Vida y obra de Matías de Gálvez (1717-1784)

Jun 11, 2016   //   by Miguel A. Noriega Agüero   //   Blog  //  Comentarios desactivados en Vida y obra de Matías de Gálvez (1717-1784)

 

 



Vida y obra de Matías de Gálvez (1717-1784)

De agricultor en el Realejo, aduanero en el Puerto de La Cruz y castellano de Paso Alto a Capitán General de Guatemala y Virrey de Nueva España

Artículo aparecido en el suplemento "La Prensa" del 
periódico El Día del sábado 11 de junio de 2016

A mediados del XVIII llegó a Tenerife con 40 años como administrador de una hacienda norteña y acabó su vida, tres décadas más tarde, siendo virrey de Nueva España. Falleció en México en la plenitud de su carrera política y militar, cediendo el testigo del virreinato a su hijo y con un hermano como Ministro de Indias, otro embajador en Rusia y el otro ocupando el cargo de Comandante General. Hoy, una pequeña plaza frente al Ayuntamiento de Macharaviaya, un pueblecito de La Axarquía malagueña, homenajea y recuerda la vida y obra del que fuera uno de sus vecinos, Matías de Gálvez y Gallardo, el mayor de los miembros de la saga más influyente y prolífica de finales del dieciochesco en nuestro país.

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Firma de Matías de Gálvez en unos de los Documentos de Milicias

El 24 de julio de 1717, en Macharaviaya, nace Matías, el mayor de los cinco hijos de Antonio de Gálvez y García y Ana de Madrid Gallardo y Cabrera Jurado, casados desde el verano anterior en esa localidad malagueña. Cinco días más tarde es bautizado y durante los siguientes once años de su vida ve nacer a sus hermanos (todos varones) mientras su infancia se rodea de pastoreo y otras labores agrarias, y asiste a la escuela en el vecino pueblo de Benaque, pues Macharaviaya no  contaría con una propia hasta 1783. Así, llega al mundo en los primeros días de 1720 José, cuatro años después el malogrado Antonio, que fallecería siendo bebé, en 1725 Andrés Luis, quien sería después conocido como Miguel, y por último el menor de la prole, Antonio Miguel en 1728.

Avanzan los primeros años de su vida hasta que tres décadas más tarde se llevarían a efecto los planes de formar una familia. De esta manera, el 20 de octubre de 1745 se casa con una su prima segunda María Josefa de Madrid Gallardo y Ortega, nacida en 1724, con quien tendría dos hijos. El mayor, Bernardo, quien llega al mundo el 23 de julio de 1746 y del que hablaremos, por buenas razones, en párrafos siguientes. El otro descendiente, de nombre José, nace dos años más tarde, y en el parto o bien días después falleció su mujer como consecuencia del mismo, con tan solo 26 años. El pequeño José viviría muy pocos años, pues falleció, en Madrid en 1756. Matías enviuda y ve enterrar al más pequeño de sus hijos en una década, la de los 50 del siglo XVIII, que cambiará completamente su vida, y no solo por estos dos decesos. Y es que el 24 de agosto de 1750, se casa en segundas nupcias con otra pariente suya: Ana de Zayas y Fernández de Córdoba (1), en la Villa de Iznate, un pueblo situado a escasos kilómetros al este de Macharaviaya. Según relata Matías, en su testamento de Tenerife de 1775, de este segundo matrimonio tuvieron tres niños que fallecieron muy pequeños. Por ello no llegará a tener nueva descendencia, lo que supondrá, que Bernardo será su único hijo.

Y de esta manera, Matías, su esposa Ana y el jovencito Bernardo, de tan solo once años, llegan a Canarias en 1757. El cabeza de familia vino con un empleo bien posicionado en Tenerife, isla con la cual desde este momento permanecerá unido durante las siguientes décadas de su vida, como veremos a continuación. De este modo, sus primeros años se desarrollan en el norte, primero como administrador de la Hacienda de la Gorvorana, una de las mayores de la isla, situada en el Realejo, de la que eran dueños los marqueses de Guadalcazar. Un par de años después se hizo cargo de la Real Aduana del Puerto de La Orotava (actual Puerto de la Cruz), por donde pasaban todas las mercancías de la isla, después de la destrucción del puerto de Garachico por la erupción de 1706, comenzando en ese momento una estrecha relación con esta villa y sus habitantes que se prolongará durante la siguiente década y media. Y es que en 1767 le nombran Personero (2) de la Junta Local del Puerto de La Orotava, siendo Alcalde de la villa Cayetano Domingo Monteverde. Un año después es nombrado Alcalde de Agua de esta villa y ocupando esa responsabilidad llega a tener un conflicto con los frailes del convento franciscano (3). Meses más tarde pasa a ocupar empleos militares, siendo Capitán del Regimiento de Garachico, en 1771, y Capitán de la Compañía de Artillería del Puerto de la Cruz, en 1774.

