El viejo camino a Igueste desde San Andrés

Dic 23, 2015   //   by Miguel A. Noriega Agüero   //   Anaga, Blog  //  Comentarios desactivados en El viejo camino a Igueste desde San Andrés

El macizo de Anaga se nos presenta a la vista como una agreste península situada en el noreste de la isla de Tenerife, dominada por un rosario de intercalados barrancos y crestas y limitada por verticales acantilados, pintorescas playas de arena negra y roquedos sinuosos. Con estas condiciones del relieve no es de extrañar las deficientes comunicaciones con el resto de la isla padecidas por la población local durante varios siglos. Igueste de San Andrés es uno de esos núcleos que ha sufrido la lejanía que suponen las restricciones y dificultades de esta majestuosa orografía, pese a estar cerca e incluso viendo desde él a la villa y puerto de Santa Cruz de Tenerife.

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Igueste de San Andrés y costa sur del macizo de Anaga
(al fondo Santa Cruz de Tenerife)

Esto ha supuesto que la comunicación con Santa Cruz se haya realizado principalmente durante varios siglos por vía marítima. Era, sin lugar a dudas, la manera más rápida y segura de ir y venir desde la villa chicharrera, pudiendo ya en la plaza establecer comunicación con otras zonas de la isla ya por caminos o carreteras. De este modo, personas y mercancías (plátanos, tomates, mangos, etc) partían desde Igueste en modestas naves a vela, remo y motor, según la época y el buque, claro está.

Fue clave para Igueste la mejora de la comunicación por mar que propició la construcción del embarcadero levantado por el Ministerio de Fomento a mediados de 1888 (comenzaron las obras en agosto del año anterior). Este pequeño muelle formaba parte de las infraestructuras necesarias para la instalación en la atalaya iguestera del Semáforo de la Armada, que entró en funcionamiento unos años más tarde, concretamente el 4 de diciembre de 1895. Así, se edificó este dique y desde él una nueva vereda que ascendía hasta el edificio militar, de un metro de anchura (en algunos tramos se llega a superar esta medida) y con canal de desagüe de aguas de escorrentía en el lateral interior del camino. Tan extraordinario era (y es) este sendero en comparación con el que llegaba desde San Andrés por la costa y otros de la zona que los vecinos de Igueste lo apodaron (y continúan llamando) “la carretera”.

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Restos del embarcadero ligado al Semáforo de Igueste

Pero existía de manera paralela una comunicación vía terrestre con el resto del macizo y La Laguna, a través de la cumbre, y con Santa Cruz, gracias a una estrecha, sinuosa y peligrosa vereda costera, literalmente colgada en el acantilado, y que llegaba a San Andrés para allí tomar el camino del litoral que conducía a la villa. Este sendero fue utilizado desde la conquista y supuso hasta el primer tercio del siglo XX la única manera de conexión terrestre de Igueste con su vecino San Andrés y, por ende, con Santa Cruz de Tenerife.

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Postal antigua con una imagen del camino a su paso por la Punta de Los Órganos
(Las Teresitas, San Andrés)

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Estado actual de esta misma zona de la Punta, 
aún con restos del sendero en la ladera

Tras atravesar la Punta de los Órganos, superaba a media altura la ladera que desciende a la playa de Las Gaviotas para, más adelante, atravesar el barranco de Valleseco, la Hoya del Agua, sobre la playa de la Fuente de la Cueva, y con ello llegar hasta el barranco del Balayo. Una vez ahí, superada la mitad del recorrido, continuaba sobre el acantilado, cruzaba el barranco de Tagarga y llegaba por fin, tras unos cinco kilómetros de itinerario, hasta Igueste.

Así nos relatan algunos de los muchos viajeros que se adentraron antaño en el macizo de Anaga, su paso por este escabroso sendero:

Dos años en las Canarias (Charles F. Barker)

El viajero y vendedor de biblias británico Charles F. Barker recaló en Canarias allá por el mes de septiembre de 1885, vía Tánger. Tras una estancia en Gran Canaria, visita también La Palma y Tenerife. En uno de sus viajes por estas tres islas vendiendo biblias en castellano y bilingües, se adentra en Anaga, partiendo de Santa Cruz, lo que le permite visitar varios núcleos, entre ellos Igueste, tras su paso por San Andrés. Así nos relata:

Después de comprar pan, seguimos adelante por el borde del mar y por unos agrestes acantilados cortados a pico, llegando al Valle de Igueste alrededor de las 5:30.

Revista “Artes y letras” (Pedro Maffiotte) 31 enero 1903

En esta revista, el cchicharrero Pedro Maffiotte llega hasta Igueste, con el objetivo de ascender a la atalaya y visitar el Semáforo y el “bujero del Robado”. Nos relata así su paso por el camino en cuestión:

Subidas, bajadas, pedruscos, tropezones, todo eso hay que pasar, faldeando unas tremendas montañas acantiladas para llegar a Igueste, donde no me detuve más que un momento para tomar un vaso de agua y vino en un ventucho y adelante siempre por la orilla del mar, sobre piedras resbaladizas y musgosas, hasta llegar a cien metros casi del tal Roquete …. alto! De aquí no se pasa, sino nadando o volando.

