allá a donde alcanzaba la visibilidad, pero, sobre todo, se sabía cuándo, cómo y por dónde acechaba el enemigo. A este primer paso le seguía el aviso de esa (posible) llegada de una flota no deseada a un emplazamiento de mando o guardia a través de señales de humo, fuego, banderas, banderolas, silbos, espejos, teléfono o telégrafo según el momento del día, el lugar y la tecnología de la época.

A lo largo de la historia todas las regiones del planeta contaron con vigías o centinelas en puntos estratégicos, dotados siempre de una gran cuenca visual. Estos emplazamientos solían estar ligados al relieve, tratándose siempre de elevaciones del terreno como cumbres, cerros, promontorios, cimas, crestas y lomos; atalayas, en definitiva, en donde desarrollaron su misión, durante interminables jornadas, los atalayeros que las ocupaban.

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Tenerife contó con numerosos enclaves montañosos destinados a la vigilancia costera, repartidos por todas las zonas de isla: Guaza, Montaña Centinela, Montaña Gorda, Montaña de Fasnia, El Púlpito, Montaña de Taco, etc. Así, durante cinco siglos han tenido presencia en ellas cientos de atalayeros guarnecidos en casetas de madera o goros de piedra. Estos solían ser vecinos de la zona (capaces y con buena vista), desarrollando su tarea en interminables jornadas de vigilancia diurnas y nocturnas.

Atalayas de Anaga

Si hubo una zona de mayor presencia de vigías en la isla esa fue la península de Anaga, destinadas a la defensa de La Laguna y Santa Cruz de Tenerife, pero también con fines protectores del monte. Llegó a haber atalayeros de manera más o menos permanente en el tiempo en cumbres como Tafada, El Sabinar, Igueste de San Andrés, Mesa de Tejina (precisamente conocida de manera popular como “La Atalaya”) y San Andrés (que efectuaba tareas de repetición de lo transmitido desde la de Igueste). Entre las tres primeras se estableció una particular red de comunicación que permitía llevar un aviso, mediante hogueras y banderas, desde Tafada, que contaba con visión de la costa norte tinerfeña, hasta Santa Cruz, sirviendo las otras dos de “repetidoras”. Este hecho determinó que la atalaya iguestera fuera considerada como la principal de la isla, estando en uso y manteniendo comunicación directa con el Castillo de San Cristóbal hasta mediados del siglo XIX.

Precisamente esta atalaya jugó un papel clave en la defensa de Tenerife frente a dos de los ataques ingleses más célebres y recordados de la historia isleña. La tarde del 5 noviembre de 1706, fue el vigía de esta quien alertó de la llegada de la flota de John Jennings y el 19 de julio de 1797, Domingo Izquierdo, atalayero de igueste, dió aviso del avistamiento de la escuadra de Nelson que unos días más tarde pretendiera, sin éxito, tomar la isla y cayendo derrotado a consecuencia de la Gesta del 25 de julio de 1797, liderada por el General Gutiérrez y protagonizada por cientos de isleños, tanto civiles como militares.

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A finales del XIX este enclave de los altos de Igueste de San Andrés cambio de uso y fue utilizado por la consignataria Hamilton & Cía. como posicionamiento de atalayeros para dar aviso al personal de esta empresa en el puerto de la próxima llegada de naves necesitadas de labores de carga y descarga de fletes. En lo alto de esta atalaya (hoy llamada “de los Ingleses”) trabajaron como vigías los vecinos de Igueste Agustín Gil y su hijo José, quienes residieron en esta cumbre, refugiados en una modesta caseta de madera, la friolera de 12 años (desde el 20 de septiembre de 1886), con una salario anual de 2.200 pesetas. A finales de 1898 la consignataria dejó de tener apostados a sus vigías ya que acaba de entrar en servicio una instalación militar que ofrecía más y mejores prestaciones hacia la Armada pero también destinada al puerto chicharrero.

El Semáforo de Anaga

Mientras se realizaba el uso comercial de la atalaya de Igueste por parte de los Hamilton comenzó a funcionar en esa misma montaña, el Semáforo de Anaga, ubicado en la ladera que cae al mar desde lo alto de la Atalaya de Igueste de San Andrés, a poco más de 200 metros de altitud, sobre El Roquete. El 4 de diciembre de 1895, después de varios años de obras y tardanza en la recepción del material y los inevitables retrasos burocráticos, entra por fin en servicio. Se construyó, además del edificio que continúa aún hoy en día en pie, un camino de acceso y un pequeño embarcadero en la costa de Igueste.

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En uso permaneció hasta 1970, habiendo pasado por él numerosos semaforistas acompañados de sus familias. Y es que, este semáforo, como la decena que componían la red semafórica española, permitía el alojamiento tanto de vigías como de sus familiares, gracias a que disponían de numerosas habitaciones (dormitorios, cocina, almacenes, …), culminado todo ello por una sala en el extremo NE de planta hexagonal, en donde se desarrollaban las tareas de vigía, meteorología y comunicación marítima, mediante telégrafo y señales con banderas. Además, en el exterior existe aún un horno y bajo la terraza en la que se ubica el mástil un aljibe.

Actualmente el Semáforo de Igueste de San Andrés, auténtico emblema y orgullo de este pueblo de Anaga, se encuentra en completo estado de abandono. Durante estas más de cuatro décadas que lleva sin servicio ha sido objeto de saqueos y vandalismo, llegando a desaparecer todo el mobiliario además de los marcos de puertas y ventanas, proliferando las pintadas y demás destrozos, unido todo ello al derrumbe de dos sectores del techado y parte del mástil. Precisamente, con la idea de evitar accidentes, se procedió a finales de noviembre de 2015 al tapiado de puertas y ventanas y al vallado de su perímetro. Actualmente, el Gobierno de Canarias, el Cabildo de Tenerife y el Ayuntamiento de Santa Cruz trabajan en la búsqueda de alternativas al inmueble, de propiedad estatal, mediante la elaboración de un informe inicial de su situación y coste económico.

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Miguel Ángel NORIEGA AGÜERO

Geógrafo, investigador y miembro de la Tertulia Amigos del 25 de Julio



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