Como vemos, sus años en el Valle de La Orotava le fueron muy productivos. Eso le permitió establecer fuertes lazos afectivos con distinguidas familias y personalidades del norte tinerfeño. Por ejemplo con los Cologan, creando estrechas relaciones con Juan Cologan Blanco y su hijo Tomás Cologan Valois (4). Igualmente fue amigo del ilustrado Juan Antonio de Urtusáustegui, así como del inventor Agustín de Betancourt y Molina, de quien Gálvez sería su mentor. Y es que, Matías rápidamente se percata del talento y sabiduría del ingeniero portuense, recomendándolo a su hermano José, quien ocupaba importantes puestos de gobierno en la corte. Fue este hecho el que hiciera que un joven Agustín viajara a Madrid, no regresando nunca más a Tenerife, y comenzando así una notable carrera científica e ingenieril. (5) De la impronta que Matías dejó en la villa surgieron estas palabras del cronista Álvarez Rixo cuando dice: Hemos tenido ocasión de nombrar en estos Anales al Administrador de esta Real Aduana don Mathías Gálvez y Gallardo. Este señor se ausentó ahora para la Península, de donde era natural, y con el tiempo llegó a servir grandes cargos de la monarquía, según queda ya indicado, siendo lástima que en Tenerife no se hubiesen sabido aprovechar del buen afecto que conservó a la Isla, principalmente a este Puerto de la Cruz donde tantos años vivió en pública estimación. (6)

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Casa de la Real Aduana del Puerto de la Cruz

Y es que Matías y su familia se encontraban perfectamente integrados en la vida tinerfeña. Se ganó el respeto de los isleños, más aún gracias a los aportes vinícolas y artesanales que este hace desde su tierra. El que fuera Regidor Perpetuo de Tenerife, Síndico Personero General de la Isla y Director de la RSEAPT, Lope Antonio de la Guerra y Peña da fe de estos hechos: Era persona que estaba bien querida en la Isla, y que despues de su venida á ella se comenzó á su imitación á plantar las parras de barra, lo que antes se hacia con mucho trabajo y costo, el primero Lagar que se fabricó de Piedra fue por su direccion en dicha Hazienda de la Gorvalana, y en esta ocasion ha traido sarmientos de buena calidad de ubas paraque se produzcan en estas Islas, y Tambien un Telar de Medias, que es el 1º que entra en ellas. (7)

Además, durante su estancia en el entonces Puerto de La Orotava, Matías lleva a cabo diversos proyectos que acentuaron aún más su relación con esta villa costera. A iniciativa suya se levanta una muralla desde la calle Santo Domingo hasta la Batería San Telmo (que estaba situada donde actualmente se encuentra la ermita homónima). Además, frente a la playa de Martianez manda levantar (pagada con recursos del propio Matías) la Batería de San Carlos (8), dedicada en honor del entonces rey Carlos III, a quien su hermano José servía en la corte. Esta fortificación, que entra en servicio en 1770, y gran parte de su guarnición, desaparecería a consecuencia de la terrible tormenta de noviembre de 1826, debido a la crecida del caudal del barranco de Martianez, cercano a ella.

El 26 de marzo de 1775 Matías regresó a la península con su mujer, debido al imprevisto fallecimiento de su cuñada, volviendo a Canarias a final de año con un nuevo cargo: Gobernador del Castillo de Paso Alto, una de las tres principales fortalezas con que contaba la plaza de Santa Cruz de Tenerife. Este nombramiento le hace trasladar por tanto su residencia, hasta ese momento establecida en el norte de la isla. Así, el 11 de diciembre regresa, procedente de Málaga y acompañado de su mujer y dos sobrinos, con el nombramiento del Rey como castellano de esa fortificación en mano.

Su antecesor en el puesto fue Blas Hernández, quien llegó a la isla, nombrado oficialmente para ese cargo, el 14 de mayo de 1769 (tras la muerte del anterior castellano, el Coronel Juan Bautista de Franchy, el 6 de julio de 1767) y que falleció el 24 de octubre de 1774, por enfermedad, pero según se llegó a decir, quizás por envenenamiento. Y es que con la muerte de Hernández se sucedieron una serie de disputas entre los posibles “nombrables” a Gobernador, hasta que finalmente fue designado Matías para ese puesto, todo sea dicho, gracias a la protección de sus hermanos Miguel y, sobre todo, José. Tras el fallecimiento del citado Blás Hernández, ocupó el cargo de manera interina el Capitán Bernardo de la Hanty y MacCarthy (9), desde el 27 de octubre de 1774 y hasta el nombramiento de Gálvez.