 La isla de Tenerife: su descripción general y geografía (Juan López Soler)

En 1906 sale a la luz la obra “Descripción de Tenerife”, sin duda la más destacada del militar ferrolano Juan López Soler. Tras ser destinado a la Capitanía General de Canarias en 1898, con empleo de capitán, permaneció en las islas un año y medio aproximadamente, dedicando especialmente sus labores a tareas topográficas. Esto le sirvió para recorrer multitud de caminos y carreteras visitando con ello el amplio número de núcleos y barrios que salpican Tenerife, isla en donde pasó la mayor parte de su estancia canaria. A Igueste llega desde el vecino barrio de San Andrés por un camino costero, relatado de la siguiente manera:

El camino que por la costa se dirige a Igueste, es sumamente accidentado, teniendo pasos muy difíciles; cruza el Barranquillo de Tras de la Arena, el de Las Yeguas, Barranquillo de Herradores, hasta llegar al de Igueste en donde se encuentra el caserío del mismo nombre, pasando por la parte baja de Los Órganos, abruptas rocas que cortadas a pico se encuentran a la izquierda del camino.

Las islas Canarias: descripción de Tenerife (Louis Proust y Joseph Pitard)

Louis Proust y Joseph Pitard fueron dos viajeros e intelectuales franceses que visitaron el archipiélago en los años 1905 y 1906. Louis era botánico y docente, además de reputado investigador. Joseph estudió derecho y desempeñó varios cargos políticos en el país galo. Ambos caminaron varias jornadas por el macizo de Anaga y llegan a Igueste desde la cumbre, tras visitar el Faro, en lo alto de Roque Bermejo. Nos relatan su paso por este rincón de la isla de la siguiente manera:

Hay que echar cinco o seis horas de marcha a través de estos parajes, que desafían cualquier descripción, antes de llegar a Igueste, pequeño valle verde en cuyo fondo se agrupan algunas casitas de pescadores. Más allá de Igueste no dejamos de bordear el mar, tanto por una playa de arena negra que nos quema los pies como por unas elevadas cornisas, siempre atravesando hondonadas y barrancos, y no tardamos en bajar a San Andrés, desde donde una excelente carretera conduce rápidamente a Santa Cruz.

Viaje a las Islas Afortunadas: Cartas desde las Canarias en 1879 (Jules Leclercq)

El viajero belga Jules Leclercq realiza un recorrido por varias islas del archipiélago centrándose en Tenerife. De esta manera recorre el macizo de Anaga y en su relato entre el Faro de la Punta de Anaga y San Andrés nos cuenta:

(…) pasado Igueste, vamos siguiendo la orilla del mar, unas veces, por la playa; otras, por cornisas suspendidas en el aire, yendo de valle en valle y de barranco en barranco.

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Mapa en el que se encuentra representado el sendero entre San Andrés e Igueste,
que aparece en la obra: Wanderungen im canarischen Hoch und Tiefland  (1896)

Pero, al igual que a otras zonas de la isla, tarde o temprano la carretera y con ello los automóviles habrían de llegar hasta este apartado rincón de Anaga. Primero el necesario tramo Santa Cruz-San Andrés, que en 1886 llegaba hasta El Bufadero y unos años más tarde completaría recorrido en San Andrés (después se construiría la vía hasta Taganana, a donde llega en 1939).

Arranca el siglo XX y en 1911 se inician los trámites de construcción de un camino vecinal de San Andrés a Igueste. Así ese año se publica en el Boletín Oficial de la Provincia la declaración de utilidad pública de esa vía. Pero el proyecto no sale adelante. Un par de años más tarde, incluso desde Igueste se solicita que la carretera proyectada a Taganana cambie su recorrido. Así, se insta a que esta vía llegue a Igueste, suba hasta la cumbre para después descender hasta Benijo, atravesar Almáciga y así llegar a su destino. Este proyecto, como todos sabemos no se llegaría a culminar. Finalmente en 1921 se aprueba un proyecto de carretera a Igueste con un presupuesto de 242.777 pesetas. Al año siguiente se inician las obras. Se abre, pues, una pista en los años 20, que sería asfaltada en los 40. Llegaba así, por fin, la carretera al núcleo iguestero y con ello la vieja vereda que partía desde San Andrés por Los Órganos y El Balayo comenzaría su fallecimiento y desaparición.

En la actualidad algunos tramos de elle resisten al paso de tiempo, los derrumbes, la vegetación y las lluvias. Desde la carretera pueden verse aún pequeñas secciones del camino, dándonos la idea de cual peligroso era el tránsito por él y lo colgado que iba a través de esta accidentada costa, plagada de acantilados y escarpes verticales. Veamos algunas imágenes actuales tomadas desde la carretera (TF-121) todas ellas repetidas al llevar representados con lineas de puntos los tramos que aún hoy se pueden encontrar, afinando la vista y con algo de intuición, claro está.

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