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Estado actual del castillo de Paso Alto, desde La Altura

Tuvo que hacerse cargo del castillo apenas un año después de los destrozos causados en él durante la tormenta que asoló la isla la noche del 18 al 19 de diciembre de 1774. Esto supuso la reconstrucción de la fortaleza que se realizaría precisamente bajo el mando de Gálvez (10). Y es que esta fortificación era pieza clave en la defensa de la villa y que junto con el resto de baterías y castillos repartidos por su litoral, hicieron que Santa Cruz fuera considerada la plaza fuerte más importante del archipiélago durante el XVIII y buena parte del XIX. Cabe recordar la importancia del castillo de Paso Alto, el cual  jugó un papel fundamental en la defensa de la isla ante los ataques ingleses de Blake en 1657 (11) y Jennings en 1706 (12), además de, por supuesto, el de Nelsón en el verano de 1797.

Y apenas unos meses más tarde de obtener el cargo de castellano de esta fortaleza es nombrado Teniente de Rey y Subinspector de Milicias de la Comandancia General de Canarias. El Rey suprimió el empleo de Inspector General de las Milicias de Canarias, ejercido hasta ese momento por el Coronel Nicolás de Macia Dávalos, uniéndolo al de Comandante General, y por debajo de este el de Teniente de Rey, con carácter de Subinspector. De esta manera Matías tiene el honor de ser el primero en ese puesto gracias a la Real Orden de 19 de agosto de 1776, mediante la cual se le dota, además, de un sueldo de 50 escudos al mes, y doble de gratificación en cada uno de los que emplee en revistar los cuerpos provinciales. Unos días más tarde, por Real Orden de 25 de agosto se resuelve que continúe desempeñando el gobierno de Paso Alto, sin embargo de los nuevos empleos que obtuviera y que se le asistiera con su dotación. Y así, el 19 de noviembre llega a Santa Cruz dicho título, junto con el de Subinspector de Milicias. Pasados dos días se produce la toma de posesión como segundo Comandante de las Islas Canarias, es decir la Tenencia del Rey, presidiendo el acto Eugenio Fernández de Alvarado, marqués de Tabalosos, por ser el Comandante General del archipiélago y como testigo, en calidad de jefe de alta graduación, Andrés Amat de Tortosa (13). Los siguientes en ocupar ese puesto en lo que restaba del XVIII y primeros años del XIX fueron Manuel Juan de Salcedo (14) y Carlos O’Donnell y Anhetán.

La carrera militar de Gálvez, como vemos, no dejaba de progresar, ocupando a partir de este momento uno de los puestos principales de la gobernanza del archipiélago. Este cargo y algunas de sus decisiones, como la supervisión de las obras hidráulicas (mediante la construcción de conducciones de piedra y argamasa) que se llevan a cabo en Santa Cruz, le hacen ganarse el cariño de los chicharreros, como bien dejaría por escrito Viera y Clavijo años más tarde: (…) No obstante la corte acaba de conferir la tenencia de rey de nuestras Canarias al teniente coronel don Matías Gálvez, gobernador del Castillo de Paso Alto, caballero amante y vecino benemérito de las islas, (…) (15).

Durante este periodo de residencia en Santa Cruz, Gálvez quizás tuviera su domicilio frente a la actual Plaza del Príncipe, en la esquina de la confluencia de las hoy conocidas como calles Valentín Sanz y Suárez Guerra. Esta afirmación no puede hacerse de manera categórica y se desprende gracias al plano de la villa que realiza Chevalier Isle, fechado en 1780 (16). En él se sitúa la vivienda del Teniente de Rey en ese lugar y como este marino francés llegó a la isla unos meses antes y utiliza otros planos anteriores como apoyo, de ahí la hipótesis de que ese fuera el hogar de Matías.

Al año siguiente, plenamente integrado en la vida política, social y militar de la isla, es aceptado como socio de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife. Si bien había mostrado su deseo de formar parte de esta entidad incluso antes de su fundación, no figurará entre sus miembros hasta el 17 de mayo de 1777, tres meses después de la creación de la misma (17). Esa misma primavera es nombrado Coronel de Infantería. Su nombramiento se produjo el 25 de marzo (18) y al mes siguiente, el 29 de abril, llegó a Santa Cruz la patente de concesión del este grado (19).

Pero la vida de este malagueño cambiaría apenas unos meses más tarde. La Real Orden del 15 de agosto de 1777 le encarga la formación del nuevo Batallón del Regimiento Fixo de Luisiana. Esto supone la recluta de cientos de hombres que junto a sus familiares han de embarcar a Norteamérica, habiendo de ser ocupados esos puestos única y exclusivamente por canarios. El hecho de que Matías ocupara un puesto de alta responsabilidad en las islas y que, además, su hijo fuera en ese preciso momento Gobernador en Luisiana, hizo de él la persona ideal para tal misión. Ante este llamamiento, el Cabildo se alertó ante una posible despoblación, sobre todo de isleños “productivos, honrados y decentes”. Así se trató de retener a estos en las islas y que el reclutamiento se completara con personas “ociosas“ y mendigos”. Pero el Rey cuidó mucho de que eso no sucediera: Que los que en adelante se envíen sean bien alojados y asistidos durante el viaje y de la buena calidad que se requiere para la agricultura y defensa del país y no como las que llevó en el año de 1737 a la misma isla Española, compuestas de muy pocos hombres labradores y la mayor parte de gente vagabunda y delincuentes y de mujeres viciosas y solteras sin formalidad de familias. (20)

El propio Matías se ocupó en un primer momento del reclutamiento, elaborando una serie de instrucciones para dicha tarea. Se buscaron varones de edades comprendidas entre los 17 y los 36 años, que fueran robustos, sin vicios indecentes, que no fueran mulatos o gitanos, por supuesto sin penas de la justicia y con familia formada o en edad de hacerlo, El objetivo no solo era la formación del batallón, sino también el poblamiento de una extensa región necesitada de españoles dispuestos a tomarla como suya. El propio Gálvez llega a establecer que: De todas las islas se cogerá mucha gente y más si se reciben casados pobres que viven aquí infelizmente. Saben que la provincia de la Luisiana es fértil y despoblada y a este fin se irán muchos en familia. (21)

Hubo, finalmente, buena respuesta por parte de los canarios, la gran mayoría agricultores, debido a diversas crisis del comercio del vino y cosechas penosas acaecidas durante esos años. Meses después de iniciada la encomienda a Matías, la cual sería finalizada tras la partida de este a América, que veremos a continuación, por Andrés Amat de Tortosa, Capitán e Ingeniero Comandante de Canarias, se completa la formación del batallón que estaría constituida por unos 700 soldados y, unidos a estos, unos 1600 familiares, superando pues la cifra de los 2300 canarios que parten a la Luisiana (22). De tal manera que durante los años 1778 y 1779 partieron de las islas con destino a Luisiana (Nueva Orleans) seis naves, de nombres: “Santísimo Sacramento”, “La Victoria”, “San Ignacio de Loyola”, “San Juan de Nepomuceno”, “Santa Faz” y “Sagrado Corazón de Jesús”. Este último tuvo que arribar a La Habana debido a la guerra que España mantenía con Inglaterra. Este conflicto bélico dificultó la salida del último de los lotes de reclutas y familiares, que marcharían posteriormente de Canarias en tres bergantines: “San Carlos”, “San Pedro” y “Nuestra Señora de los Dolores”. Años más tarde, durante la década de los ochenta, zarparían nuevos canarios a Luisiana, completando la llegada de isleños a Norteamérica, en mayo de 1784 con la nave “San José”. (23)

Una vez echado a andar el proyecto de reclutamiento, es nombrado Segundo Comandante General e Inspector de las Tropas y Milicias del Reino de Guatemala, a través de la Real Orden de 21 de enero de 1778. Mucho tuvo que ver, de nuevo, en este nombramiento su hermano José, en ese momento Secretario de Estado del Despacho de Indias. Quizás, visto con los ojos del siglo XXI en el que vivimos, nos asombre esa práctica sin ocultación de un intencionado nepotismo, gracias al cual, José, que como vemos poseyó buenos e influyentes cargos, se encargó de conseguir que sus hermanos y su sobrino Bernardo tuvieran estudios y, sobre todo, relevantes empleos y puestos militares y políticos. Lo que sí quedó claro es que tanto Matías como su hijo desempeñaron con responsabilidad todos los cargos que ocuparon. El historiador mexicano Lucas Alamán llegaría a decir: El ministro Gálvez en el tiempo de su poder, quiso colocar en puestos distinguidos a todos sus parientes, y estos (Matías y Bernardo) por su capacidad y servicios, hicieron ver que no eran indignos de esta predilección. (24)

Y de esta manera, el 20 de abril siguiente llega a Tenerife una embarcación de Cádiz rumbo a Centroamérica, a donde marcha acompañado de su mujer, una sobrina y otros familiares. Viaja con él, además, el oficial de milicias lagunero Manuel de Bustamante. Dos meses antes se celebraron unos extraordinarios festejos carnavalescos en su vivienda el día de su onomástica, 24 de febrero. Quizás, sabiendo ya de su próxima partida rumbo a América fue una fiesta de despedida de la vida social santacrucera.

De entre las primeras tareas a poner en práctica al otro lado del océano, Gálvez tuvo por encomienda la fundación de la nueva ciudad de Guatemala, hundida la antigua debido a los “terremotos de Santa Marta” acaecidos durante el segundo semestre de 1773 y que obligaron al traslado de la capital al valle de la Ermita. Hizo una profunda reforma en el ejército disponible y creó nuevas guarniciones en diversas localidades de la zona: Chiquimula, Santa Ana, Tegucigalpa, Comayagua, Cartago, etc, muy necesarias tras el seísmo (25). Y, como ya ocurriera en el caso de Luisiana visto en líneas anteriores, participó en la traída de españoles a Centroamérica (que debía de ser “gente pobre y necesitada de España”, según Matías), principalmente destinados al poblamiento de la costa atlántica de Nicaragua. De tal forma que, gracias a sus tareas se llegan a trasladar entre los años 1787 y 1788: 681 asturianos, 310 gallegos y 299 canarios (con la distribución siguiente, según islas: 155 de Gran Canaria, 93 tinerfeños, 29 de Fuerteventura, 8 de Lanzarote, 7 palmeros y otros 7 de La Gomera). (26)

Mientras tanto su carrera militar seguía creciendo y así, a comienzos de 1779, es nombrado Capitán General de Guatemala y Presidente de su Real Audiencia (que en ese momento comprendía los actuales territorios de Honduras, Nicaragua, Costa Rica, El Salvador, Guatemala y la provincia mexicana de Chiapas) (27). Llegaba a ese puesto en sustitución del barcelonés Martín de Mayorga y Ferrer, y nada más tomar posesión del mismo comienza una serie de logros que aumentan y encumbran su hoja de servicios, gracias a varias victorias frente a los ingleses, con quienes España acababa de entrar en guerra. De tal forma, ese mismo año logra reconquistar el castillo de San Fernando de Omoa (Honduras) que había sido tomado por los británicos. Gracias a ello, meses más tarde, el 27 de abril de 1780, es nombrado Brigadier de Infantería, y en julio del siguiente año es ascendido a Mariscal de Campo en virtud de la reconquista que efectúa del fuerte de la Inmaculada Concepción, junto al río San Juan, Nicaragua, en enero de 1781. Esta fortaleza había sido tomada por los ingleses, participando en este ataque el entonces Capitán Horatio Nelson, jefe de operaciones navales. Pero el célebre marino, que, como es sabido, años más tarde sería derrotado en Tenerife, cae enfermo de disentería el día antes de la rendición española que gobernaba el castillo, sucedida el 29 de abril de 1780. Nelson pasó a ser nombrado Comandante de la Fragata “Janus” y fue ordenado su regreso a Jamaica. Allí su salud siguió empeorando y, casi a punto de morir, el 4 de septiembre de 1780 pone rumbo a Inglaterra a bordo del “Lion”, donde estaría más de un año de baja (28). Tanto Nelson como el resto de sus compatriotas no efectuaron el necesario periodo de aclimatación, que sí tenían por costumbre los españoles, llegando a fallecer 1500 ingleses única y exclusivamente por enfermedad.

La defensa del lago Nicaragua y la recuperación del fuerte de la Inmaculada a principios de 1781 fueron otras de las hazañas más importantes de la guerra contra Inglaterra, donde los ingleses perdieron cerca de 3.000 hombres, gracias al valor, la iniciativa y las argucias de Matías de Gálvez que consiguieron victorias épicas y superaron dificultades que otros, en distintos momentos, suponían imposibles. Precisamente por este lago tuvo la intención de construir un canal que uniera el Caribe con el Pacífico. Así, realizó encargo al ingeniero Manuel Galisteo de la nivelación del lago de Nicaragua con el Océano Pacífico, pero este emitió informe desfavorable, debido a diferencias altitudinales entre las costas y el lago. Paradójicamente, este canal se encuentra actualmente en construcción, desde diciembre de 2014, y prevé estar en funcionamiento en 2019.

Pero las victorias de Gálvez no acaban en Nicaragua. En marzo de 1782, conquista la Isla Roatán (29). ¡Se había logrado liberar el golfo de Honduras! Este último mérito le supone su ascenso a Teniente General de los Reales Ejércitos: En premio de la infatigable actividad, valor y acierto con que el mariscal de Campo D. Matías de Gálvez ha dispuesto y concluido rápidamente las importantes y felices operaciones de su campaña, se ha designado el Rey manifestar gratitud y ascenderle á Teniente General de sus reales Exércitos. (30) Tal fue el legado de Matías en Centroamérica que el hoy Puerto de Santo Tomás de Castilla en Guatemala, antes tenía por nombre “Matías de Gálvez”.

Un año más tarde, Matías de Gálvez alcanzará la cima de su carrera político-militar. Su rosario de victorias encadenadas en el Caribe y Centroamérica le valen su nombramiento como Virrey de Nueva España. Abandona Guatemala el 10 de marzo, siendo sucedido por el brigadier José de Estachería como Capitán General, y toma posesión del virreinato el 29 de abril de ese mismo año en sustitución de Martín de Mayorga. Mantendría este importante cargo del 28 de abril de 1783 a 20 de octubre de 1784.

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“Virrey don Matías de Gálvez”, Ramón Torres (1783)

Debido a su mal estado de salud, fue realizado en coche su ingreso en la ciudad de México, el 8 de febrero de 1784. En la Plaza de Santo Domingo le esperaba un hermoso arco triunfal de dos niveles, de estilo corintio uno y el otro, el superior, con tres vanos y coronado por el escudo heráldico de los Gálvez, dedicándoselo pues no solo a Matías sino también a sus parientes, sobre todo su hermano José. Esta construcción alegórica ofrecía representaciones pictóricas con escenas de la toma de Roatán y Omoa, la defensa de Nicaragua, el empedrado de la ciudad de México, etc (31).

Matías sería pues el 48º Virrey de Nueva España, siendo considerado tras su muerte como un gobernante justo y generoso. Así, entre las acciones más destacadas llevadas a cabo durante su mandato cabe citar: crea la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos (por Real Cédula de 25 de diciembre de 1783), envió gran cantidad de publicaciones y documentos a España bajo el objetivo de que se conociera mejor la historia de la Nueva España, llevó a cabo obras de empedrado de varias calles de la Ciudad de México, dividió la capital en cuarteles creando la figura de los “Alcaldes de Barrio”, aprobó la entrada en vigor del derecho llamado de cuartilla sobre abasto de carnes para las obras del desagüe, inició las obras de construcción del Castillo de Chapultepec, que llegaría a finalizar tras su muerte su hijo Bernardo, y ordenó que todos los vecinos de la Ciudad de México, sin distinción de clase o fuero, pusieran un farol en sus casas (32).

De entre sus muchas normas instauradas durante su año y medio de virreinato cabe citar la que se firmó el 3 de junio de 1784. Se trata del conocido popularmente como “Bando de gañanes” o “Ley de trabajo de Matías de Gálvez”. Se trataba de una serie de disposiciones que velaban por las mejoras en las condiciones de vida y trabajo de los indios del virreinato, comenzando con la introducción siguiente: La conservación y cuidado de los miserables indios, dignos siempre de protección de los señores Reyes Católicos, ha sido uno de los principales puntos a que he aplicado mis desvelos y primera atención desde que me posesioné del mando del Reino. Ellos deben ser privilegiados y mirados con consideración por las Leyes, Reales Cédulas y Órdenes y por otros muchos justos motivos que les asisten y califican acreedores de toda protección y favor; pero, a pesar de esto, se ven en distintas Provincias de este Virreinato sufriendo así en uno como en otro sexo casi mísera esclavitud, crueles castigos, excesivas fatigas, y convenciones injustas con ofensa de sus derechos, transgresión de las Leyes, y usurpación de la pública Potestad. Deseando yo proveer de remedio a tantos males, mantener a los infelices Indios su libertad, redimirlos de vejaciones, y reglar sus trabajos, igualmente que cooperar al fomento de la Agricultura en que estriba la subsistencia de todo el público, y tiene recíproca dependencia con la conservación de los Naturales, evitar en éstos la desidia que les inspira su falta de educación y el pernicioso ejemplo de sus padres, contenerlos en el justo yugo de la subordinación que deben guardar, y facilitarles suaves estímulos a la constante aplicación: He resuelto a pedimento del señor Fiscal Don Ramón de Posada, y con voto consultivo de esta Real Audiencia de 23 de diciembre del año próximo pasado de 1783, se observen en los territorios de mi mando las providencias y reglas siguientes (…). De entre las diecinueve medidas adoptadas en esta ley, destacaremos la número VII que dice: Los Indios Gañanes y demás son libres como los más puros pleveyos españoles, y es en arbitrio y voluntad suya permanecer ó nó en las Haciendas en que se hallen de sirvientes, irse á otras ó á los Pueblos, aunque deban qualesquiera cantidades y provengan de los suplementos ó préstamos mas privilegiados. (33)

Con muy mala salud y sin visos de mejora,  el 20 de octubre de 1784 se ve obligado a hacer entrega de su cargo a la Real Audiencia y unos días después, fallece a las nueve menos cuarto de la noche del 3 de noviembre. Le sucedería como virrey su hijo (34), Bernardo, quien no pudo estar junto a su padre en los últimos días de su vida, al hallarse en Puerto Rico, durante un viaje de regreso desde España, y metido de lleno en los preparativos de su toma posesión como Gobernador y Capitán General de Cuba. En Ciudad de México vivió los últimos años de su prolífica existencia y allí fue enterrado, en la Iglesia de San Fernando junto al altar mayor. En ese mismo templo fue sepultado dos años más tarde el cuerpo de su hijo Bernardo de Gálvez, héroe de Pensacola, ex Gobernador de Luisiana, primer Conde de Gálvez (35), Vizconde de Galvestón, Ciudadano Honorífico de los EE.UU. y, como ya hemos visto, 49º Virrey de Nueva España, tras su padre Matías.

Nunca un padre y un hijo habían alcanzado tan altas cotas de poder y gobierno pues compartieron el cargo de Teniente General de los Reales Ejércitos, además del virreinato. Desde aquellos finales años del XVIII hasta hoy, comparten templo en su sepultura, además de un honorable lugar en la historia, esa que solo reserva puestos de cabeza a los más notables e ilustres de cada época. Matías de Gálvez, quizás menos conocido y ensalzado que su hijo, merece, al menos, iguales reconocimientos que los de Bernardo. Sirvan todas estas líneas para que la vida y la obra de este malagueño de origen, americano de adopción y canario de sentimiento sean valoradas y apreciadas.


  1. Ana de Zayas tuvo una hermana, Dorotea, que se casó con José Fernández de Córdova y Ortega, ambos malagueños. Un hijo de estos, Francisco, llegó a ser Secretario de Cámara del Virreinato de Nueva España, Superintendente de la Casa de Moneda y Presidente de la Real Academia de San Carlos de México. (Rodríguez García, Vicente: “El fiscal de Real Hacienda en Nueva España: Don Ramón de Posada y Soto”)
  2. También llamado “Síndico Personero del Común” cargo remozado del oficio de “Procurador Síndico” en el Antiguo Régimen por la reforma de Carlos III en 1766. Se realizaba por el voto activo de todos los vecinos y contribuyentes dividido en parroquias. Era anual y servía como defensor de los intereses de la comunidad ante instancias administrativas superiores
  3. Álvarez Rixo, J. A.: “Anales del Puerto de la Cruz de La Orotava. 1701-1872”
  4. Se conservan aún hoy en día en el archivo familiar de los Cologan numerosas cartas entre Matías y Juan. Les recomiendo desde aquí la obra de Carlos Cólogan Soriano: “Un corsario al servicio de Benjamin Franklin”.
  5. Martín Medina, Amílcar: “Agustín de Betancourt y Molina”, Dykinson y Oficina de Ciencia, Tecnología e Innovación del Gobierno de Canarias, 2006
  6. “Álvarez Rixo, José A.: “Anales del Puerto de la Cruz de La Orotava. 1701-1872”, Referencia del año 1774.
  7. de la Guerra y Peña, Lope Antonio: “Memorias: Tenerife en la segunda mitad del siglo XVIII” (cuaderno II)
  8. Barroso Hernández, Nicolás: “El Puerto de la Cruz y la actividad portuaria. Su incidencia en la organización espacial de la ciudad”, Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias, 2000
  9. Nacido en Santa Cruz de Tenerife el 2 de octubre de 1744 y fallecido el 27 de agosto de 1780, llegó a ser Ministro Cualificado de la Inquisición y castellano del Castillo de San Juan, además, como ya se ha dicho, de Gobernador de Paso Alt
  10. Plano: “El castillo del Santo Cristo de Paso Alto, después de la reconstrucción de 1776” (Archivo de Simancas)
  11. “Pasaron de 5.000 las balas que dispararon contra los castillos y baluartes. Solamente en el de Paso Alto se hallaron y recontaron después de la acción 1.200 balas y 200 palajiquetas, que son prueba la más evidente del tesón con que se quiso reducir al silencio las defensas del puerto”. (Rumeu de Armas, Antonio: “Piraterías y Ataques Navales contra las Islas Canarias”, tomo III, 2ª parte)
  12. “En medio del tronar de los cañones, viéronse separarse de la escuadra de Jennings 37 lanchas llenas de soldados, que avanzaron hacia las playas de Santa Cruz en compacta formación, siendo detenidas a mitad del camino por el fuego cruzado del castillo de Paso Alto y el de San Cristóbal, ya que el de San Juan no alcanzaba con sus tiros al grueso de la escuadra”. (Rumeu de Armas, Antonio: “Piraterías y Ataques Navales contra las Islas Canarias”, tomo III, 2ª parte)
  13. Fraga González, Carmen: “Los ingenieros militares y su obra arquitectónica: Andrés Amat de Tortosa”, Cabildo Insular de Gran Canaria, 1992
  14. Precisamente Manuel Salcedo obtuvo el puesto de Sargento Mayor gracias a esa misma Real Orden que nombra Teniente de Rey a Gálvez. (Archivo de la Casa de Tabares. Documentos de Milicias. Papeles diversos. Tomo IV. (f303-304) (Archivo RSEAPT)
  15. Viera y Clavijo: “Noticias de la Historia General de las Islas  de Canarias” (página 480, tomo 3, libro decimoquinto).
  16. “Plan de la ville de Ste. Croix de Thénérife et ses fortificacions”, par le Chevalier Isla, année 1780.
  17. Boletín de la RSEAPT nº21, Año I, 21 de mayo de 1899 (Archivo RSEAPT)
  18. Gazeta de Madrid del 25 de marzo de 1777, página 110
  19. Guerra y Peña, Lope Antonio de la: “Memorias: Tenerife en la segunda mitad del siglo XVIII” (cuaderno II)
  20. Molina Martínez, Miguel: “La participación canaria en la formación y reclutamiento del Batallón de Luisiana”, Cabildo Insular de Gran Canaria, 1980
  21. Matías de Gálvez a D. José de Gálvez. Santa Cruz, 27 de octubre de 1777. A.G I. Santo Domingo, 2.661.
  22. Molina Martínez, Miguel: “La participación canaria en la formación y reclutamiento del Batallón de Luisiana”, Cabildo Insular de Gran Canaria, 1980
  23. Samper, José Antonio y Hernández, Clara Eugenia: “La Luisiana”
  24. Lucas Alamán: “Prolegómenos de la Independencia mexicana” (capítulo dos, segunda parte)
  25. Gómez Carrillo, Agustín: “Estudio Histórico de la América Central”, Madrid, 1886.
  26. Sánchez Suárez, J.A. y Santana Pérez, J.M.: “Repoblación de Costa de Mosquitos en el último cuarto del siglo XVIII”
  27. “En atención al mérito, y servicios del Coronel D. Mathías de Galvez Inspector de Tropas veteranas, y de Milicias de el Reyno de Guatemala se ha servido el rey conferirle el Gobierno, Capitanía General y Presidencia de la Audiencia del expresado Reyno. Madrid, 8 de enero de 1779”. (Gazeta de Madrid, de 8 de enero de 1779, página 24)
  28. Zeledón Blandón, Sergio A.: “Rafaela de Herrera Udiarte y la manipulación de un mito”
  29. Relato de la toma de Roatán realizado por el propio Matías de Gálvez en Gaceta de Madrid núm. 49, de 18 de junio de 1782, páginas 490 a 492
  30. Suplemento a la Gazeta de Madrid del viernes 5 de Julio de 1782, página 559.
  31. Chiva Beltrán, Juan: “El triunfo del virrey. Glorias novohispanas: origen, apogeo y ocaso de la entrada virreinal” y Velázquez Cárdenas y León, Joaquín: “La estirpe vespasiana: idea alegórica de las pinturas y aparatos festivos del arco triunfal que para la entrada pública y solemne del Excmo. Señor don Matías de Gálvez erigió la nobilisima imperial ciudad de México el día 8 Febrero de 1784”)
  32. Publicado en Bando del 6 de noviembre de 1783.
  33. Herbert J. Nicke: “El peonaje en las haciendas mexicanas: interpretaciones, fuentes, hallazgos”
  34. Tomó posesión del cargo de Virrey el 17 de junio de 1785.
  35. Concedido por Carlos III, mediante Real Cédula de 28 de mayo de 1783, en virtud de sus méritos en la batalla de Pensacola (marzo-mayo de 1781)


Miguel Ángel NORIEGA AGÜERO

Miembro de la Tertulia Amigos del 25 de Julio


Agradecimientos: José Alberto Ruiz de Oña, Daniel García Pulido, Luis Cola Benítez y Cristina Ginovés.

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